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Hace 7h

En Fene, aquellos que todavía siguen confiando en la democracia como expresión libre de la voluntad popular, de cara a futuros comicios, deben estar expectantes, para no volver a confiar su voto a quienes no resultan ser digno de su recepción

Hace ahora tres años que el juzgado de lo contencioso administrativo de Santa Cruz de Tenerife anulaba una moción de censura en un Ayuntamiento de aquella Comunidad por entender que en parte, los promotores de la misma incurrían en situación de transfuguismo; matizando en la sentencia, que el Tribunal consideraba tránsfugas a aquellos concejales que contradecían los apoyos que en su día dieron a la constitución del gobierno municipal y al nombramiento del alcalde que luego fue objeto de la moción de censura.

Haciendo extensiva dicha sentencia al caso específico del Ayuntamiento de Fene cabe   argumentar que los miembros de la candidatura de -Somos Fene ( en Marea)- en la corporación municipal, tienen otorgada sin ningún género de duda   la condición de apóstatas, y por tanto, la moción por ellos refrendada estaría revestida de nulidad, y con idéntico criterio el candidato a Alcalde por el PP, estaría asumiendo "motu propio" el   papel de beneficiario de actitudes renegadas; algo éticamente indigno de un representante público que se precie de integridad.

Es decir, que se mire por donde se quiera, estamos ante un ejercicio de furtivismo institucional, pues incluso acogiéndonos al criterio que sostiene el Tribunal Constitucional al afirmar que « los representantes elegidos lo son de los ciudadanos y no de los partidos y que la permanencia en el cargo no puede depender de la voluntad de los partidos, sino de la expresada por los electores», aún así, cuando el divorcio entre realidad política y realidad jurídica, es más que ostensible, se ha de entender que igualmente incurren en deserción ética, los representantes que vulneran el vínculo de relación con sus electores, como resulta ser el caso; y por tanto su legitimidad para secundar una Moción de Censura está electoralmente cuestionada .

Tras 36 años de corporaciones democráticas, esta es la primera ocasión que la Moción de Censura invade el normal funcionamiento de la institución municipal fenesa, pero no por eso debe resultar extraña su entrada en escena a la vecindad del Ayuntamiento, pues basta con analizar la configuración de la actual corporación municipal, y los factores de dependencia laboral y económica que acompañan a buena parte de los corporativos; concejales, a los que protege el status de cargo representativo y les blinda de toda revocación.

Protección, que anacrónicamente otorga a estos   tránsfugas vocacionales, la indemnidad para pasarse de bando o traicionar a sus electores bajo precio o merced; verosímil probabilidad, habida cuenta de la flojedad moral de sus miembros y su total ausencia de vocación de servicio público.

Somos Fene, aquella candidatura cuyos miembros iban regenerar el ente municipal, ahora por su repulsivo transfuguismo resultan no ser de fiar

Si alarmante es, dejar de nuevo el gobierno municipal de Fene en manos de los artífices de haber destrozado las instituciones con su corrupción, mucho más pavoroso resulta comprobar   que quien a través de una Moción de Censura le facilita al PP el acceso al poder,    son concejales que pescaron su credencial de representación institucional en el caladero electoral de la izquierda, y que para mayor engaño, en los comicios municipales ilusionaban a la sociedad proclamando a los cuatro vientos justo lo contrario de lo que ahora está haciendo. Me refiero a los   “hablabarato” de Somos Fene, aquella candidatura cuyos miembros iban regenerar el ente municipal, y que ahora por su repulsivo transfuguismo ideológico resultan no ser de fiar.

En un municipio donde continuadamente desde la instauración de la democracia la izquierda en su conjunto sumó más votos que la derecha, como actualmente sigue ocurriendo; por aritmética electoral resulta imposible   que un partido como el PP que cuenta con el apoyo de un tercio escaso de los votos emitidos en las urnas, tenga posibilidad alguna de hacerse con el bastón de mando de la alcaldía, a no ser que se imponga la bastardía política sobre la dinámica democrática, de tal modo que los pactos contra natura y la confluencia de intereses privados y personales prevalezca sobre la voluntad popular.

Justo lo que aquí está ocurriendo con la artificiosa Moción de Censura, que secunda desde la “izquierda” municipal Somos Fene, quien desde la prestidigitación política, utilizando métodos puramente gansteriles, consiguió que el voto limpio y progresista depositado en su favor por los electores, se transmutara en las urnas  en la embemática gaviota del PP que ahora eleva el vuelo hacia la alcaldía del Ayuntamiento; un indecente proceder de los que van a la política para lucrarse de ella en una tentativa más que evidente de lograr que la indecencia se adueñe de la democracia para así poder campar a sus anchas.

El peor enemigo de la izquierda  en la localidad no es la disensión interna en sus filas, toda vez que el apoyo electoral hacia el progresismo se mantiene inalterable a pesar de las distintas sensibilidades que la conforman. Los verdaderos inconvenientes, son la imprecisión política, al igual que  la falta de integridad y honradez de una parte de su sector dirigente, extremo que queda probado con la vendetta consumada por Somos Fene contra la voluntad de sus engañados electores, así por la ambigüedad mantenida sobre la Moción de Censura por la cúpula del PSOE local, cuyos miembros a estas alturas sigue sin expresar su posición al respecto en contraposición a la actitud firme y consecuente mostrada por Podemos, IU y BNG que no solo proclaman su rechazo sino que exigen que sea retirada “ipso facto”

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