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"Vetas Apocalípticas del Feminismo"

22/02/2020 13:44 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Este trabajo es una reseña crítica de un libro que me parece audaz y escandaloso: Condimentos feministas a la Teología de la feminista brasileña Ivone Gebara, y a el opongo una visión más universal del problema del feminismo

                                                           “Vetas Apocalípticas del Feminismo”

Frei Betto, en su artículo “Bolsomito, ”que publicó en el Semanario “Orbe” de Prensa Latina, ( 8 Sep- 14 Sep 2019 ) nos informa que “hoy en Brasil 1/3 de la programación televisiva brasileña está a cargo de las Iglesias Pentecostales”; dato que nos da una idea del auge que ha alcanzado el Protestantismo en aquel país. La noticia no deja de ser preocupante, no solo por el fuerte componente panteísta que presenta esa religión, sino por la solución equivocada que da al problema mal comprendido de la liberación de la mujer. No hay nada más a propósito como esa confesión religiosa para que ciertos caracteres aviesos puedan desfogar “su rabia de haber nacido mujer”, y ansíen cambiar el orden del mundo; de modo que esa presencia excesiva del Protestantismo en la vida brasilera, explicaría también el extraordinario apogeo que ha cobrado en esa sociedad también el feminismo. Si yo transcribiera la escena de un culto luterano como el que yo presencié, mis lectores comprenderían enseguida la fuerte relación que existe entre esas dos entidades, pero no lo hago porque me alejaría mucho del objetivo de mi trabajo.

En uno de mis paseos por los pabellones de la Fortaleza de La Cabaña, donde tuvo lugar la 29ava. Edición de la Feria del Libro de La Habana 2020, me encontré con la publicación del libro “Condimentos Feministas a la Teología”, de la autora feminista brasileña Ivone Gebara. Fue publicado por la editorial cubana “Caminos” en 2019. Considero este libro por muchos conceptos altamente nocivo para la formación humanista del estudiantado universitario cubano, y mucho más para el lastimoso estado en que se halla nuestra integración social. En dicho libro la enjundiosa académica utiliza los más astutos artificios para deconstruir lo que ella llama “ideologías políticas y religiosas de dominación de los cuerpos” [ p. 41 ]

Con el señuelo del talento para simular que está poniendo en marcha una más idónea actitud mental para el tratamiento de las diferencias, a fin de que no se conviertan “en chivos expiatorios de nuestros propios males” [p.41], y armada de todas las posibles referencias eruditas para demostrar el sufrimiento de la mujer en la sociedad moderna patriarcal y judeocristiana, muy atendibles, desde luego; se desentiende, sin embargo, su erudición de los problemas que le crea a la sociedad la conciencia feminista.

No es una mujer simplista, la señora Gebara, al contrario, es una mujer profunda, muy avezada en descubrir engaños epistemológicos. Si se me pidiera elegir una idea central que represente la mayor parte del contenido de todo su libro, que condense a su vez todas las admoniciones que dirige a la Iglesia Católica y Romana, me decido por esta: “Ya no vivimos—dice—bajo la determinación de una naturaleza que nos tenía reservado un lugar social para siempre…Ya no se apela sólo a un orden pre-establecido” [p.42]

Su arenga contra los papeles femeninos pre-establecidos no ayuda a crecer con dignidad a la mujer, pues el rol de buena ama de casa, buena esposa, buena hermana, hija y compañera, muchas luchadoras políticas han demostrado que no está reñido con los valores humanistas de la teología cristiana, sobre todo aquellas que levantan la voz en nombre de un pueblo oprimido por dictaduras que han trastornado el lugar social de los hombres para arruinar la funcionalidad social de los mejores. Lo que propone el feminismo es una colaboración indirecta y solapada con esas dictaduras, proveyendo a la sociedad de un condicionamiento psicológico que pone al hombre a merced de la experiencia totémica; y ese es uno de los puntos fuertes que calza la Iglesia Católica para precaverse contra los avances de la propaganda feminista, pues ésta sabe que tras los parabienes de ese discurso se esconde el medro y la explotación de humildades infatuables que se inscriben en el sistema formal de sujeciones lógicas implícitas en la llamada conciencia paradigmática, cuya relación con los poderes fácticos tan bien supo explorar Roland Barthés. La Iglesia sabe, tan bien, o mejor que nosotros que con las teorías feministas no se puede delinear un proyecto comunitario armónico.

Es una labor ardua tener que hacer un balance de lo que se pierde socialmente con la acción feminista sobre la sociedad, ya que la caquexia libidinal del significado que practica inadvertidamente el feminismo, soborna la entereza humana y se disfraza fácilmente de amigo de las causas más justas del hombre ; pues con ese “inofensivo” déficit de su líbido, ataca el erotismo de toda actividad humana al construirle una sexualidad tan controversial para acentuar la marginalidad de los procesos políticos en América Latina, ayudando a extender todos los límites temporales de los marginales poderosos. Ellas ayudan como dice Carlos Esquivel “a construir cuerpos de representación bio-política.” [“La Sexualidad Vigilada” pag. 9 Colección Diálogo. Editorial Oriente, 2018 ] Ese es un librito psicodélico muy interesante porque toca todas las aristas posibles de ese tema de las relaciones entre la política y el sexo; por eso, al leerlo, experimento una evidente continuación de mis pensamientos sobre ese tema. Dice Esquivel: “la política ignora el intercambio de fluctuaciones ordenadas, o condicionadas, desde los grupos sediciosos de la sexualidad, aquellos que ponen en duda las estructuras convencionales de estas relaciones (feministas, homosexuales)” [C. Esquivel: Ob.Cit. p 10] No le faltó añadir nada sobre esto, porque cualquier intento de explicación dejaría mal parado el interés de la sociedad por sus enfermos mentales, es decir, por el respeto a los sanos.

Más adelante este ensayista afina aún más su puntería ideológica y nos dice: “¿Y el sexo no es la verdadera deducción de nuestras culpas políticas.? [C.E: Ob.Cit. p 27]Comparto también la penetrante percepción de Esquivel cuando dice que el hombre se siente “acorralado a consecuencia de la sangrante relación con el cuerpo femenino. Cuando digo cuerpo femenino—escribe—me refiero exclusivamente a todo aquello que sirva para denominarse como tal”[Ob.Cit. p 47] Muy valiente de su parte reconocer que el sufrimiento no se refiere sólo a la relación con eso que Baudrillard llama “el sexo que se ríe de sí mismo bajo su forma más exacta” ( citado por Esquivel, pag. 44 ), sino a la plasmación de su forma en la contribución masculina a la forja del misterioso desorden del mundo.

Reflexiono sobre la solución equivocada al problema mal comprendido de la liberación de la mujer

Una mujer que quiere salir “de las antiguas responsabilidades femeninas”[Ivone Gebara: Condimentos feministas a la Teología” p. 46], está abjurando del modelo familiar querido por Dios, para instaurar otro regido por las casas como lugares de sufrimiento; está ignorando, sobre todo, que la felicidad del hogar, y de los que viven en él, depende de la observancia de una antropología no igualitaria entre el hombre y la mujer, de que el orden simbólico patriarcal marche allí sobre bien engrasadas ruedas . Solo una mente enferma puede concebir que la inteligencia del Orden Patriarcal insista en la importancia de la mujer como madre porque desde ese lugar “amenazan menos a la sociedad”, como supone Ivone Gebara. (Ver pag 48 de su libro ) Nunca he visto un hogar feliz donde no se respete el Nombre del Padre. Cada vez que oigo decir a una mujer: “A mí no me manda ningún hombre”, o está pagando cara la desobediencia en la soledad más célibe, o le está haciendo sufrir a su cónyuge sus locuras.

A todas estas objeciones nuestras nos responde la autora del libro: “¿Y si no fuera así? ¿Y si otras divinidades que representan la belleza, la simplicidad y la bondad de las cosas pequeñas reinasen en nuestros corazones.?¿Y si intentáramos rescatar el lado bueno de las cosas aun cuando nos sentimos oprimidas.?”[I. G. : Ob.Cit. p.28] He ahí el gran dilema: ninguna acción feminista intenta rescatar el lado bueno de las cosas. Niego categóricamente que—como dice Ivone Gebara—por el hecho de aparecer lo masculino como primero en Dios, y en la figura de Jesús, “estas concepciones acaben tornando masculino el origen de la vida, y el misterio contenido en ella”[Ob.Cit.p. 52]Es una aberrante afirmación sostener esto. No hay quien le quite la propiedad femenina al misterio del Amor. Al contrario, darle prioridad a lo masculino desde la perspectiva ontológica en todas las manifestaciones históricas, aclara la imagen proyectiva del hombre tanto en lo que proclama como en lo que hace, sin permitir dicotomía alguna en esas dos facetas de la personalidad que es tan precioso atributo de los hombres públicos, y más si son estadistas; incluso, la autora se contradice bastante cuando admite que una formación cristiana le trae a la sociedad el beneficio de hacer reinar en ella “interpretaciones más femeninas de los valores humanos”[I. G. Ob.Cit.p.52] Si quisiéramos verificar más lo que nos ofrece la contraparte de esta posición, no tenemos más que dirigir la mirada a nuestra sociedad cubana actual, rica en un feminismo galopante, en la cual ya tenemos, por lo menos, cuatro tipos de hombres de cultura: los que luchan desde las instituciones del Estado por engrandecer el destino del país--que no son muy confiables--, los que lo hacen al margen de ella, por sus propios medios, los que se proyectan claramente en público por una decisión política que determine nuestra suerte en ese sentido, pero se cuidan mucho de canalizar ese ideal en sus efectos personales, y los que se manifiestan abiertamente, pública y personalmente por soluciones represivas muy contraproducentes.

Sin embargo, es obvio que desde la posición geográfica en la que me encuentro, la autora brasileña y yo, no nos podemos entender bien, porque nuestras moradas vitales son diferentes. Yo vivo en un mundo que le ha dado excesivas prerrogativas a las mujeres sobre los derechos del hombre, por lo que aquí son los hombres quienes estamos en desventajas respecto de las mujeres; de hecho, ese tipo de mujer liberada le niega al hombre intelectualmente superiores a ellas las reivindicaciones que el movimiento feminista exige en otros países al poder patriarcal, “una comprensión más enraizada en aquello que podemos vivir y nombrar a partir de nuestros cuerpos”[I.G. Ob.Cit. p 34]; es decir, a partir de una excelencia que puede demostrar en cualquier momento el hecho verídico de la superioridad de sus actos, ya que, por lo que respecta a nuestra experiencia, en el largo tiempo de su predominio sobre el hombre no han demostrado la utilidad social de esa ventaja; por el contrario, ha sido tan contraproducente para las relaciones humanas lidiar con tan desviadas líneas del carácter femenino, con tantas deformaciones del género, que ya ameritaría un estudio de vínculo entre las distintas fases de implosión del sistema y el aumento del nivel de violencia contra las mujeres, que ya está preocupando a las activistas sociales. En estos días, por ejemplo, las activistas cubanas Marta Vela Tamayo, y una tal Larrinaga, están pidiendo al Gobierno actualizar los casos de feminicidio en Cuba.

Recuérdese que fue precisamente una mujer la que levantó su voz en la Asamblea Nacional para oponerse a la libertad de prensa, abogando por la opción de restringirla, aun cuando por necesidad histórica había que aprobarla. Y fue así que se le dió una nueva vuelta de tuerca en contra de la libertad con la aprobación del Decreto-Ley 370, que está dirigido a sancionar lo políticamente inaceptable que se publique en las redes sociales. Por tanto, yo, igual que Ivone Gebara, sí estoy a favor de “un papel femenino diferente” para las mujeres, pero como el de Rosa María Payá, o el de Yanín Agnés, Presidenta en Funciones de Bolivia. Hay algo nuevo en ellas: no sólo su discurso, sino su ejecución de muy cristianas defensas del hombre—en general—contra apostasías de sus gobernantes.

Si uno se pregunta cómo es posible que una verdad que brilla desde el fondo de un pozo, pueda ser mantenida allí durante tanto tiempo, si la mentira tiene las piernas cortas, deberá responderse honestamente que se debe a la enorme sugestión del “triunfo como respuesta a un itinerario de vacíos y de errores que rondan la infancia, el trazo de amor y del sexo” [Carlos Esquivel, Ob.Cit. p. 50], porque hay caracteres humanos propensos a la carnalización de esa imagen que sólo existe desde sus símbolos.

Hay un exégeta italiano de la obra de Maurice Merleau Ponty, que nos ha ayudado a entender el estrecho lazo de las obras de este fenomenólogo francés con los postulados feministas, sin mencionarlos expresamente, por supuesto; haciéndonos ver la analogía de sus teorías con los sentimientos transgresivos de la mujer, que apoyan casi todos aquellos hombres cuya educación ha construído “ese canal donde puede haber el ser sin que deba ser puesto”—son palabras del mismo Ponty--, y por tanto sus vidas se sienten seducidas por la intención de cuestionar todos los estatutos de objetividad, de modo que su designio más general está de acuerdo con el empleo de la mujer como un vector de la trascendencia del ser que pone en jaque todo intento de reducir abstractamente aquello que serían las cosas en su propia dimensionalidad. En efecto, nadie estudió más y mejor que este filósofo francés la estructura de inherencia entre el sujeto y el mundo, ni la puso mejor al descubierto que él, pero sin importarle mucho el porvenir de ese “sentido que se enfrenta a un movimiento de irrealización sin retorno posible a la filosofía” [M.Ponty, citado por Manfredi Moreno en “El sentido ontológico de lo sensible” p. 71 Intus-Legere Filosofía/Año 2015 Vol 9, No.1 Universidad de París 1 Panteón. Sorbona, Francia.] Para mí este filósofo representa al hombre obsedido por la corrupción de los poderes políticos socialistas que, traicionado, quiere a su vez, traicionar.

Si no se hubiera sentido importante factor metonímico de ese propósito del útero de deshacerse de su propia semilla si no es inherente a ella, no habría podido Merleau Ponty sentar las bases de su ontología indirecta, y menos hacer comprender desde allí lo que realmente propone o significa el feminismo: “el sentido del ser de un sujeto que se contrapone a una dimensión profunda que en él se manifiesta, de modo tal que se abre el horizonte de un ser en dicha dimensión que pierde así todo estatuto de positividad y de objetividad, para venir a confundirse con el mismo movimiento de experiencia que lo vuelve visible y lo posibilita.” [“El Sentido Ontológico de lo sensible” p 73 Manfredi Moreno. Universidad de Paris, Sorbona, Francia]

Raúl Morín 22 Febrero 2020, 12:15 PM


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