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"Terapéutica para las masas"

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24/05/2021 17:26 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Me parece estar dando aquí la más exacta interpretación antropológica de la estampa social más bochornosa que está dando de sí misma la sociedad cubana:ensañamiento de cubanos pobres contra cubanos pobres, por razones que están lejos de constituir motivos políticos

                                                                                      “Terapéutica para las masas”

Quiero levantar mi voz de alarma—una vez más—por la situación de odio y de feroz salvajismo que se está azuzando contra la oposición política ( CR ) desde el poder. Advierto que ello puede traer una catástrofe de la que se están viendo signos que avanzan indetenibles hacia su consumación inexorable, ya que los defensores del supuesto sistema “humanista” revolucionario, a juzgar por ese lenguaje, y los lugares de procedencia de ese lenguaje—que sigue siendo el único lenguaje de la realidad, el único que la realidad sabe hablar--, no se diferencian mucho de ese modelo humano que propone Otero Alcántara, y del cual hizo gala para atacar a la Revolución. Señalan el mismo nicho ecológico que los estudiosos de la alta cultura sabrán identificar como lugares de torcimiento común de estas voces en pugna, pertenecientes a la misma execrable corriente de epistemología evolucionista, de la que sin embargo se escinden algunas voces defensoras de Otero que han traido a colación importantes realidades que ocultan los partidarios del Gobierno: la existencia de una intención solapada de corte nazi, que es la aniquilación de la vida indigna de ser vivida .

Por otra parte es muy comprensible la pertenencia de unos y otros a ese alto paradigma de la biología que es saber trabajar sobre la relación entre el fenotipo y el medio ambiente, porque todas las generaciones que nacieron o crecieron con la Revolución fueron criadas con ese biberón de conducta adaptacionista. Visto el problema en profundidad lo que con tanta saña le critican a L. M. O. A. tiene el mismo carácter estigmatizante de las relaciones ecológicas entre organismo y entorno que padecen sus ofensores, ya no detractores, pues que son casi una misma cosa en el plano social: ninguno de ellos en su forma de conocimiento asimilan una correspondencia en la relación semántica entre palabra y mundo. El pobrísimo bagaje cultural de los ofensores de los opositores abanderados por Alcántara, aflorado en su torpe habla, fue sarcásticamente criticado por uno de los cibernautas cuando se dirigía a otro, de los más acerbos polemistas, en esta forma:

“Andrés Cárdenas O`Farrill: Mad, ¿Esa es tu defensa de la Revolución?

El otro, cuando se vió sorprendido de defender ideales con un ideal de urbanidad tan sucio, le dio cierta vergüenza; pero luego de improvisar una moderada excusa, volvió por sus fueros reales, y dijo finalmente:

“No obstante—le respondió Mad—si Ud. le encuentra alguna diferencia, una sola, con las Ratas de Alcantarilla, hágalo saber”.

Si O. Alcántara ofendió a la bandera, y demostró el mayor irrespeto por los símbolos patrios, sus ofensores también están en la misma jaula de ratas sin saberlo, porque están desatando con su actitud en nuestro pueblo una guerra civil que puede ser sanguinaria. Están ejemplificando el viejo adagio popular que dice que “la ignorancia mata a los pueblos”; porque cual otra su actitud fuera si conocieran que esto mismo que estoy diciéndoles hoy yo, está respaldado por el laborioso estudio que hizo desde la cárcel en que se hallaba, el pensador italiano Antonio Negri sobre la Ethica de Spinoza, en el cual nos dice categóricamente que “la multiplicidad no está mediatizada por el derecho, sino por el proceso constitutivo ontológico fundado en la espontaneidad de las necesidades.”[ “La Anomalía Salvaje” p. 20 Antonio Negri, Editorial Anthropos, 1era Edición, Barcelona, 1993 ]

Si alguien llegara a pensar que advertir la presencia de la zwástica en la campaña mediática que se desató con motivo del video que le filmó a O. A. el médico que lo atendió en el hospital Calixto García, donde se le veía departiendo amistosamente con el facultativo, fue una exageración de mi parte, debe atender bien las razones que yo aduzco para justificar mi posición ante este asunto. En un contexto de cínicas búsquedas de adhesiones y votos que se insinúan con miedos debidamente azuzados, donde un hombre no es nada por sí mismo si no es protegido por el Estado, y donde esa entidad rechaza la reivindicación de la memoria porque le permite a cada quien situarse de nuevo en la filiación del tiempo ; aquellos elementos inciviles de un país que tolera tanto la incivilidad, y que no se rijen, sin embargo, por la espontaneidad colectiva del imaginario social, que es, en última instancia, responsable de las convicciones humanas implantadas artificialmente; parecen apelar a una compensación super derogatoria de su propia incivilidad; y aunque sea este un acto que está en potencia, su contraparte ni siquiera se da por enterada de que existe un mundo más calificado de hegemonías superiores a las que ellos se supeditan sin otra causa más fehaciente que “haber recibido sin motivo la dignidad de la validez mítica”[ “Ambivalencia del Mito (y de la ficción): Un recorrido teórico por las valoraciones antagónicas del mito como forma de ficción” p. 5 Romina Rauber, en Revista Luthor, num 35.], porque todo motivo al lado de este es verdaderamente superfluo, pues el mundo desvinculado de la realidad, donde se crean y se preservan valores fantasmas, no se sostiene con nada que no sea esto.

Mancomunar voluntades para el improperio es una labor antisocial del mayor interés antropológico. Viendo todas esas formas hiper salvajes de tratarse nuestros compatriotas por diferencias de criterios políticos, sin el menor respeto, comprendo que la Revolución no es que haya fracasado en engendrar lo humano, es que nunca lo intentó, porque nunca quiso saber nada del pensamiento simbólico comunicado, y por ello es que tenemos entonces hombres que quieren despedazar a otros porque ven lo que ellos no ven, y ese fallo los succiona en el torbellino de un panteísmo desde el cual se da enérgicas brazadas para llegar a la orilla política de los problemas infructuosamente, pues se quedan en lo meramente social.

Es muy cierto que la informalidad de ese medio periodístico en que aparecieron las disputas es muy impropio para el despliegue de formas acabadas, pero se halla aquí un regusto de plebe que se regocija en su falta de educación, y que pone al descubierto no solo la memez, sino los atrevimientos de la pura soberbia que se ha cobrado el adaptacionismo social, que en lugar de tirar hacia adelante del hombre, tira hacia atrás de él; y si nuestro Gobierno fuera más ilustrado comprendería el peligro de esa alianza paradójica que le ofrece a esas masas que frenéticamente hostigan a Otero y a sus compañeros, un boomerang que los va a golpear a ellos mismos, y les va a traer, como lo está haciendo ya, el resultado inesperado del aceleramiento de la crisis de identidad que ya padecemos en todo el territorio nacional, porque no es Otero el que sufre con todos esos improperios, sino el sistema de integración de nuestra República, que se tiene que consolidar precisamente desde sus márgenes comunitarios. Y si el Movimiento San Isidro representa una regresión con respecto a la hispanidad, es justamente perdiendo su parte de identidad africana, que se volverían secuaces del fraudulento orden idílico nacionalista cubano.

Es muy comprensible la pertenencia de unos y otros a ese alto paradigma de la biología que es saber trabajar sobre la relacion entre el fenotipo y el medio ambiente

Ni siquiera los feroces canes de presa del odio organizado reconocieron la voz de llamada a la razón de la cibernauta Rosa que tan conciliadoramente intervino. Me surge una gran pregunta: ¿Por qué si estos se ofenden tanto con las acciones inciviles de alcance político de Otero, responden al Movimiento de San Isidro con todo el bagaje cultural de lo impolítico; es decir, no hablan del valor que lo político había traicionado?. La respuesta es sencilla: porque no pueden hablar de lo que no existe para ellos. El profesor de Historia de las Doctrinas Políticas de la Universidad de Nápoles en Italia, Roberto Espósito, nos dice en qué consiste lo impolítico: “Lo impolítico—dice—asume el punto de vista máximamente realista de la inexistencia de cualquier realidad sustraída a las relaciones de fuerza y poder” [ “La Biopolítica impolítica de Roberto Espósito” p. 53 Efrén Vicente Hernández Martinez, en Revista Andamios, Vol 15, num 37, 2018 ] Me gustaría citar dos definiciones más: “Para lo impolítico el poder no tiene posibilidad de traducir dialécticamente el mal en bien”., finalmente: “lo impolítico no es lo no político, sino un cuestionamiento de la interpretación metafísica, y en consecuencia ética de la política”. Esta identificación de lo “impolítico” es muy importante a la hora de establecer quien detenta la “verdad” entre partes beligerantes porque “la despolitización se halla determinada por el rechazo de la representación, entendida como aquello que liga la decisión política a la idea” [ Ob. Cit. p. 48 Efrén V. Hernández ] ¡Que nos digan estos “bravucones socialistas” de las redes sociales cuál de las características del socialismo ellos no han pisoteado, o no han pasado de largo por su lado para venir ahora a adjudicarse tal representación.! Ellos mas bien son la representación prohibida en el sentido de sorprendida ante esto otro que no se resume en la presencia dada.

La sed que tiene el hombre de forjarse un mundo real es tan grande que aquellos que le usurpan a la vida beneficios o posiciones que en un normal desarrollo de los acontecimientos, no hubieran nunca alcanzado, le tienen que hacer pasar a quienes comprenden ese fraude, las peores desventuras para que no renieguen más de un mundo construído a partir de la invención de los menos capaces de explicarlo. Y si estos renegados son personas de baja extracción social que, además, la demuestran con creces, entonces le facilitan a aquellos la tarea del destierro de la comunidad. Sin embargo, lo que yo estoy queriendo decir es que esa forma de combate contra la subversión político ideológica, está enfrentando bandos que ni siquiera actualmente se tienen por enemigos, pero ya representan la dialéctica entre despolitización y gobierno político de la despolitización, donde esta primera condición, al recibir el calor de las leyes, como ese artículo 4 del Código Penal de la República donde se lee que “los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible apelar a otros recursos, para defender el orden que garantiza la Constitución”, se lanzan a una forma tan soez de lucha en forma de señales que distinguen la mente y el estatus de individuos ya poderosos que disponen de un caudal de deseos satisfechos, y que denuncian con su misma presencia el fracaso del Estado en su intento de construcción socialista porque estos defensores suyos son elementos que aparecen desprendidos del problema del orden, y sin embargo, representan la aparición del orden como problema, pues son el ejemplo vivo del fracaso institucional de dar “solución política al contencioso que la naturaleza del hombre mantiene permanentemente abierta con la sociedad”[ Antonio Hermosa Andújar: “Sociedad Natural y Estado en Hobbes” p. 54, en Rev. “Fragmentos de Filosofía” num 7, 2009 ]

Si algo se le puede reprochar con justicia a la Revolución Cubana es el desenfado que ponen sus epígonos en la explotación del hombre por el hombre, --ya no basta con decir, que miran su obligación política en terminos de interés egoísta—y la practican como si desde su nacimiento estuvieran llamados a esa ingénita vocación de maldad, que ellos llenan de contenido estrictamente inconsistente, de inconsistencias lógicas, cuando se comprenden adecuadamente; y que van más allá de un incomprensible extremismo personal, porque con esto plantea el ser su condición envilecida, que es el estado de guerra del hombre, enseñanza que Hobbes enfatizó ya en el siglo XVII, porque como gran político que fue para todos los tiempos, tenía que revelar que ese es el primer síntoma social de la falta de un poder común en la sociedad, y en su “Leviatán” ( 1671 ) nos dice que “eso sucede en un modelo de sociedad donde cualquiera puede ser atacado por los demás, y ella lo permita”. Con ese “permitir” estamos nombrando muy directamente que son sobre todo los lacayos del poder factual empírico los que vulneran cotidianamente el gran acierto de que ninguna interpretación histórica por aceptable que sea puede afectar la cuestión de la consistencia y la adecuación lógica de una teoría.

Y esa condición envilecida del hombre no se puede enjuagar siquiera con la teoría política revolucionaria, porque ésta se está esmerando en contrarrestar las fuerzas impulsoras de paz que existían ya en la sociedad pre estatal, y que mantenía a la sociabilidad humana en un umbral tolerable para la supervivencia, de donde, por consiguiente, estamos dando pasos agigantados hacia el peor desorden sin pasar por la mediación de la ley natural. Nosotros hemos querido designar a esa anomalía a que nos referimos con una posibilidad que ya contemplaba el liberalismo inglés del siglo XVII, que el estamento más bajo de la sociedad, los pobres, se aniquilaran a sí mismos, porque esa es la estampa social más bochornosa de la Cuba actual donde se ve que las mayores heridas que se les abre en la piel a los pobres, son causadas por los pobres mismos, sin necesidad de que lo ordenen mucho las instancias superiores. Un país donde se golpea tanto la posición laboral de los inferiores (en jerarquía), por los que están apenas un escalón por encima de ellos, por el fraudulento motivo del cumplimiento con el trabajo, no debería asombrarse tampoco que le viniera como anillo al dedo, este enunciado antropológico de un estudioso de Hobbes: “No se debería esperar que los principios políticos fundamentales del siglo XVII, bastaran [ sirvieran ] para el siglo XX. Pero parece que aún se puede construir sobre ellos si correspondieran a las necesidades, aspiraciones y posibilidades del hombre moderno.” [ C.B. McPherson:“Teoría Política del Individualismo Posesivo. De Hobbes a Locke” p. 14 Editorial Trotta, S.A., 2005 ]

Es un desprestigio enorme para el autobombo del ideal socialista cubano que sean las pretensiones identitarias y figurativas de estos incalificables voceros ocasionales del régimen los que estén dando la razón al poco crédito que le merecía al autor del Leviatán los niveles de compensaciones distintos a los determinados por el mercado, puesto que en su sistema “no hay lugar para una estimación del mérito de diferentes hombres en términos de lo que aportan a los objetivos de toda la sociedad”, ni para “la distribución de beneficios iguales a hombres de igual mérito”, “ni para la igualdad del valor de las cosas que se intercambian”, porque creía—como lo ejemplifica la textura moral de los personeros cuyas características hemos descrito—“que la justicia distributiva, se convierte en justicia de quien arbitra un convenio, esto es, en el acto de definir lo que es justo, …y lo que haya de ser propiedad exclusiva de un hombre, ha de ser distribuído inicialmente no ya en función de un concepto determinado acerca de los objetivos de la sociedad, sino a tenor de un patrón tan distante de eso como Hobbes consigue imaginar, un patrón vaciado deliberadamente de toda estimación social”[ C.B. McPherson: Ob. Cit. pag 70 ] Hay ciertamente en estos procederes arbitrarios que ejemplifican estos representantes del Poder Administrativo laboral pasos que, si se rastrean datos antiguos que registra la patria del liberalismo, se verá que son muy semejantes a los que originaron la Guerra Civil en Inglaterra en una época anterior a la de Hobbes, en que los hombres beneficiados con ciertos privilegios materiales dentro del pueblo llano “utilizaban el antiguo orden jerárquico [ el Feudalismo ] simplemente para conseguir sus nuevos propósitos” [ Mc. Ph. Ob. Cit. p. 71 ], pero no les importaban ya las premisas de un orden que caducaba porque estaban muy afianzados a su comodidad y a sus riquezas alcanzadas a través de un sentido mercantil de la justicia; dándose pues la relación de semejanza con nuestro contexto social actual en el hecho de que tambien los homólogos nuestros creen, como aquellos que en su época abandonaron a su Rey, que “eran tan amos de cuanto poseían como para que sin su consentimiento nada pudiera serle quitado para la seguridad común” [ Mc. Ph. Ob. Cit. p. 71 ] ¿ Hay otra prueba más indicial de que nuestra sociedad está rompiendo la camisa de fuerza socialista con los mismos sujetos que ayudaron a ceñirla al cuerpo de esa sociedad? Nuestro Gobierno está casi en el mismo estado en que se hallaba el Rey antes de la Guerra Civil, pues cuando el pueblo se encuentra en esa situación, el Jefe de Estado se halla tan desposeído de su gobierno que no puede oponer resistencia real, ni a las fuerzas morales de la oposición, ni a las fuerzas que socavan el terreno comunitario de uno y otro bando. Ese desafío a la larga va a triunfar porque las jerarquías establecidas lo permiten.

Si “la antítesis entre representación política y neutralización despolitizadora, es en realidad una co- presencia”—como bien lo observó Roberto Espósito. [ Ob. Cit. p. 51], y eso es ya un problema por la relación excluyente que se trata de unificar con artificios; ¿qué diremos entonces de un tercer elemento que se une, metafísicamente, a esa triada y que se involucra no precisamente como aliado, sino como enemigo de ellos, pero pertenece también como esa “representación política” al llamado “estado impensado” de la comunidad, aunque es, de hecho, meliorativamente superior a los primeros de la mención porque aparece reclamando una nueva raíz.? “Para Hobbes los intereses estrictamente políticos eran iguales que los intereses económicos, y engloba a ambos bajo el nombre de negocios”—como nos recuerda la investigadora argentina Marcela Rosales en su buenísimo ensayo sobre este tema: “Par conceptual pueblo/multitud en la Teoría Política de Thomas Hobbes” p 87, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, CEA Editorial del Centro de Estudios Avanzados. Colección Tesis, 2013. Nosotros expresamos eso mismo desde otro punto de vista, diciendo que esa es la única alternativa o relación que establece el hombre, su conciencia, con el mundo trascendente después de efectuada la epojé. Como el ser es la singularidad que el estar pluraliza, pero se trata menos de un trascendental que de una trascendencia; es decir, que lo que no queremos del ser es aquel sujeto que realiza la epojé, el que pone fuera de acción o desconecta la tesis general inherente a la esencia de la actitud natural del hombre, y todas las cosas que ella abarca onticamente, porque con esta acción se ponen de relieve las carencias de la sociedad natural que acaban por privar de sus virtualidades a las fuerzas que hicieron soñar con la paz a la naturaleza; pero no lo queremos sobre todo porque con esa actitud trascendental se nos cierra por completo todo juicio sobre la existencia espacio-temporal. Entonces, si le imponemos al otro la visión de ese mundo puesto entre corchetes, ¿de qué poder común estamos hablando? La función que tiene que jugar el sujeto dentro de la organización de un Estado semejante tiene que ser estrictamente política, ateniéndose entonces también, estrictamente, al anterior enunciado de Hobbes. De modo que la igualdad de expectativas—que ofrece este camino--, lleva apareada la inseguridad de satisfacerlas, es decir, la conversión del hombre en enemigo del hombre.

Lo común no está caracterizado por lo propio sino por lo impropio, y esa impropiedad hay que restañarla con sacrificio, no con bravuconadas. La comunidad posee un carácter defectivo para el que está afectado por ella, y ese carácter defectivo debe ser atendido por un don gratuito, de deber que se da porque se debe y que significa una pérdida para el que lo da. “La cosa pública—como dice Roberto Espósito—es inseparable de la Nada” [ “El Concepto de lo Impolítico” p. 4 Javier de La Higuera, en Revista de Humanidades y Ciencias Sociales “El Genio Maligno”, num. 2, Marzo 2008 ]. La realidad es que aquellos que son capaces de responder a esas pérdidas son solamente aquellos que no ceden a las presiones fuertes de la vida, pero también son los más maltratados por esos dos bandos en pugna.

Ni la gente de Alcántara ni las de “Mad”, consideran el daño mediato que para la sociedad y para ellos mismos puede traer la obtención de beneficio personal pasando por la abolición de la socialidad, aunque, circunstancialmente, la actuación de Otero Alcántara, Maikel “Osorbo”, y sus compañeros, puedan hacer pensar en hombres que actúan de conformidad con un interés social que forma parte consustancial del interés personal. Estos últimos se jactan del mismo devaneo ácrata que tiene la corrección de la incivilidad para los revolucionarios. Digo esto, no porque esté en contra de Otero, por el contrario, celebro y aplaudo su lucha; pero hay necesidad de establecer una justicia: no podemos ignorar el daño que le hizo su medio en su formación, y valdría la pena hacerle saber que, aunque los románticos no contaban a Hobbes entre sus musas, ahora que él está en este momento crucial en que nos representa a todos, debe repasar un poco la Teoría Política del eminente político inglés, para ver si él y sus compañeros encuentran en la separación entre la obligación política de su teoría y su concepto benévolo de la naturaleza humana, un motivo para creer que no hay por qué poner al servicio de las fuerzas del mercado una naturaleza hostil, indómita y absurda, pues para ponerle freno a las ambiciones de los grandes, se necesita que ellos no permanezcan ociosos intelectualmente.

Esta identificación de lo impolítico es muy importante para establecer quien detenta la verdad entre las partes beligerantes

Raúl Morín Suárez, 22 Mayo 2021, 4:49 PM

 

 

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