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"Lo que le quise decir a Francisco López Sacha" ( II )

21/10/2020 12:01 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En esta respuesta intento señalar que hay una leve frontera en la obra de Padura donde el sujeto se encuentra en exclusión interna al objeto, y que se debe poner de manifiesto mediante el segundo movimiento de la fenomenología: la trascendentalización fenomenológica

                                                 “Lo que le quise decir a Francisco López Sacha” ( II )

Querido amigo Sacha:

Sospecho que no me entendiste demasiado bien; pero no es culpa tuya, ni mía, ello se debe a que el pensamiento moderno no ha producido aun eso que se llama “Discurso pragmático del Método”; puesto en otras palabras: una programación libre de los sistemas de acción individual y colectivo integrados en su mundo. Pero prácticamente, la considero mía porque debí haber abundado más en mis propósitos, o en todo caso ser más explícito en cuanto a la tesis de mi trabajo, que no obstante tu resumiste tan bien, por lo cual agradezco infinitamente tus elogios.

Mis críticas a la socialización cubana rebasan el marco de la novela de Padura, pero se interesan mucho en ella porque tiene un regusto pedagógico nuevo, diría que insólito en nuestro medio: dirigirse críticamente a la policía, con la audacia, además de dejar caer en el pensamiento colectivo el tópico griego humanista original.

Sin embargo, no tengo en mente principalmente a Mario Conde, sino la intención de tomar a este personaje literario de pretexto para rescatar una preocupación didáctica que se debe materializar en la sociedad como respuesta al llamado de rehabilitación educacional del pueblo que se respira como sublime demanda del esfuerzo de reconstrucción del pasado vivido en la novela de Padura.

Sabemos que gran parte de la enfermedad mental se acompaña de la ruptura de contacto entre el pensamiento y las cosas, pero esa ruptura no se limita a los enfermos mentales; nosotros mismos, --los buenos—podemos experimentar un estado similar al de ellos cuando nos vemos obligados a cambiarnos a nuevos ambientes, y todavía no nos hemos adaptado a ellos. ¿Es de extrañar que un hombre llamado por la sociedad a servirla, en esas condiciones, desestime el objeto que se le presenta como aparece en el espacio físico, y por tanto, separado de toda conexión con la vida del grupo.?. Las viejas costumbres y distinciones sociales son inoperantes cuando estamos tratando, no con gente meramente aviesa, sino con personas que simplemente aprecian el valor de los objetos como se hace normalmente, dentro del marco espacial que estos lugares forman, y por eso semejan enfermos que propician una errónea apreciación de sus congéneres. Cuando el individuo no encuentra en el nuevo ambiente físico nada que les recuerde el hogar que han dejado, y los objetos no son propiamente colocados en su conjunto, puede suceder que nuestras imágenes habituales del mundo exterior las rebajemos al mismo nivel de bloqueo conque lo hace la represión en los enfermos.

No discuto, ni mucho menos, la ejemplaridad de Mario Conde; pero es que esa permanencia de la identidad cubana dentro de la memoria colectiva que Padura rescata, tiene sus luces y sus sombras, y estas últimas pretendo iluminar a partir de esos propios presupuestos en que se basa el concepto de memoria colectiva según su teórico mayor, Maurice Halbwachs (1877-1945, Campo de Concentración de Buchenwald, Alemania), quien nos explica que a ésta las fechas y los datos verídicos de la Historia no le interesan, sino que le interesan las experiencias verídicas por medio de las cuales se permite trastocar e inventar el pasado cuando haga menester, y se transforma a medida que es actualizada por los grupos que participan en ella. [ “Fragmentos de la Memoria Colectiva” M. Halbwachs, p 2, en Athenea Digital, num 2, Otoño 2002 ]

Si algo psicológicamente interesante tiene el libro de Padura, es que habla, aunque indirectamente, del metaproblema de la reconstrucción de la memoria colectiva. Lo que impide la reconstrucción de la memoria en nuestras circunstancias es la destrucción de sus marcos, temporales sobretodo, más que los espaciales, porque en todo caso el espacio se conforma de piedra inerte, pero el tiempo es más susceptible de destrucción a pesar de estar ligado indisolublemente al espacio, y esa condición le presta la característica peculiar de poder presentar al recuerdo colectivo objetos que únicamente nosotros hemos visto, porque ciertamente, no son muchos los que pueden darse el lujo de escapar a la influencia del espacio sobre el tiempo, y menos en esta hora de Cuba donde la fidelidad corre siempre el riesgo de ser interpretada como una rutina, y en que es tan habitual estar cada vez menos presentes en nuestras experiencias situacionales por falta de novedad de nuestros aconteceres:

“Lo que podríamos llamar la mismidad del Yo, [ ingrediente indispensable para fijar la memoria colectiva ]solo la descubre el Yo en la experiencia como novedad, y en referencia a experiencias pasadas” ---afirma el filósofo mexicano de origen catalán, Eduardo José Gregorio Nicol. (El contenido de la acotación es mío)[ “Psicología de las Situaciones Vitales” p 13 Colegio de México 1era Edición, 1941 ]

No son muchos los que pueden escapar a la influencia del espacio sobre el tiempo

Ni que decir tiene que la experiencia como novedad se cierra para el común de los mortales cuando se colige la idea del Tiempo por la del Espacio, en que los objetos se distinguen netamente unos de otros, pues entonces seguimos alienando en este medio homogéneo los estados en cierto modo nebulosos que saltan en un primer momento a la vista de la conciencia, pero no le hacemos caso.

El tratamiento calvinista del Mal no precisa del arrepentimiento de la persona para exonerarlo de la culpa porque significa, teológicamente, un protegimiento de la culpa en cadena de todos aquellos que se quieren ocultar de la evidencia de poseer un corazón endurecido. Y ese es el peligroso nexo que puede establecer con la floja condición de muchos buenos que son refractarios a creer que la fatalidad puede tener alguna solución, o que la condición del hombre pueda ser mejorada por la reeducación, pues esto puede hacer esperar que de alguna forma se relacionen a través de la indisponibilidad con la disociación seudo religiosa entre lo intelectual y lo vital.

Si no se da hipotéticamente ese nexo, ¿cómo es posible que se pueda plantear como un acierto irrefutable que la educación hoy en día no está interesada en el mejoramiento del hombre porque se basa en el apoyo al clan femenino nacional, con toda la parafernalia científica que propiamente lleva la palabra “clan”.? Este asunto yo lo desarrollé en mi ensayo “Un Aporte a la Teoría del Tótem del Dr. Sigmund Freud”, incluido en mi libro inédito “El Eros Revolucionario de la Razón Comunitaria”. Eso de ser “responsables de la Cuba que hoy hacemos”, será un slogan mientras no nos ocupemos de esto.

Vamos a dejar afuera a Mario Conde, que es personaje que no ha dicho aun de sí la última palabra; pero, ¿se puede negar que muchos de esos buenos se han dormido en sus laureles, y han perdido la característica del alma presente, o disponible, porque algo los persuadió a que disintieran cada vez más de aquello de que eran responsables? Pongo el ejemplo más ingenuo que conozco de lo que puede ser esa indisponibilidad, que independientemente de la justificación que pueda tener su comitente, no por eso dejó de ser en su momento una equivalencia vitieriana de lo indisponible. A Padura me lo encontré hace años una tarde cerca de su casa, mientras ponía a orinar a su perro en la calle; y cuando le pregunté qué le parecía la absurdidad de los premios Nicolás Guillén de poesía, que ese año había recaído en Sigfredo Ariel, me respondió sencillamente que él no entendía nada de poesía.

La crisis de la concepción poética del mundo no puede considerarse aparte de la crisis vital, y mucho menos que nadie lo debe desconocer un escritor tan popular. He ahí un ejemplo de indisponibilidad claro del hombre bueno que ignora, o parece ignorar que ser gran novelista le da una excusa para desconocer que la concepción de la poesía que se premia hoy en Cuba forma parte de los cambios actuales que representan una crisis. En su última novela hay dos líneas que hablan de este asunto muy someramente. El intelectual que no apure hasta las heces las crápulas de su país, no se realiza completamente, aunque no es el caso de Padura. Para espantar posibles dudas hay que aclara que la distinción entre presencia y no presencia no se reduce en forma alguna a la oposición entre el hecho de estar atento y el de estar distraído. “El oyente más atento, el mas concienzudo, puede darme la impresión de ser indisponible; no me aporta nada—nos explica el filósofo Gabriel Marcel—no puede hacerme realmente lugar en sí mismo, cualesquiera que sean los servicios materiales conque pueda [colmarme. En realidad hay una manera de escuchar que es una manera de dar; hay otra manera de escuchar que es una manera de rehusar, de rehusarse.” [ “El Misterio Ontológico” p 44 G. M. ]

Pero oigamos lo más grave que osó decir sobre este particular este preclaro hombre de otra época:

“Yo diría, para esclarecer todo esto, que el ser disponible es aquel capaz de estar todo íntegro conmigo cuando yo lo necesito; el ser indisponible es al contrario aquel que parece operar en mi favor una especie de atribución momentánea en el conjunto de los recursos de los que él está en situación de disponer. Para el primero, yo soy una presencia, para el segundo, un objeto. La presencia envuelve una reciprocidad que sin duda excluye toda relación sujeto-objeto. Y aquí un análisis concreto de la indisponibilidad no es menos necesario que el de la traición.” [ G. M. Ob.Cit. p. 45 ]

Yo, por mi parte, todavía no estoy en condiciones ni siquiera de relacionar a ese fenómeno con el de la traición, todo lo más que alcanzo es a suponer que ello es un aviso de que el hombre está empezando a percibir las esencias del mundo existencialmente, donde somos llevados a ver “el cuerpo como subjetividad encarnada intencionalmente—intención que es dependiente de la respectiva experiencia vital del individuo—y que reconstruye cosas dentro de un marco de mundo siempre presente, a través del uso de su preconsciente, entendimiento pre-predicativo de la estructura del mundo” [Maurice Merleau Ponty: “La Estructura del Comportamiento” p 203, Librería Hachette, Bs As, 1957 ]Ojo: Lo que escribí entre guiones es mío, el Sr. Ponty no es tan explicativo.

Saludos

Raúl Morín, 17 Agosto 2020, 10:30 PM

 

 

 


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