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Hace 3d

Tras la surrealista conexión del 'procés' con los hackers rusos-venezolanos, el PP autentificando tal patraña intenta exaltar el “patrioterismo” para disipar con ello su procesamiento penal, a la vez de pervertir la seguridad nacional y mutilar así derechos fundamentales y calidad democrática

Tanto Mariano Rajoy como los miembros de su gabinete ministerial  y muy especialmente la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría como jefa máxima de los espías, días atrás daban  la  voz de alarma ante la "injerencia" rusa y venezolana en el  referéndum del 1 de octubre  y en la posterior aplicación del artículo 155 de la Constitución, en el contexto de una guerra cibernética desatada contra el gobierno español  con la expresa determinación de  mantener activo el  'procès'.

Estrambótica conjetura a la que intentan dar visos de realidad  aduciendo la  difusión    a través de la redes sociales, de mensajes manipulados en apoyo de las tesis independentistas, con la finalidad de influir  perniciosamente en la forma de pensar de un amplio sector de la población catalana, y el propósito de favorecer  las tesis preconizadas desde las filas  del nacionalismo.

Es decir, que a tenor de lo que sostienen los miembros del  Ejecutivo del PP, se desprende   que los piratas informáticos moscovitas caraqueños  no solo fueron  capaces  de propulsar al movimiento independentista en Cataluña, sino que están en condiciones  de facilitar igualmente  el  triunfo electoral  del bloque secesionista en los comicios del 21 D.

De ahí su empeño en dar visos de realidad  a  la tesis de la existencia  de unos  hackers ruso-venezolanos que actúan con la finalidad   de  romper España, y  ello,  a pesar de la ausencia de toda prueba que lo sustente, lo que viene a  delatar  que su intención no es otra que  crear artificiosamente la fantasía  de un enemigo  invisible obstinado en destruir  la democracia española, tejiendo a tal efecto   una red de fábula  con la que tapar realidades incómodas de las que paradójicamente son ellos mismos quien  desempeña el papel  protagonista.

Montaje de nula credibilidad, máxime    considerando  el  desmentido de la  unidad de la UE, (European External Action Service East Stratcom Task Force) encargada de escrutar  la propaganda rusa, e informar al respecto no haber  detectado en el desempeño de su actividad investigadora   ni una sola muestra de injerencia en la crisis catalana.

Falta de pruebas que fue utilizada  en el Consejo de Europa por la alta representante para la Política Exterior Europea, quien rechazó  de plano las presuntas injerencias y dejó sin efecto la aspiración del gobierno español en su intento de hacer coparticipe a los países miembro de la Unión de su fantasiosa e insólita invención.

Con la maquinada teoría de los hackers rusos y la pista venezolana, el PP trata de relegar a un segundo plano la violenta intervención policial del 1-O

Lo que verdaderamente se persigue con la maquinada  teoría de los hackers rusos y la pista  venezolana es colgarles a ambos el sambenito de amenazar  la unidad de España, con un doble propósito; de una parte, utilizar  tal supuesto como veraz  para así propiciar  la cruzada  orquestada, relegando con ello a un  segundo plano la violenta  intervención policial  del 1O,  que por mandato del Ejecutivo del PP se cebó de forma brutal con la ciudadanía y lograr así  difuminar   en propia ventaja tan degradantes hechos   del ámbito  de  la actualidad.

Y de otra  parte, utilizar el artificio que ellos mismos crearon como base argumental para demonizar el activismo digital y de este modo,   esgrimiendo la ciberseguridad como tapadera, lograr vía libre para que el  Gobierno de Rajoy  pueda regular a su antojo  la libertad de expresión en la red y con ello silenciar las voces disidentes, cercenando  toda posibilidad que la ciudadanía pueda seguir utilizando  las plataformas sociales como  vía libre de expresión y de defensa de sus derechos sin cortapisas  exógenas.

Para  así hacerse con el control del sistema con la  interesada colaboración  de los medios de información  masivos aliados a intereses corporativos y élites financieras, toda vez  que tras su camuflaje de apariencia, el   verdadero plan del PP persigue la  descapitalización  de  las redes sociales  para contrarrestar todo aquello que conduzca  a la reactivación  de  la democracia, el acceso al conocimiento, la lucha contra la corrupción, y la preservación  de las conquistas sociales en reflejo y  correspondencia   a los postulados de su  credo neoliberal  como partido.

Todo un agrupado de prohibiciones   que vienen a indicar  que circulamos a toda velocidad  y sin frenos hacia la consumación de un estado policial  cuya repercusión  reducirá a mínimos el marco de  libertades, propiciando con ello  que cualquier comportamiento, acción u opinión  que difiera del constitucionalismo de pantalla, sea conceptuado como malicioso,   aludiendo a falsificadas razones de seguridad nacional, para así poder escatimar  derechos a la protesta e intimidar a los protagonistas  con total facilidad.

Lo estrambótico  de este montaje y su carencia  de fiabilidad, contrasta con el turbio proceder  de  su guionista, que no es otro que el PP  , es decir,   el partido que por primera vez en España ha de sentarse en el banquillo por estar incurso en una causa penal por escándalos relacionados con 20 años de financiación ilegal que le enmarcan en permanente situación de dopaje

Un  enrevesado proceder que por si mismo además de invalidarle para el desempeño  de la función  pública  le quita  toda solvencia  a su hacer político por total detracción   de  su credibilidad; y eso es así, porque su capital   electoral  está viciado y contaminado hasta la médula por la nociva repercusión   de una  corrupción iterativa

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