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Una sensación de intranquilidad se adueña de nuestra vida, un miedo infundado de amenazas ¿Qué debemos hacer?

30/09/2016 05:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La crisis financiera, los medios, los recortes, el ritmo frenético de la vida o el declive de la moral, o errores, fallos, chivos expiatorios. Estamos constantemente inmersos en una lucha entre quedarnos o abandonar el barco. Asi es nuestra vida en Occidente hoy

Havas, la agencia de publicidad y relaciones públicas francesa, ha dado a conocer recientemente su informe anual de las tendencias que se observan en el mundo en 2016. Y la primera fue el miedo que Eduardo Galeano definía así:

“Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.

Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.

Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.

Los automovilistas tienen miedo a caminar a pie y los peatones tienen miedo de que les atropellen.

La democracia tiene miedo de recordar el ayer y el lenguaje tiene miedo de decir algo.

Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a ir desarmados.

Las armas tienen miedo a la falta de guerras.

Y los fabricantes de armas sienten miedo cuando estalla la Paz

Es el tiempo del miedo.

Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.

Miedo a los ladrones, miedo a la policía, miedo a las puertas sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión.

Miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar y estar en forma.

Miedo a la multitud, miedo a la soledad.

Miedo a lo que fue y a lo que puede ser.

Miedo a morir, miedo a vivir…”.

Compañías como Havas no sólo se precian de poder anticiparse a las nuevas manifestaciones culturales en la tecnología, los medios y la sociedad, son también en cierta forma actores importantes que marcan estas tendencias al manejar las cuentas de importantes marcas, empresas y  ejecutar sus comunicaciones. En un mundo donde la publicidad lleva la vanguardia cultural e incluso artística (para detrimento de la cultura y el arte), agencias como Havas tienen enorme influencia en la psique colectiva.

A través de una historia intrincada, con temas como el lavado de cerebro, el lenguaje, la psicología y la inventiva encaminados al control físico y mental de los individuos, a la educación machista de la juventud... y en una narrativa agudizada, George Orwell relata al lector en la novela “1984” la historia trágica y aparentemente emancipadora de Winston Smith y Julia, tratando de derrocar un sistema donde la intimidad y el libre pensamiento no existen, ni siquiera se conocen. Donde el deseo sexual no está permitido y el sexo es sólo la vía para tener hijos (el deber para con el Partido). Orwell estuvo en la guerra civil, en brigadas internacionales. Conocía a Franco, pero no le temía. Y si se sigue estas líneas, aquí hay muchos perfiles del Gran Dictador español.

El Gran Hermano, el Big Brother, suple a todo personaje político, él es el comandante en jefe, el guardián de la sociedad, el dios pagano y el juez supremo, aunque ni siquiera se sabe si existe realmente. Él es la encarnación de los ideales del Partido, el Partido ubicuo, único y todopoderoso que vigila sin descanso. El Partido al que han de pertenecer todas las personas, sólo se salvan los "proles"; ellos no cuentan y tienen derechos como los animales: de hecho, la Policía del Pensamiento apenas los vigila: "a los “proles” se les permite la libertad intelectual porque no tienen intelecto alguno". Ni siquiera la familia está por encima de su presencia, es común la denuncia de hijos pequeños a sus propios padres por traicionar al Partido. Irónicamente, Orwell insinúa la posibilidad de que ya ni siquiera sea una persona real, sino un mero icono propagandístico.

La novela es una descripción analítica de los regímenes totalitarios con un final desolador. El personaje principal es Winston Smith. Trabaja en el Ministerio de la Verdad (uno de los 4 ministerios que hay) reescribiendo la Historia permanentemente e inventando héroes.

La historia de nuestro 'modus vivendi' es la historia de la tensión, pero nadie nos dice como aprender a controlarla

Los ministerios son los siguientes:

*- El Ministerio del Amor se ocupa de los castigos y la tortura a su antojo.

* El Ministerio de la Paz se encarga de asuntos relacionados con la guerra, con lograr que ésta sea permanente.

* El Ministerio de la Abundancia, se ocupa de conseguir que la gente viva siempre al borde de la subsistencia.

* El Ministerio de la Verdad, se dedica a reescribir la historia, para que las predicciones del Gran Hermano coincidan con la realidad, a través del falseamiento a posteriori de dichas predicciones en los medios de comunicación, donde imperan, respectivamente, el neobolchevismo, la "adoración de la muerte" y el Ingsoc, acrónimo anglo para "socialismo inglés".  

Según la jefa de Havas, Marian Salzman, en su presentación, en 2016 nos dirigimos hacia una "senda de angustia", lo cual puede pronosticarse en diferentes síntomas de estrés general, como el cambio climático, el temor del terrorismo y el miedo como denominador político en las campañas presidenciales de 2016 en Estados Unidos, a lo que se añade el miedo global a la inmigración, la privacidad en las comunicaciones y la infraestructura de espionaje, la forma en la que nos hemos vuelto adictos a la tecnología, la sobreprotección parental a los niños e incluso nuestra obsesión por la comida orgánica. En el informe se lee:

“Échenle la culpa al 11-S, a la crisis financiera, a los medios, al ritmo frenético de la vida o al declive de la moral, o quizás culpen a la cultura de la meaculpa que siempre está buscando errores, fallos, chivos expiatorios. Combinaciones de todo esto se combinan  para el tendencia (übertrend) del año: una sensación de intranquilidad se adueña de la mayor parte de la vida, un sentimiento persistente de que las cosas no están como deberían estar, que hay amenazas latentes ahí fuera, y que las personas necesitan tomar decisiones y hacer algo. Estamos constantemente inmersos en una lucha entre quedarnos o abandonar el barco. Alarmas emocionales están constantemente sonando y estamos respondiendo con múltiples maneras sistemas para silenciar el ruido.

En cierto modo la auscultación del zeitgeist (espíritu inventivo) de Havas parece razonable; no se tiene que ser demasiado perceptivo para detectar esto. Lo más notable es quizás el sólo hecho de asumir que nuestro mundo vive en o está entrando en un estado de miedo colectivo. Por una parte sabemos que psicológicamente el primer paso para superar esa condición es descubrir que existe y aceptarla; por otro lado, en este mundo de los influenciadores, programación mediática predictiva y profecías autocumplidas (en el mercado de la especulación psicofinanciera), llama la atención que establezcamos una configuración inicial tan desestabilizadora. Claro que no es culpa de Havas (está haciendo su trabajo). Pero valdría preguntarnos: ¿cómo de real es el miedo que los medios, los gobiernos y nuestra propia sociedad promueven y es tan inteligente la transmisión de esta sensación de malestar e intranquilidad generalizada? y, en todo caso, ¿a quién beneficia? En muchos sentidos es tan real como nos la creamos nosotros mismos y conviene a los gobiernos y al sistema financiero del hiperconsumo que se sirve de la inseguridad de los ciudadanos para seguir vendiendo productos, seguir creciendo al obtener el famoso voto del miedo.

La segunda tendencia que detecta Havas en su top 10, que viene a sumarse al miedo, es "la adicción a la tecnología", la cual parece estar ligada claramente a la ansiedad generalizada que observan despuntando globalmente. La tecnología, podríamos decir, es la forma en la que el miedo y la cultura del pánico se transmiten al mundo y se vuelven globales. Vemos hoy por ejemplo que lo que sucedió con la oleada de terrorismo en Francia, sobre todo en París, coloca en un umbral de psicosis a personas que viven a miles de kilómetros de distancia, pero que de alguna manera comparten la misma esfera mediática. Un reciente ejemplo de esto, un tanto cómico e hiperbólico, ocurrió con el caso de una mujer en Wisconsin que hace un par días llamó a la policía para denunciar gritos de éxtasis en los que creyó escuchar "Alá es bueno, Mahoma es grande". Vivimos en un mundo en el que los gritos de amor se confunden con gritos de terror.

En realidad el problema de la adicción a la tecnología no sólo yace en el contenido de los mensajes --en un revisionismo de la política del terror estilo Fox News-- Quizás deberíamos de volver a hacer tendencia a McLuhan y recordar cómo los ambientes electrónicos en los que nos incrustamos no sólo amplifican nuestros sentidos y nuestra forma de pensar, también los amputan. Una de las formas principales en las que la tecnología está alterando nuestra psique es sometiéndonos a un incesante flujo de datos simultáneos que exigen nuestra concentración pero sólo en pequeños lapsos fragmentarios de tiempo. Es decir, estamos en perenne multitasking, realizando pequeñas tareas que nos motivan con el encanto y el asco de plataformas "inteligentes". Havas atina a preguntarse: "¿están los niños --y nosotros también-- pasando demasiado tiempo con la tecnología, el ordenador, la tableta?... ¿qué efectos está teniendo en nuestros cerebros y cuerpos? Tal vez no lo sabremos hasta que pasen algunos años y entonces puede que sea demasiado tarde".

Si nuestra mente está ansiosa e intranquila al vivir en un ciclo de recompensa de dopamina ante constantes bits/estímulos que dividen nuestra atención (que es lo que ocurre cuando entramos a ver las fotos de nuestros amigos y luego contestamos un email y luego buscamos un link en nuestro feed de Facebook o jugamos un videojuego), entonces es imposible que razonemos de manera efectiva y podamos entender con lucidez lo que sucede en el mundo. En otras palabras, así somos presa fácil de la cultura del pánico y de la desinformación, somos más fáciles de influir y en cierta forma programar, de la misma manera que cuando estamos cansados somos víctimas más fácilmente del furia o del odio, perdemos más fácilmente el control. Así este miedo generalizado que ya observa Havas, más que una realidad sociopolítica o algo que obedezca a una amenaza real, es un estado mental de estrés que se esparce por el cuerpo colectivo de la humanidad y que no se solucionará ni con la "paz en el Medio Oriente, ni el fin de los bombardeos en Siria".  

¿Qué hacer ante toda este volumen de información e incluso propaganda del miedo, el estrés y la ansiedad que produce el mundo? Para algunos lo siguiente podría parecer una forma de negación o un subterfugio con tintes nueva cultura o apatía ciudadana, pero lo que parece es que sigue siendo cierto: el miedo que vemos en el mundo tiene como principal causa no una realidad objetiva sino sobre todo la expresión de un estado interno --aunque ciertamente exista una relación de interdependencia entre lo que vemos fuera y lo que sentimos dentro. Este miedo global es el resultado del apilamiento de los miedos individuales. Refleja la incapacidad fundamental de lidiar internamente con los sucesos que ocurren en nuestra vida y establecer hábitos que contribuyan a la relajación. La historia occidental es la historia de la tensión. Sería prudente empezar a aprender a controlar esa tensión, a poder aprender a estar quietos y tranquilos sin recurrir a nuestros aparatos a la primera de cambio. Ya lo decía Pascal hace más de 350 años: "Todos los problemas de la humanidad provienen de la inhabilidad del hombre de sentarse solo sin hacer nada sentado en una habitación”. Debemos crear una cultura de la relajación y del autoconocimiento. Una tendencia que ojalá se genere en próximos años podría ir en el sentido de esta investigación que mostró que la meditación es efectiva para combatir el terrorismo (y no tienen que crear los propios terroristas, sino meditar las personas a su alrededor). Y por último, saber que hay dos formas fundamentales para terminar con la tensión: la risa y las lagrimas, riámonos de nuestra patética situación (no de la de los demás), de lo ridículo que es que el miedo sea el factor predominante en nuestro mundo y dejemos de comprar este terrorífico y ubicuo subproducto del miedo.

 

 


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