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Teresa Da Cunha LopesMiembro desde: 11/12/11

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27/01/2018

El escepticismo político, tan particular de la juventud mexicana, no es conformismo. Más bien, responde a la desconfianza (real) en cuanto a que no tienen ninguna posibilidad de influir en una acción político-social secuestrada por la partidocracía

 

El enfrentamiento entre “cultura política” y “cultura científica”

Por Teresa Da Cunha Lopes

Morelia, Mich. 27 de enero 2018.- Los jóvenes no viven del pasado. Viven en una sociedad tecnológica y son (en su grande mayoría) integrantes (o en vías de lo ser) de una "cultura científica". Esto, imprime nuevas dimensiones a su actitud frente a la política, frente al trabajo y dentro de las nuevas formas de comportamiento social. Ahora bien, la "cultura política" vive del pasado, perpetuando en su narrativa elementos de una "cultura de masas" que es, particularmente, anti-científica y que no representa ya a los "nichos ecológicos" de la sociedad tecnológica.

¿Podemos (debemos) distinguir entre cultura de masas y sociedad tecnológica? Es evidente que la primera no existe sin la segunda. Por ejemplo, el uso masificado de las redes sociales es una necesidad inventada por la sociedad tecnológica y que está en el centro de la cultura de masas en el siglo XXI.

Sin embargo, existe otro nivel contenido en el concepto “sociedad tecnológica”, entendida como “cultura científica “, que no es democrática, aún y cuando lo parezca. Situación que produce roces, enfrentamientos entre la ciencia y la política, en escenarios que recuerdan las posiciones de las batallas ideológicas entre ciencia y religión de hace 3 siglos (véase, por ejemplo, el “mutacionismo” de movimientos políticos de derecha sobre la cuestión del cambio climático)

En consecuencia, de estas divisiones (que no solamente semánticas), podemos decir que la política, en cuanto “cultura política “es parte de la cultura de masas (en particular de lo que podríamos llamar una “cultura establecida”), transformada en grande espectáculo en el post era del “Homo videns”. Situación que las variantes de las líneas de “producción “de la era de la “Post-verdad” (Fake news / Fake politics), típicas del marketing político digital, solo han reforzado.

En la realidad, la “cultura científica” se mantiene como un campo, relativamente elitista y, por ende, en un enfrentamiento, casi lógico, con las estructuras organizadas de la “cultura política”, siendo esta última una componente de la “cultura establecida”, misma que no se desarrolla al mismo ritmo y velocidad de la “cultura científica”. En consecuencia, la “cultura científica” no hace parte del núcleo central del discurso político, ni se encuentra encuadrada en los procesos de escenificación de la política. Pura y simplemente es un “cuerpo extraño” en la visión de los partidos, de los políticos, del universo a que, comúnmente, en México llamamos: la partidocracia.

Así que, no es de extrañar (aunque sea de preocupar) la ausencia de una agenda científica-tecnológica en los programas de campaña, porque el político no entiende la sociedad tecnológica y, no tiene incentivo para hacerlo, ya que busca un voto o sufragio desconectado de la verdadera realidad, única y simplemente basado en la reacción de empatía, en la emoción que causa en el electorado, a través de la reproducción de los estereotipos de la “cultura establecida”

En consecuencia, los políticos mexicanos (no son los únicos) han olvidado que la política es la organización social de la convivencia - una convivencia que en el siglo XXI es formateada, organizada y sostenida por la masificación de la tecnología (como un producto de la generación de una “cultura científica”) - y la han sustituido por una versión "charra" del mito de Fausto, en que, el acceso al “conocimiento “fue sustituido por la religión del “marketing político “digital.

Así siendo, el hombre, animal político, frase de Aristóteles mal traducida como "animal social", habita en el siglo XXI la ciberpolis, que, nueva forma de "ciudad" sin constitución y sin estado, no le permite ser, ni libre en sus opciones ni participante en su “gobierno”. Le resta, entonces, participar en el rito de la emisión del voto y en la cultura de masas, cuyo campo de expresión de una oposición a la “cultura establecida” se reduce a las violencias digitales y a su identificación con “tribus virtuales” alternativas. Es natural, que rechacen quedar reducidos a esta simulación de "libertad"

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Es, en este contexto que debemos leer, intentar entender, el escepticismo político, tan particular de la juventud mexicana y, que se ha traducido por un abstencionismo sistemático en las urnas.

Este escepticismo no es conformismo. Más bien, responde a la desconfianza (real) en cuanto a que no tienen ninguna posibilidad de influir en una acción político-social secuestrada por una partidocracia, totalmente alienada de una “cultura científica”, de la cual (y en la cual), por su creciente integración en los subsistemas de la educación superior, de orientación científico-positiva y tecnológica, los jóvenes mexicanos (independientemente de su extracción proletaria, campesina o pequeño- burguesa) son parte y se reconocen.

O sea, los jóvenes mexicanos saben que, en la ritualización de una participación política reducida a la emisión del voto, no tienen la mínima posibilidad de decidir sobre las políticas, necesariamente disruptivas del “estatus quo”, relativas a la transición a una sociedad en que la Inteligencia artificial, la robotización, la nanomedicina, el cambio climático, la tranhumanización, el libre desarrollo de la personalidad, son las cuestiones urgentes. Pero, sobre las cuales, la clase política (y la partidocracia) no tienen ni un conocimiento mínimo (o apetencia por desarrollarlo) ni urgencia por integrar a los ejes estratégicos de la política nacional.

Ahora bien, en la cuarta globalización (y, los “millenial” lo saben mejor que nadie), lo que deberíamos estar debatiendo en plena pre -campaña serían las opciones sobre política científico-tecnológica, las ventajas y desventajas de las propuestas programáticas para efectuar una transición de acuerdo con la revolución de los sistemas de producción que nos viene arriba, como una consecuencia de la masificación de la automatización y de la masificación (difusión) de las nuevas tecnologías. Tal como ya lo expliqué en diversos foros (1) (y una que otra crónica periodística), en el proceso de la automatización se pierden puestos humanos de trabajo que son ocupados por robots y, por ende, esto impacta el sistema de financiación del Estado del Bienestar, en particular jubilaciones y prestaciones como acceso a sistemas de salud y de educación públicos y universales. El presente y el futuro de los “millenial” estará sometido a nuevas condiciones sociales, a nuevas relaciones jurídicas y a nuevas estructuras laborales. Lo que obliga a repensar políticas de seguridad social para aliviar la desigualdad, compensando los costos sociales por los efectos de la automatización en las estructuras laborales. Tal pasa, también, por el urgente debate de una nueva definición de la política fiscal.

Sin embargo, ninguno de los pre candidatos analiza las ventajas y desventajas de un gravamen sobre robots, o bien la necesidad de una reducción de las horas laborales y de la creación de un “rendimiento universal”. O sea, no existe un debate político en México (ni siquiera la percepción de su urgencia) sobre cuáles son las posibles alternativas de financiación del Estado del Bienestar en la “era de la robotización” y de la IA, Ni sobre los “futuros híbridos”, sus ejes, fuerzas motrices e incertidumbres.

Así que, si bien México ya está, en muchas áreas viviendo bajo el signo de los jóvenes y estos en una “cultura tecnológica “(imbuida de una "cultura científica"), la política vive bajo el signo de la senilidad y de la obsoleta “cultura establecida”, donde el cañón religioso impera sobre las leyes científicas. Entre las dos visiones de país solo puede existir o enfrentamiento o un mutuo desconocimiento.

Nota: (1) Ver mi conferencia  "Impuestos, Robots y Financiación del Estado del Bienestar", cuyo texto puede bajar de la dirección web https://www.researchgate.net/publication/320386581_Impuestos_Robots_y_Financiacion_del_Estado_del_Bienestar

 

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