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Si los ejércitos quieren sobrevivir manteniendo a las mujeres en sus filas, los altos mandos deben olvidar la historia de la superioridad de género o hacer un lavado de cerebro colectivo a las fuerzas armadas

Hay un libro que narra, a través del testimonio de 40 entrevistas, la situación de indefensión de las mujeres norteamericanas que han militado en el ejercito de los Estados Unidos de America en las campañas de Irak y Afganistán, donde las denuncias por violación o acoso sexual se han incrementado un 25% (y suelen denunciarse solo un limitado porcentaje de las agresiones El titulo se titula “The Lonely Soldier: The Private War of Women Serving in Irak" (El Soldado Solitario: La Guerra Privada de las Mujeres Sirviendo en Irak), y la autora es la periodista Helen Benedict. En 1970, las mujeres soldados representaban el 1% de todas las fuerzas armadas de Estados Unidos. Hoy ese número ha aumentado aproximadamente el 15%, casi 200.000 en total. Uno de cada 10 soldados de ese país en Irak y Afganistán es mujer, y han luchado y muerto en la guerra de Irak más mujeres que en cualquier otro conflicto desde la Segunda Guerra Mundial, según estadísticas del Departamento de Defensa citadas en el libro.

El libro de Helen Benedict ha inspirado otro en Francia, donde la situación es también difícil para ellas. Se trata de la obra "La guerra invisible", en el que Leïla Miñano y Julia Pascual denuncian el tabú de los cientos de agresiones sexuales supuestamente cometidas en el seno de las instituciones militares galas.

Tanto que el ministro francés de Defensa, Jean-Yves Le Drian, prometió un plan para luchar contra el acoso sexual en el Ejército francés que endurecerá los castigos a los agresores, reforzará la prevención y la transparencia y extremará el apoyo a las víctimas.

La situación es tal que se pensó en crear una célula de acompañamiento a las víctimas y la inclusión específica del acoso sexual en el Código de Defensa y en el Código del Soldado, entre otras medidas.

El Ejército francés, profesional desde 1996, es "el más feminizado de Europa", con una tasa de mujeres del 15% frente al 10% de países como Alemania o Reino Unido.

Los servicios de salud del Ejército francés cuentan con un 59 % de mujeres, tasa que es del 20 % en el Ejército del Aire. En la actualidad, 19 de los 531 generales de Francia, son mujeres, lo que supone una proporción del 3, 5 % que se prevé aumente al 7 % en 2019.

Además, se revisará la "política disciplinaria" para sancionar la violencia sexual con los castigos más severos, que incluyen la expulsión de los agresores del Ejército, y se difundirán anualmente estadísticas de ese tipo de infracciones para mejorar la transparencia, indicó el ministro en la presentación.

"Lo primero es proteger", declaró a los medios de comunicación Le Drian, quien destacó que "hay que ayudar a las víctimas en sus gestiones y a los mandos en su acción".

El anuncio de este plan para mejorar la igualdad de género en el Ejército coincide con el anuncio de que, por primera vez, los submarinos nucleares franceses contarán con mujeres en su tripulación, lo que no podían hasta ahora por ley..

Tres mujeres oficiales participarán en un programa experimental que debutará con una formación en 2015 y les permitirá embarcar en 2017.

Eso es tan conocido que, hasta el Pentágono reconoce en sus propios informes el creciente problema de las agresiones sexuales contra las militares y no sólo en zonas de guerra. Pero hace todo lo posible para manipular la verdad. De ahí el  título del libro.

Un sondeo de la publicación American Journal of Industrial Medicine, editado en  2003 de más de 550 veteranas militares que sirvieron en las guerras desde Vietnam a la primera del Golfo, mostró que un 30% denunció haber sido violada o sufrido un intento de violación, mientras que un 79% se quejó de acoso sexual.

La muerte en 2005 de la mujer-soldado raso del ejército de Estados Unidos Lavena Johnson fue declarada oficialmente como suicidio por el Pentágono (ministerio de Defensa, DoD), pero continúa ejemplificando la violencia sexual que padecen las mujeres-soldado mientras sirven a su país. La autopsia de Johnson reveló heridas contradictorias con la versión oficial de “suicidio”, incluyendo abundantes quemaduras químicas que se cree fueron provocadas para destruir las evidencias de ADN dejadas por la violación. Es como una novela Sherlock Holmes pero patéticamente real.

El caso de la muerte de la LaVena marca una historia que a lo largo del tiempo se ha convertido en un problema insoluble. Seguiremos el caso en este informe.

A algunas mujeres-soldado, sus oficiales les advertían desde entonces que no fueran solas a las letrinas. Una de ellas comenzó a llevar un cuchillo consigo por temor a ser atacada en el cano por alguno de sus compañeros. Otras se sintieron desalentadas en cuanto a denunciar los abusos.

"Lo peor de todo es que es su propio bando el que hace eso", dice la autora del libro, Helen Benedict,   profesora de periodismo en la Universidad de Columbia, Nueva York.

Benedict dijo que el título del libro nació de la soledad ellas experimentan al tener que compaginar el trauma de sus deberes en combate y el acoso sexual. La autora comenta, "Es una situación especialmente trágica porque se supone que todos los soldados deben poder apoyarse unos en otros para cuidarse mutuamente, y resulta que los propios compañeros son los que realizan el acoso, o intentan una violación. El oficio de soldado empieza a ser peligroso y nada apetecible.  

Una de esas soldado, Marti Ribeiro, era sargento de la Fuerza Aérea, la tercera generación en su familia,   sirvió en Afganistán en 2006 como corresponsal de combate con la Décima División de Montaña, integrada en su totalidad por hombres. Su historia incluye la versión de un ataque y violación que sufrió a manos de un soldado en uniforme de campaña mientras estaba e guardia. Tras completar su turno y no bañarse para preservar las  huellas probatorias de la evidencia del ataque, lo denunció a sus superiores, y le  contestaron que si presentaba una queja, sería acusada de negligencia en el cumplimiento del deber por dejar su arma sin vigilar porque al sufrir el asalto se le cayó de las manos. Así que Marti ha pedido la baja del ejército.

El libro ha roto un largo silencio. Antes todas las acosadas o las violadas se callaban, ahora, el número de denuncias de ataques sexuales en el Ejército de EE.UU.  crecido un 8% en 2008 en un año y un12% en 2013 y más en Irak y Afganistán. En total se registraron 2.908 denuncias de ataques sexuales por  militares de todos los grados, que incluían violación, abusos deshonestos e intento de violación, según el informe.

Una nueva obra de teatro basada en el libro de Benedict fue llevada al teatro en Boradway y luego se organizó una gira por el país. Tras un reciente ensayo, mujeres-soldado abrazaban a las actrices que las interpretaban,   algunas de ellas llorando.

 

Cynthia Smith, una portavoz del Departamento de Defensa, dijo que el departamento se había comprometido a eliminar los abusos sexuales de las Fuerzas Armadas a través de la prevención y políticas de reacción y eliminando los obstáculos para denunciar los ataques. Pero estos siguen al mismo ritmo de antes.

Benedict y algunos investigadores dicen que las cifras que publica el Gobierno de Estados Unidos son mucho más bajas que las del libro porque Washington sólo ha contabilizado los acosos de aquellas valientes que los han denunciado. Los que no se han denunciado siguen en silencio.

El reciente caso de un militar y abusador sexual, el general de cinco estrellas, Jeffrey Sinclair, de apellido además ilustre, ha servido para que el pueblo raso se dé cuenta de lo que está pasando en su ejército. El acuerdo verbal de un juez militar del estado de Carolina del Norte con el Fiscal, mediante confesión e información ha hecho que el tribunal  admita la confesión de culpabilidad por varios cargos menores del general, con la contrapartida de que la fiscalía se conformase a retirar los cargos más graves por presunta agresión sexual a una capitana bajo sus órdenes.

Como en las películas de Hollywood, es un acuerdo o cambalache legal según el procedimiento penal norteamericano para evitar un escándalo nacional. No hay duda que el Pentágono es un estratega también en lo sexual. Y que defiende a los abusadores.

 

El general Sinclair enfrentaba acusaciones por abuso sexual a su subordinada, quien denunció que su superior la obligó a practicar sexo oral en dos ocasiones cuando ambos estaban en Afganistán en 2011, además de amenazarla de muerte a ella y a su familia si denunciaba su relación extra legal. Es lamentable que tras relaciones sexuales bajo amenaza se terminen en un atestado en que “el militar sólo admitió haber llevado a cabo actividades impropias de un oficial y un caballero". Todos los demás cargos fueron retirados, según informó The Washington Post. Aquí no ha pasado nada.

Al desestimarse los cargos más graves por asalto sexual, la condena a cumplir por Sinclair se limitará a una multa de unos cientos de miles de dólares y cumplir  la pena que le imponga el ejército y el general, en lugar de los 21 años que le corresponden, una injusticia para cualquier código de justicia militar de un país democrático. Richard Scheff, abogado de Sinclair, dijo que espera que su cliente pueda salir como un hombre libre acusado sólo de haber tenido "relaciones impropias" con una subordinada y pueda volver a casa con su familia". El portal de noticias Fox News rescató la aberrante noticia..

Cabe destacar que los juicios a oficiales de alto rango en el ejército de Estados Unidos no son corrientes debido a la barrera de la jerarquía militar,   denunciada muchas veces como un factor decisivo para que delitos sexuales ocurridos en el interior de las Fuerzas Armadas no sean denunciados.

El caso del “suicidio” en Irak de la mujer soldado de 19 años, LaVena Johnson es el Proyecto Censurado incluso por la Casa Blanca

El Pentágono ha intentado siempre intimidar a reporteros y redactores que han escrito historias sobre Johnson, uno más entre la veintena de casos en que soldados del sexo femenino han muerto en circunstancias sospechosas. Las muertes misteriosas coinciden con un aumento de la violencia sexual contra mujeres-soldado.

Según el DoD (Alto Mando), en 2010, hubo en total 3.158 informes de acoso o intento de agresión sexual en los cuarteles militares, pero los especialistas estiman que este número representa sólo el 13, 5% de los asaltos reales, porque el número total de violaciones y agresiones sexuales militares se calcula en unos 19.000 al año.

Desenterró la noticia  del “suicidio” de la soldado Johnson originalmente  el periodista independiente John Lasker, de Columbus, Ohio, en Towards Freefom (Hacia la Libertad),   de julio 2011. La información fue considerada por algunos periódicos como una historia “amorosa y romántica”, aunque Lasker habla de una historia desconocida, cobarde, abusiva, sórdida y mucho más amplia, imposible de encontrar y conocer por los lectores de los grandes medios de información

El Research Institute de Filadelfia (CCIRI), que se dedica a la investigación independiente,   estudia el caso, para que se convierta en un hecho histórico  vergonzoso

Lasker quiere que lo conozca el gran público con mucho detalle y después de la de LaVena contará la historia y las muertes misteriosas de otras mujeres soldados negras o blancas mientras “servían a la patria” en Afganistán e Irak.

El CCIRI, que antes investigó los asesinatos de Tupac Shakur (desaparecida en 1996, caso archivado) y Levy Chandra (pasante del Congreso, sin noticias de ella desde 2001), y la organización no oficial dispone de sus propios peritos balísticos y detectives y un psicólogo experto en suicidios, todos capaces de echar una buena mirada al archivo de la investigación militar o al que sea y estudiar las fotos de la autopsia. Todos  mantienen serias dudas de que LaVena se quitara la vida a los 19 años.

Si hacemos un examen de los 'suicidios' y muertes accidentales en todos los ejércitos comprobaremos que los libros de texto castrenses mienten

“No hay duda de que la conclusión de suicidio de la investigación oficial significa -para Sheryl McCollum, directora del CCIRI -que el alto mando militar tiene graves problemas con muchos casos”, dijo. “Porque si existe el menor indicio de asesinato, el Pentágono no puede invocar automáticamente un suicidio…Y caso cerrado”.

El Pentágono controla los medios y será un imposible publicar a verdad del asesinato de LaVena

Mientras el CCIRI tiene el coraje de enfrentar este potente encubrimiento militar, medios importantes, como CBS News, 60 Minutes, y ABC News, intentaron informar sobre la muerte de LaVena, pero se echaron atrás respecto a la transmisión o publicación de la historia, a pesar que CBS y ABC gastaron miles de dólares en el envío de varios equipos de reporteros a la casa de los Johnson y entrevistaron a su familia. La publicación  “60 Minutos” también pagó para que el cuerpo de LaVena fuera exhumado para una segunda autopsia, de acuerdo con su padre, el Dr. John Jonson, de St. Louis.

“Nadie va a poder  tocar la historia de LaVena ni con un palo de tres metros”, dijo el Dr. Jonson, aludiendo a las empresas editoriales dueñas de los grandes medios de comunicación. El Pentágono tiene agarrada financieramente (es decir, por la tripa) a la industria mediática con la amenaza de retirar la publicidad del ejército de los canales que se atrevan, explicó el padre de la joven-soldado  asesinada.

“Es seguro que los militares no querrán admitir que mujeres-soldados negras son violadas y asesinadas, tanto  como o más que las blancas, porque el Pentágono enfrenta serias dificultades para contratar y retener en las filas sobre todo a las mujeres de color, con mandos blancos”, dijo a “Towards Freedom“. Sería devastador para el reclutamiento difundir historias auténticas, en los medios de comunicación más importantes, sobre mujeres soldados negras  violadas, ahora que hay frentes de guerra nuevos abiertos contra los yihadistas e Irak, el Kurdistán y Siria”.

El Pentágono ha tratado también de intimidar a todos los reporteros y editores que trabajen en reportaje sobre LaVena. Asunto de interés nacional, según Defensa. El magazine Essence, por ejemplo, fue amenazado con la devolución al Pentágono el reclamo de los dólares pagados por  publicidad militar si lanzaba al público un reportaje sobre LaVena. La revista cedió ante el Pentágono contando una historia aguada que los editores justificaron por la supervivencia del magazine que se doblegó sólo para evitar la pérdida de la publicidad militar. Justamente, se recurre a la publicidad para conseguir reclutas más jóvenes como LaVena entre las mujeres negras.

“La familia de LaVena se esfuerza por crear conciencia acerca del caso de una hija que quería servir a su país y vivió para ayudar a otros”, escribió Lasker. El ejército de Estados Unidos era su destino, dijo su padre. Ella era del ejército en tercera generación, así que su familia no se sorprendió cuando a la ex-violinista estudiante con honores que era, se le destinó a Irak en 2005.

Según la versión del ejército, a pesar que LaVena siempre mantuvo una actitud positiva, pero el 18 de julio 2005 su espíritu dio un vuelco tremendo. Esa tarde, dicen los militares, su nuevo novio de hacía dos meses, rompió con ella por correo electrónico desde su casa en Kentucky.

Bueno, lo que sigue en la versión castrense es fácil de imaginar: dice que entró en una tienda vacía de Kellogg Brown and Root (KBR), constructora filial de Halliburton, la incendió con aerosol y “tranquilamente” se suicidó con su M16 reglamentario después de comprar varias botellas de gaseosa. Ésta fue la versión militar oficial. Caso cerrado.

Pero cualquier lector dudaría si supiera que 24 horas antes LaVena había hablado con su madre por teléfono, vía satélite, para anunciarle que le habían dado un permiso y pasarían juntas la Navidad. “No decores el árbol sin mí”.terminaba la comunicación. .

Pero hemos contado primero la historia de las mujeres-soldado del ejército norteamericano porque los casos doblan o triplican los de otros países, porque EE.UU. mantiene hace años una guerra sin fronteras y porque necesita a muchas mujeres en filas y el número de mujeres soldado supera a todas las demás potencias o no tanto

 

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En el lamentable caso de la Capitán Zaida Cantera, la Justicia Militar española es la queda en entredicho

La capitana Zaida Cantero tuvo la desgracia de ser objeto de acoso sexual por parte de un superior. En lugar de callarse, que es lo que los acosadores esperan de sus subordinados, llevó a los tribunales al acosador, que fue castigado a dos años y diez meses de prisión por “abuso de autoridad”. Los abusos sexuales no están como tales, tipificados, ni contemplados en el Código Penal Militar.En todo caso se encuadran como abusos de autoridad.

Sin embargo, la actitud de Zaida de exigir justicia fue el inicio de una campaña de hostigamiento por parte de sus colegas . Hasta el punto, que llegaron a promover contra ella un proceso penal por delito de deslealtad, basado en algo burocrático como su supuesta manipulación en la fecha de un documento de solicitud de un permiso  que ella solicitó. La gravedad de la acusación pone en evidencia la persecución desatada contra ella. El caso fue estudiado como constitutivo de delito, y se incoó un expediente disciplinario por deslealtad, en base a los mismos hechos.

Por otra parte, la Capitán Cantera, que siempre negó haber manipulado la fecha del documento, recurrió contra el auto de archivo, dado que podría ser utilizado en su contra en el expediente disciplinario. En la vista del recurso no puedo demostrarse que había manipulado el documento, aunque paradójicamente, quedó en evidencia que alguno de sus mandos había falsificado su firma en el documento en cuestión.

Su expediente disciplinario hubo de cerrase limitado a falta leve. Había que castigarla de todas todas, aunque las acusaciones no se hubieran podido demostrar. Había sido desleal al mando, en todo caso.

La capitán Cantera denunció entonces a los mandos implicados en la falsificación de la firma y a los superiores de éstos en la cadena de mando por reiteradas muestras de hostilidad y acoso. El caso de tramitó a la velocidad de la luz (forzando las garantías procesales), dado el interés del mando en dejar la vía expedita para el ascenso del General de Brigada Pardo de Santayana, uno de los denunciados. El proceso y su consiguiente revisión por el Tribunal Militar Central concluyeron que no había habido tal acoso. Pardo de Santayana fue ascendido a General de División en el inmediato Consejo de Ministros.

La capitán Cantera, debilitada hasta la extenuación por tan desigual batalla que la condujo a un precario equilibrio psicológico, humillada y apealada, ha solicitado su baja definitiva del Ejército por pérdida de aptitudes psicofísicas. Parece que hasta en eso, sus mandos quieren un escarmiento y le niegan tal posibilidad, forzándola a una baja por motivos personales. Añaden a la humillación sufrida la condena a una salida vergonzosa del Ejército, sin derecho económico alguno.

El caso de la capitán Cantera ilustra bien algunas de las gravísimas deficiencias de las Fuerzas Armadas Españolas. El sistema jerárquico militar, indispensable para un adecuado y coherente funcionamiento de la maquinaria militar en combate, se utiliza impunemente para encubrir, entre otras cosas, los más atroces abusos y violaciones sobre los derechos y libertades de los ciudadanos que la integran. Esta verdad ha sido puesta de manifiesto en toda su crudeza por el Teniente Segura, sancionado por la publicación de su ya famoso “Un paso al frente”.El joven teniente acaba de abandonar su huelga de hambre en señal de protesta.

Resulta para todos una evidencia que el ambiente militar fomenta el alarde de testosterona. Como también se conoce la secular tendencia a abusar del poder, troquelada a perpetuidad en la conocida sentencia “mando que no abusa, se desprestigia”. No quiere ello decir que todos los militares sean machistas ni que todos los mandos abusen de su poder. Pero aquellos que lo hacen, encuentran un campo abonado para sus desmanes, realimentado además por un corporativismo culpable, que tiende siempre a exculpar a los compañeros. La combinación de todos elementos resulta letal para los subordinados que sufren un abuso o denuncian un acto de corrupción, siempre por el conducto reglamentario.

Y en el campo de los sistemas penal y disciplinario, que deberían ser los instrumentos para corregir estas gravísimas deficiencias, están  más bien concebidos  para reforzar la jerarquía y la obediencia que para asegurar el respeto escrupuloso de las leyes por parte de toda la escala jerárquica. La impunidad impregna todas las estructuras militares como un pegajoso manto de oprobio y culpa compartida.

La Justicia Militar y su Régimen Disciplinario necesitaban de una puesta al día urgente. Ambos proyectos de reforma han sido cocinados en el seno de los cuarteles. Por supuesto, militares de alta graduación. Y aunque suponen un marcado paso adelante en la adecuación a la Ley de Derechos y Deberes de los miembros de las FAS, traslucen su obsesión por sostener la disciplina militar por encima de cualquier consideración sobre los derechos y libertades civiles de sus miembros y sobre los derechos de las víctimas de las actuaciones militares. Definitivamente, sus redactores no han entendido el sentido de la democracia y del respeto a los derechos humanos. El mantener bajo la tutela de la jurisdicción militar las actuaciones indebidas de los militares en estos ámbitos es la mejor manera de garantizar la limitación de las responsabilidades de sus mandos, descargando al tiempo todo el peso de una ley especialmente rigurosa sobre los subordinados indefensos. Y si algún rebelde se revuelve, como ha hecho la capitán Cantera, la jerarquía dispone de otras vías para hacerle la vida imposible sin tener que dar más explicaciones.

El Proyecto de Ley de Régimen Disciplinario, permite al mando la privación de libertad de un subordinado en un proceso sin garantías de imparcialidad. Pero aún más graves son las trampas del Proyecto de Ley del Código Penal Militar (que consagra, bajo la aparente modernidad de introducir los delitos contra la indemnidad sexual de los militares, el hecho relevante de que seguirán siendo juzgados por tribunales militares. Es decir, se pretende perpetuar la misma pringue que antes mencionaba. ¿Por qué no se encarga la justicia ordinaria de juzgarlos, siendo bienes constitucionalmente protegidos?

 

Los representantes de la soberanía popular en tratar de meter en cintura a la jerarquía militar, eliminando de una vez por todas los tribunales militares o limitando su actuación a los delitos estrictamente militares, cometidos por militares contra las propias fuerzas armadas en tiempo de guerra. Todo lo demás, incluyendo crímenes de guerra, en que las víctimas son ajenas a las propias fuerzas, deben ser materia de la justicia ordinaria, tal como vienen insistiendo diversos organismos internacionales. El Consejo Económico y Social de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas ha establecido, en su Conjunto de Principios para la Protección y Promoción de los Derechos Humanos Mediante la Lucha contra la Impunidad, que la competencia de los tribunales militares deberá limitarse a las infracciones de carácter específicamente militar cometidas por militares, con exclusión de las violaciones de los derechos humanos, las cuales son competencia de los tribunales nacionales ordinarios o, en su caso, cuando se trate de delitos graves conforme al derecho internacional, de un tribunal penal internacional o internacionalizado.

Esto -según comentaristas veteranos-es la consecuencia de la herencia de mando militares de mentalidad franquista, que no han querido ni se le ha estimulado a asumir los valores democráticos. Y de los partidos del régimen de la Transición que se han sucedido en el poder, que han consentido que este buque navegue a su antojo, sin control ni fiscalización de nadie, convencidos del valor seguro de disponer de un aparato militar monolítico, gobernado por una jerarquía demasiado cercana a los intereses de los poderosos.

No es de extrañar que aparezcan, cada vez con más frecuencia, denuncias de corrupción o abusos, que desmienten el sambenito de unas fuerzas armadas modelo. La sordina consentida por los poderes públicos no va a ser capaz de acallar el clamor contra una jerarquía militar que considera a las fuerzas armadas como su feudo particular y a la tropa como siervos. ¿Para cuándo un sistema que permita la denuncia de abusos contra los derechos y libertades y contra los derechos humanos al margen del conducto reglamentario?

Y este es un serio aviso a navegantes para todas las mujeres militares: para el nuevo sistema penal militar en desarrollo, lo importante en un caso de violación o abusos sexuales no serán tales, sino si ha habido insubordinación o abuso de autoridad, porque se trata de mantener la disciplina, no de proteger a las víctimas.

En enero de 2014, el Parlamento de Marruecos aprobó modificar el artículo 475 del Código Penal, que permitía a un violador eludir la justicia si se casaba con su víctima.

Se trata de un paso dudoso, menos sexista de la vía del harem anterior, pero continúa siendo necesario modificar otros artículos del Código Penal relativos a la violación, para garantizar la protección de las víctimas y terminar con la discriminación. Quedan muchos obstáculos por recorrer para que la legislación marroquí proteja de verdad a las víctimas de violencia sexual y ponga fin a la discriminación. Las víctimas  tienen que pasar por el sufrimiento de ser obligadas a casarse con su agresor. El ejército marroquí no cumple los estándares internacionales según amnistía Internacional. Hechos sexistas lamentables llevaron a varias jóvenes al suicidio, entre ellas a Amina Filali, de 16 años, cuyo suicidio inspiró este cambio. Algo similar al caso Lavena Johnson de que hemos hablado.

 

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