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"LO que le quise decir a Sacha" ( I )

21/10/2020 11:51 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Este trabajo es una reseña crítica sobre la novela de Padura, "Paisaje de Otoño", en la cual hago un especial reconocimiento a la labor propedéutica del novelistacomo reformador, por su exhortación al replanteamiento de la política de Orden Interior cubana, entre otras

                                                 “Lo que le quise decir a Francisco López Sacha”

No me gusta dejar mis mensajes a medias. Sería a mediados de Febrero de este año, cuando tuve la suerte de poder asistir al lanzamiento en la Feria del Libro de La Cabaña de las dos novelas: “Máscaras” y “Paisaje de Otoño” del novelista cubano Leonardo Padura, en el cual se contaba, nada menos que con la presencia del escritor y de su mejor presentador y crítico, el también escritor Francisco López Sacha, que por cierto, hizo una apología envidiable de los méritos de su amigo.

Relato esto porque después de oir a ambos hablar, --al novelista, y a su crítico—me tropecé, una vez finalizado el lanzamiento--, sin haberlo buscado con el escritor que había hecho el admirable panegírico Francisco López Sacha, con quien ya sí había tenido varios encuentros anteriores, y a quien puedo llamar amigo porque no me es extraña su palabra consejera, ni a él mi espontánea manera de abrirme al mundo y a sus problemas. Entonces, tan pronto me aproximaba a él, que estaba recostado a un muro saboreando un refrigerio, le disparé un discurso a modo de saludo, en que le dije más o menos, después de festejarle su labia, que para mí el tratamiento literario que Padura le daba a la sociedad, estaba un poco anticuado, porque esa poca armonía social que él trata de mantener a flote, aunque sea en el reducido espacio doméstico, está anacrónica actualmente porque no funciona: esos grupos de amigos, se han vuelto “amigotes”, compadres que se visitan y la pasan juntos la mayor parte del tiempo, ya no tienen conatos de voz colectiva, del que se congratularía la humanidad entera, sino que, ya son “perturbadores” de la tranquilidad social, o antisociales que de una forma u otra, individualmente, perjudican a uno o a varios grupos de personas.

Me dejó boquiabierto el novelista con la recreación que hizo del célebre economista Humberto Pérez, flamante Director de la JUCEPLAN, institución subsidiaria del CAME en Cuba, tan ídolo de su tiempo que la popular Orquesta Aragón le dedicó uno de sus danzones más sabrosos. Pero era un deber cubano haber hecho el trabajo de arqueología ideológica que hizo Padura rescatando los significantes del mentidero no oficialista de esas esferas de influencia. Lo que me une entrañablemente a Padura es la pregunta que repetidamente el escritor se hace: “¿cómo fue que se jodió todo?”, pues él y yo estamos conscientes de “ese concepto perdido llamado familia” [Paisaje de Otoño p. 313 Ediciones Unión, 2016 ], y a la cual yo también he tratado de responder más de una vez desde la poesía y el ensayo, haciendo calas de más profundo nivel metafísico, pero de igual interés humano, y de la misma rectitud mental que ostenta aquel, cosas muy difíciles de hallar entre coterráneos de muy distinta suerte y posición social.

Lo extraño de la obra de Padura es que apunta directamente a la Institución de Orden Interior, a la Policía Cubana, y no con una demanda fantástica de que un policía se enfrente a la realidad asumiéndola como un Todo, sino que al plantearse en su obra la pregunta de por qué Mario Conde se hizo policía, pretende brindarle a la sociedad el ejemplo de una línea de conducta que debe seguir para retomar su original fisonomía, su carácter histórico, porque Mario Conde está haciendo una revolución en el carácter coercitivo de la sociedad, que primero debe partir del Orden Interior, porque de lo contrario la rehabilitación del hombre no funciona. Ese policía haciendo strip-tease de conciencia académica, no es un dato exótico de la imaginación del escritor para darle mayor atractivo a su novela, sino es la barrera que tenemos que saltar obligatoriamente si queremos realizar el proceso de reconstrucción nacional que tarde o temprano, estamos llamados a cumplir.

Esta carta me sirve para abrir el espacio público del vivir juntos, que está bastante cerrado

Por inverosímil que parezca ese novelesco teniente de Mantilla, está tratando de remozar en la cultura cubana un dato órfico presente en los orígenes más ancestrales de nuestra civilización, volviéndonos a plantear la pregunta lezamiana de si el Amor es Charitas, desde el entendido de que el Ágape y la Cáritas dividen radicalmente la idea del Amor, y reconociendo que esa pregunta formaba parte de la problemática de la reconstrucción nacional cubana, es decir, que el paganismo debía jugar un rol central en esa determinación; ya que, la idea de la caridad que parece defender Mario Conde tiene más de pagana que de cristiana, pues está subtendida por la unidad de la necesidad en la Trinidad de las Parcas, una relación en que descansa todo el rechazo que el Teniente creado por Padura establece con su permanente actitud de repudio a las normas consensuadas de escalamiento de posiciones sociales que ese oficial de la P.N.R. constata en la galopante monstruosidad de la vida cubana, optando por el mismo sistema de intercambio de dar, recibir y devolver que observaban las “Tres Gracias”, en que la del medio—la Caridad--, estaba representada de espaldas, pero con sus manos unidas a las de las otras dos compañeras; indicando que de las tres Parcas—Fé, Esperanza y Caridad, hipostasiadas también en Vida, Amor y Muerte—la que recibe el beneficio, (la Caridad), es la que precisamente le da la espalda al mundo en que estamos, señalando que el Amor debe mirar al Más Allá, pues mientras el Amor mire al Mundo Finito, la Pasión y la Belleza siempre van a estar enfrentándose. Las Tres Gracias no estaban subordinadas a Venus en un sentido estrictamente lógico, ya que el Amor era para los Antiguos como una premiación social al ser que era vehículo o agente de la elevación humana; puesto que ese Mundo que corregía en los “Misterios Eleusinos”(Culto Dionisíaco) injusticias que, a pesar de eso, la belleza pudiera obrar, estaba en total armonía con el concepto del Amor como la práctica de la más perfecta utopía social, toda vez que Eros significaba amor a la Belleza, pero no por ella misma, más bien era amor a la generación de la Belleza como una fuerza que impulsa a lo más alto.

En las acciones que hemos podido constatar de los sucesos de Mario Conde, se aprecia una comprensión del desastre que trajo la praxis de los revolucionarios “a la violeta” de dar “solo a los que nos pueden retribuir bien el favor”[ “Paisaje de Otoño” p. 290 L.P.], como una defenestración o vilipendio de la divisa órfica de las Tres Gracias. Además, los personajes que delinquen como Adrián Riverón, violan ese principio platónico: “Por eso no me importó volver a trabajar otra vez con Miguel Forcade y verle otra vez su cara cínica, si era el medio de lograr lo que yo quería” [ “Paisaje de Otoño” p. 357 Ediciones Unión 2016 ], como le dijo ese delincuente al policía al confesar su asesinato.

Esa inclinación órfica del policía se manifiesta escuálidamente también en el hecho de que apenas Mario Conde despliega una modesta protesta ante el descubrimiento de que su amigo Candito “El Rojo” se hizo luterano. Un católico hubiera ofrecido hechos de inconveniencia social más contundentes, como contrapartida a las sólidas razones de conversión de su amigo.

Si como insinúa Lezama, y más débilmente aun Padura, no se puede dejar totalmente fuera de juego al paganismo en la posible reconstrucción de la cubanidad, es de la mayor importancia actual no perder de vista que pese a la absoluta impensabilidad de la Utopía que plantea Platón en “EL Banquete” por boca de Pausanias, cuando explica que fue la institución de los Pedagogos, a través de la cual la sociedad pagana sentó las bases del Amor según este Ideal, ya que estos respondían ante los padres griegos de que sus hijos no hablen a los que aman, porque para que fuera posible garantizar la preponderancia del alma sobre el cuerpo se debía partir de la base de que era el amado el que debía rendir tributo a los dones inmateriales que hacían más disfrutable la vida, no por eso deben menospreciarse aquellos, como se hace hoy que la Cáritas está en descrédito. Hoy el materialismo inescrupuloso de la Modernidad podría reírse de ella, si ese cabo de la sociedad idólatra no estuviese atado por el cristianismo a uno de los presupuestos más fuertes de su doctrina: la del Perdón; pues esa vida idílica del Amor de esas mujeres que se perecen por los hombres sabios—en vías de extinción--, se vendría abajo totalmente si no fuera porque el catolicismo apostólico romano no acepta la doctrina protestante del perdón por el perdón, porque ella supondría violar la premisa del arrepentimiento de la culpa en las relaciones humanas, es decir, que se debe perdonar a aquellos que les importa el perdón sinceramente, porque están arrepentidos, pues de acuerdo a la Parábola del Hijo Pródigo, un arrepentido es mejor que un bueno. El menoscabo de la piedad en el sentido femenino de la intención no era ciertamente pagano, pero eso no significa que debamos atribuirle a este, y a todas sus consecuencias un bagaje católico apostólico y romano.

Raúl Morín. 29 Julio 2020, 8:07 A.M

Estimado Raúl: Menos mal que lo que me quisiste decir me lo dijiste ahora, pues se trata de una verdadera homilía, casi un tratado filosófico sobre el Amor, el perdón y la literatura de Padura. Debes recordar que en Paradiso su autor, Lezama, sustenta la misma tesis de la Iglesia Católica, la bondad y el amor están por encima de la poesía. No me he detenido a leer en los Evangelios por qué los católicos piensan así. Yo creo que la poesis, el acto de creación engendra la bondad, es decir, engendra la posibilidad del bien en tanto en cuanto es producto del espíritu, de esa condición que era esencial para los griegos. Para ellos el carácter era ese rasgo individual e intransferible que tenían los seres humanos, esa singularidad que en cierto sentido era un rasgo de la divinidad. El carácter se decidía en la acción, lo mismo que en los yorubas el iwa pele. Bien, son consideraciones generales que a veces escapan a mi propia comprensión. Por lo pronto me quedo con el sentido de justicia que dimana del personaje de Mario Conde, quien todavía sustenta una idea del bien cercana a la naturaleza social de los cubanos hoy. Gracias por activarme la circulación. Recibe un abrazo de Sacha.

Añado tambien una carta dirigida a mí del crítico principal de L. Padura, Francisco Löpez Sacha

12 Agosto 2020

 

 

 

 

 

     


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Chaville (108 noticias)
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