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Purple People Eaters: Cuando los Vikings dominaban la liga

11/07/2016 18:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El 18 de septiembre de 2016, durante la semana dos de la entrante temporada, los Minnesota Vikings estrenarán de manera oficial su nuevo y flamante hogar, el US Bank Stadium. Tras dos años de mudanza en el TCF Bank Stadium de la Universidad de Minnesota, los Vikings vuelven a tener estadio propio en el mismo lugar donde ya estuvo el antiguo Hubert H. Humphrey Metrodome. Entre las muchas maravillas que tiene esta nueva construcción, destaca el monstruoso techo trasparente que lo cubrirá y que permitirá tener la sensación de encontrarse en un campo exterior pero teniendo controladas las inclemencias climatológicas de la ciudad de Minneapolis.

El rival elegido por la NFL durante la composición del calendario para tal efeméride no podía ser otro que su archienemigo de división, Green Bay Packers, y el estreno no podía llegar en mejor momento. Tras cuatro años de dominio de los queseros, la pasada temporada Minnesota consiguió arrebatarles el título divisional con un último partido de alto voltaje en Lambeau Field. Luego llegó la Wild Card ante los Seahawks y los sueños de los Vikings se desvanecieron mientras el infame field goal de Blair Walsh se estrellaba contra la red de seguridad sin haber pasado entre palos.

La temporada se acabó para Minnesota y pese a la dramática manera de apearse de Playoffs, las sensaciones generales que dejó el equipo fueron buenas y ante todo esperanzadoras para los años venideros. El paso de los meses, con free agency y draft mediante, sólo ha hecho avivar la confianza sobre la prometedora plantilla y staff que tienes los actuales Vikings y sus posibilidades de, por lo menos, alzarse con el título divisional otra vez.

Adrian Peterson es la absoluta estrella de este conjunto. Pese a que ya ha superado la difícil barrera de los 30 añoss para los running backs, ha demostrado que sigue en plena forma. Su controvertida sanción durante 2014 no le ha afectado ni a nivel mental ni físico y pese a empezar la temporada con un ritmo algo abajo, fue tomando el pulso semana tras semana y acabó 2015 como líder de yardas por tierra con 1.485. Peterson es un valor seguro y si las lesiones la respetan deberá cumplir con su labor durante 2016. Pero el equipo debe descargar de presión y trabajo al running back si quiere que llegue con fuerza al momento álgido de la temporada y eso pasa por mejorar el juego de pase. La temporada pasada los Vikings fueron penúltimos en yardas por aire (2.928) y sobre todo dejaron la sensación que teniendo controlado a Peterson eran relativamente vencibles. Dentro de este factor a mejorar hay tres nombres que destacan por encima del resto y de los que puede depender el futuro inmediato de Minnesota: el quarterback Teddy Bridgewater y los receptores La'Quon Treadwell y Stefon Diggs. El quarterback, de perfil más bien calmado y poco mediático, es una de las figuras que mayor debate genera en la NFL. Algunos analistas ven mucho futuro en la inteligencia del primera ronda de 2014 y, aun siendo conscientes de su limitado brazo, creen que sus lecturas y elecciones pueden llevarle a ser top de la liga. Por otro lado, otros expertos apuntan a que se trata de un simple game manager sin capacidad de ser decisivo en momentos claves. Lo que es seguro es que dentro de la franquicia apuestan por él y técnicos y compañeros confían en que Bridgewater puede ser el líder de estos Vikings.

imageRespecto a los receptores, hablamos de un rookie de primer año y otro de segundo, pero con posibilidad de tener impacto inmediato en el equipo. El propio Diggs, receptor de alta velocidad, ya dejó grandes momentos en su primera temporada con sus 720 yardas reforzando su figura de arma profunda ante las defensivas contrarias. Treadwell, por su lado, es un perfil totalmente distinto al de Diggs. El ex de Ole Miss vio como en el draft otros tres receptores pasaron por delante de él cuando en muchos mock draft se le ponía como el primer receptor de la camada. Los Vikings finalmente apostaron por un jugador del que se comentan algunos puntos negativos para generar big plays (rapidez, rutas precisas, etc.) pero del que en cambio casi todo el mundo destaca que puede adaptarse rápidamente a la liga. Con buen físico, tamaño y manos seguras, Treadwell es un receptor estilo tigh end que puede ayudar en los bloqueos, ser una válvula de escape en pases cortos y generar verdadero peligro en la zona roja.

Pero con el permiso de Adrian Peterson y del triunvirato formado por Bridgewater, Diggs y Treadwell, la verdadera joya de los Minnesota Vikings es su defensa. No era para menos con un gurú defensivo en la banda como head coach. Mike Zimmer, con catorce años de experiencia como coordinador defensivo en la liga, tomó las riendas de los de Minneapolis en 2014 y, con la ayuda del coordinador de la zaga George Edwards, en un par de temporadas ha llevado a los Vikings a ser el tercer equipo que menos touchdowns recibió en 2015 (31). Griffen en la línea, Kendricks como middle linebacker y Harrison Smith como amo y señor de la secundaria, muy bien escoltado por notables cornerbacks como Rhodes o Newman, son el eje de una zaga que ha añadido cuatro perfiles defensivos más durante el pasado draft. La defensa es un fundamental para estos Vikings de quien, aunque hayamos vistos que sí cuentan con una serie de armas ofensivas, no se esperan tampoco fuegos artificiales ni puntuaciones demasiado altas. A los más viejos del lugar no les sonará extraña esta fórmula, pues fue la que durante la década de los setenta trajo la época dorada del equipo purpura.

Los Purple People Eaters

El premio al jugador más valioso de la NFL, reconocido por las siglas MVP, lleva entregándose desde 1957 cuando el running back de los Cleveland Browns Jim Brown fue elegido gracias a sus 942 yardas recorridas durante la temporada. En estos 58 años de historia de uno de los premios individuales más importantes del mundo del football, sólo ha habido un defensive tackle, seguramente la posición que menos miradas atrae sobre una campo de football, que se haya llevado tal mérito. Alan Page fue el alma mater de la defensa de los Vikings entre 1967 y 1978 y en 971 se llevó el MVP de la liga. Su influencia sobre el campo traspasaba los límites corrientes de su posición pero si bien sus cualidades eran incontables, nunca estuvo mal respaldado por la defensive line de Minnesota que aterrorizó los campos de la NFL durante la década de los setenta. Aquellos que tomaron prestado el nombre de una canción popular para niños de Sheb Wooley y fueron conocidos como los Purple People Eaters.

Al nombrado Alan Page se unían los defensive end Carl Eller (1964-1978) y Jim Marshall (1961-1979), y el defensive tackle Gary Larsen (1965-1974). Algunos de los datos que dimensionan la grandeza de esta línea defensiva son las diecisiete selecciones de Pro Bowl que los cuatro jugadores acumularon durante las siete temporadas que compartieron, con especial mención a la temporada 1969, donde fueron la única línea defensiva en la historia que ha sido seleccionada al completo con semejante reconocimiento. También el honor en la temporada 1975 (ya sin Larsen en el equipo), junto a los Eagles de 1991, de ser los únicos equipos que han liderado la liga en yardas defensivas, yardas defensivas de pase y yardas defensivas de carrera en un mismo año.

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El primer gran éxito de los Purple People Eaters fue llevar a la joven franquicia de Minnesota fundada nueve años antes a ganar el campeonato de la NFL en 1969 y acceder a su primera Super Bowl ante los Kansas City Chiefs. Era la edición IV de el gran partido y el Tulane Stadium de New Orleans fue el campo que viviría la final. La dominante defensa purpura camufló un ataque discreto durante toda la temporada (obtuvieron un modesto 16º puesto en yardas ofensivas durante la temporada regular), pero en el partido definitivo a los de Minneapolis les pasó factura su escaso poder ofensivo. Kansas City aprovechó las acciones donde la defensive line de Minnesota podía ser menos relevante y gracias a tres field goals del pateador noruego Jan Stenerud se distanció por nueve puntos. Otro touchdown de los Chiefs antes del descanso dejaba el partido en un difícil 16-0 para los Vikings que, pese a maquillar el resultado con una carrera de Dave Osborn, verían como Kansas City mataba el partido con un pase de 46 yardas de Len Dawson que Otis Taylor convirtió en el definitvo 23-7 que permanecería en el marcador.

Cuatro años tardaron los Vikings pese a su gran defensiva en volver a una Super Bowl. Sería en la edición VIII en el Rice Stadium de Houston y ante los Miami Dolphins del quarterback Bob Griese y el fullback Larry Csonka que volvían a la final de manera consecutiva después de haber ganado el campeonato el año anterior. La defensa de Minnesota seguía brillando de la mano de los Purple People Eaters, pero esta vez a diferencia de la temporada de 1969, la franquicia sí contaba con poderío atacante de la mano de Frank Tankerton. El quarterback de la universidad de Georgia fue elegido por los Vikings en el draft de 1961 y siempre destacó por ser un pasador con mucha movilidad por todo el backfield, un concepto que ahora estamos muy acostumbrados a ver con Russell Willson o Cam Newton, pero que en ese momento le ganó grandes disputas con el head coach Nor Van Brocklin que era partidario de un quarteback más estático y no de "The Mad Scramble" o "Scramblin' Fran", tal y como se apodaba popularmente a Tankerton.

La disputa acabó con Tarkenton en los New York Giants donde se consagró en la liga para ser repescado por los Vikings en 1972 en un costoso trade (tres jugadores y una primera y segunda ronda del draft) ya de la mano del que sería head coach de la franquicia dieciséis temporadas seguidas, Bud Grant.

Pero ni con Tarketon a los mandos, ni con los Purple People Eaters dominando la línea, los Vikings pudieron llevarse la Super Bowl VIII. El potente juego de carrera de Miami dejó fuera de juego ya desde bien temprano a Minnesota. Antes del descanso dos touchdowns a cargo de Csonka y Jim Kiick, más un fied goal de Garo Yepremian, adelantaban a los Dolphins por 17 puntos mientras Minnesota aún no había ni inaugurado el marcador. Antes que acabará el encuentro, Csonka anotó otro touchdown y el propio Tankerton acortó distancias con una carrera de 4 yardas. 24-7 para Miami que revalidaba título y Minnesota veía como se le escapa una nueva oportunidad, aunque la siguiente no tardaría mucho en llegar.

Al año siguiente, el 12 de enero de 1975 en el Tulane Stadium de New Orleans, donde los Vikings ya habían perdido la Super Bowl IV, se disputó una de las finales más defensivas pero a la vez más apasionantes que se recuerdan. Los Minnesota Vikings, que habían estado imponiendo su supremacía defensiva con los Page, Eller, Marshall, Larsen y compañía, se enfrentaban a la línea defensiva de los Pittsburgh Steelers que la historia acabaría bautizando como "La Cortina de Acero". Joe Greene, L.C Greenwood, Ernie Holmes y Dwight White eran los hombres que formaban la defensive line que el head coach Chuck Noll fue construyendo paso a paso desde su contratación en 1969 y que llevaría a los acereros a ser una de las dinastías más exitosas de la NFL consiguiendo cuatro Super Bowls. La primera de ellas, esa tarde de enero en New Orleans ante los Minnesota Vikings.

El poderío de las defensivas de ambos equipos se dejó ver desde bien pronto y el marcador solo se movió antes del descanso gracias a un safety provocado por la defensa de Pittsburgh sobre Tankerton. Ese 2-0 es el resultado más bajo que una jamás se ha vivido en una Super Bowl al llegar al descanso. En la reanudación, el fullback acerero Franco Harris corría nueve yardas para llevar el balón a la zona de anotación y Pittsburgh ponía el 9-0 en el marcador. En el último cuarto, con Minnesota arriesgando en busca de la machada, el intento de remontada llegó por la vía menos esperada. Con Pittsburgh hundido casi en su propia zona de anotación, Chuck Noll optó por un despeje para sacudirse la presión de la defensive line de Minnesota, pero el linebacker de los Vikings Matt Blair logró taponar el punt y el safety Terry Brown recuperaba el balón para poner el 9-6; posteriormente el kicker no consiguió anotar el extra point.

Pero a los Steelers no les temblaron las piernas y con un larguísimo y polémico drive de 11 jugadas, 66 yardas y 6:47 minutos de duración, lograron situar el balón en la yarda 4 de Minnesota para que el pasador Terry Bradshaw conectase con el tight end Larry Brown y finiquitase el partido con el 16-6 final. La frustración del head coach de Minnesota Bud Grant tras perder dos finales consecutivas se cebó con el estamento arbitral por varias jugas polémicas que hubo durante el partido.

Los Minnesota Vikings no pudieron alcanzar su tercera final consecutiva en la temporada de 1975. Gary Larsen, el defensive tackle de los Purple People Eaters, dejó la práctica del fútbol profesional y su lugar fue ocupado por Doug Sutherland quien ya entraba en la rotación del equipo desde que fue elegido en el draft cinco años antes y que finalmente se hacía con el puesto titular. La ajustada zaga purpura en ningún momento notó el cambio y fue en esa temporada cuando realizaron la temporada defensiva perfecta siendo líderes en yardas defensivas totales, por aire y por tierra. Pero como tantas veces ha ocurrido en la NFL, la inmaculada andadura en temporada regular, no tuvo su recompensa en Playoffs. Los Vikings se enfrentaron a los Dallas Cowboys en la ronda divisional y cuando quedaban 28 segundos de partido y los de Minnesota llevan 4 puntos de ventaja, el quarterback de Dallas, Roger Staubach, soltó un hail mary de 50 yardas que fue a parar a las manos del receptor Drew Pearson. La jugada estuvo rodeada de muchísima polémica a causa de una interferencia ofensiva que los Vikings reclamaron ferozmente pero que los árbitros no admitieron.

Fue en la temporada de 1976 cuando Minnesota volvería a la Super Bowl por tercera vez en cuatro años. En el Rose Bowl de Pasadena, la edición XI enfrentaría a los Vikings contra un rival de la costa oeste que se sentiría mucho más respaldado en el estadio de California. Los Oakland Raiders buscaban al igual que el equipo de Bud Grant la primera Super Bowl de la historia para la franquicia con el emblemático John Madden en la banda y Ken Stabler dirigiendo la ofensiva en el campo. Stabler había terminado la temporada regular con 2.737 yardas y tenía como principales armas a los receptores Cliff Branch y Fred Biletnikoff que habían sumado 19 touchdowns durante la competición.

Aunque el marcador no llegó a ser dramático, la verdad es que los Vikings jamás estuvieron cerca de llevarse el encuentro. Después de un primer cuarto donde lograron contener el feroz ataque de Oakland, antes del descanso los Raiders lograron dos touchdowns (uno de ellos sin convertir el extra point) y un field goal que pusieron el marcador 16-0 en el intermedio. De nuevo los Raiders anotaría un field goal en la reanudación y hasta el final del partido veríamos dos estériles touchdowns por cada lado que acabarían dejando el resultado en 32-14 para Oakland. Joe Madden lograba la primera Super Bowl de la historia para los Raiders y los aficionados de los Vikings veían como perdían por cuarta vez (tercera en cuatro años) el partido más prestigioso del mundo del football que hasta el momento llevaba once ediciones.

Cuarenta años han pasado desde aquella última Super Bowl de Minnesota y la oportunidad de hacer algo grande vuelve a estar en el aire. Las posibilidades pasan por la edición LI en Houston o especialmente la edición LII cuando el gran partido viajará a Minneapolis como recompensa por el gran trabajo realizado nuevo estadio de los Vikings. Pueden ser los dos últimos años de Peterson a alto nivel. Puede ser el momento en que Bridgewater se consagre como gran estrella de la liga. Puede ser que Minnesota finalmente levante su primer Lombardi y deje de extrañar con melancolía a aquellos emblemáticos Purple People Eaters.


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