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Hace 6d

Las multifunciones de las 60.000 especies de algas son infinitas desde la fabricación de biodiesel no polucionante hasta la alimentación de los más pobres de la humanidad. Y ahora se le busca como remedio contra el cambio climático

El alga -de la que hay 60.000 especies conocidas- generalmente de nombre científico en latín, aunque las más corrientes en el Cantábrico, por ejemplo, son el alga parda y el alga la roja, siendo la verde una advenediza (de la que hablaremos) -que en general- no es dañina.

¿Está en el mar el porvenir de la humanidad? Las aguas de los océanos cubren el 70% del planeta Tierra lo que ha permitido, en el sistema solar, el desarrollo de la vida y las plantas marinas que producen el 90% del oxígeno que respiramos. El mar es la mayor reserva de proteínas que nutren las células de los privilegiados en cuya lista falta una mayoría de la población del globo, el mal llamado Tercer Mundo, que cada vez es más submundo. El Cuarto Mundo.

A las algas vamos a tener que tomarlas en consideración porque según un informe de la ONU, estos seres del mundo marino pueden solucionarnos el problema del cambio climático. Naciones Unidas asegura que si hacemos el bien a los océanos, ellos nos pagarán con la misma moneda. Es decir, mantener sana la vida marina (el plancton, los pastos marinos, los manglares…) ayudaría a absorber de forma natural los gases de efecto invernadero.

Los científicos siempre están  intentando ver la manera podrían reducirse los gases de efecto invernadero. Nuestros lectores conocen muchos de los descubrimientos recientes, que van de lo más inesperado, como los biocombustibles de algas, a lo más controvertido, como el etanol el cambio climático o medioambiental en Venecia del que hablaremos luego.

Un documento, presentado en Suráfrica durante un foro, plantea bajo el título Carbono Azul: el papel de los océanos saludables en la captura de carbono, señala que los ecosistemas marinos capturan una cantidad de dióxido de carbono equivalente a la mitad de las emisiones anuales del sector del transporte a nivel mundial.

Un estudio del Instituto de Medioambiente de Potsdam (Alemania) alerta sobre la amenaza que el cambio climático significa para el oxígeno de los mares, vital para muchas especies acuáticas.

Matthias Hofman y Hans-Joachim Schellnhuber, científicos responsables de la investigación, simularon lo que ocurriría con los mares, si durante este siglo las emisiones de dióxido de carbono siguieran aumentando como lo han hecho hasta ahora.

Los investigadores concluyeron que en la zona del ecuador, entre los 200 y los 800 metros de profundidad, el oxígeno apenas podría llegar debido a la acidificación de los mares, que absorben el dióxido de carbono de la atmósfera.

Datos recientes indican que en el último siglo el índice de pH (que mide la acidez) de la superficie marina cayó de un 8, 2 a un 8, 1. Cuanto menor es el índice, mayor es la acidez; siendo el pH 7 el índice neutro.

Si las personas siguen vertiendo dióxido de carbono en los mares y océanos, y el índice de pH se reduce en torno a un 0, 7, las consecuencias que se desencadenarán serán nefastas.

En los océanos más ácidos, las reacciones químicas provocan que haya en el agua menos cantidad de carbonato de calcio, esto origina el esqueleto calcáreo de los corales y muchos pequeños organismos que nadan libremente.

Asimismo, al haber en un mar ácido menos calcio para los bancos de algas, todo iría en perjuicio de las algas y se extenderían otras especies de plancton vegetal, que por ser más livianas se hunden mucho más lentamente que éstas después de muertas.

Este fenómeno conduciría a un debilitamiento del denominado “corazón de carbono biológico”. Si los corales mueren y con ellos otros organismos, los compuestos de carbono de las profundidades marinas aumentan aproximadamente cien mil millones de toneladas al año.

Por eso, las bacterias tendrían mucho más tiempo para debilitar todo el plancton muerto en las capas de agua superiores, lo que implicaría que se agotara el oxígeno en esas zonas.

La mayoría de las algas verdes no venenosas se extienden a la largo de las aguas del planeta, abarcando desde los trópicos hasta los polos.

Sobre esta variedad, un equipo internacional de investigadores ha hecho avances sobre la decodificación de su genoma. Esto implica que los genes que habilitan a las algas a capturar el dióxido de carbono (CO2), habrían sido detectados y posteriormente decodificados; este estudio divulgado en la revista Science, permite ver la llave que mantiene el equilibrio químico de los océanos.

Según los expertos, dichas algas miden menos de un micrón de diámetro, y son capaces de almacenar CO2, luz de sol, agua y nutrientes, de lo cual producen glúcidos y oxígeno.

La causa de que ellas sean el objetivo de esta serie de análisis, proviene según los científicos de su productividad como fuente significativa de nutrientes marinos y la capacidad de captar CO2; provocan que jueguen un rol trascendental en el cambio climático.

El genoma del alga verde ya ha sido decodificado

Igor Grigoriev, científico del Joint Genome Institutes, responsable de la investigación explicó: que el alga “Micromona es representativa de un grupo (…) de algas verdes cuyos genomas fueron objeto de la mayor cantidad de decodificaciones”; “Con estos cuatro genomas decodificados, dos de Micromonas y dos de Ostreococcus, podemos observar características en la organización de los genomas así como la diversidad entre los diferentes organismos en este grupo”.

Dicho código genético, según los autores de este experimento, contendría información acerca de cómo la fotosíntesis transforma un planeta estéril en la Tierra que conocemos.

Las algas que pueblan los canales de Venecia estaban vistas hasta hace poco como una plaga debido al mal olor que causa su acumulación- en un recurso natural rentable, un proyecto del puerto de Venecia pretende utilizarlas para producir energía eléctrica.

Según lo informado, la idea está patentada por la empresa norteamericana Solena Group. Ésta le ha dado la concesión en Italia a la sociedad Enalg, que desarrolla el proyecto junto al puerto de Venecia. La energía que esperan obtener podría llegar a representar hasta la mitad de la que consume la ciudad.

Se prevé instalar la central, que no producirá emisiones, en el complejo de Porto Marghera, una zona industrial a unos 20 kilómetros de Venecia. Los técnicos a cargo aseguran que sólo se necesitan dos años para construir la planta, pero el proyecto todavía está en su primera fase porque aún no tiene la autorización municipal.

Los 40 megavatios de electricidad que se generarán, darán solución al mayor problema ambiental del lugar: los cruceros que atracan en la laguna de Venecia. Cuando el proyecto se haga realidad, estos barcos deberán mantener los motores apagados mientras se encuentren detenidas y usar solamente la energía limpia derivada de las algas.

 

120.000 toneladas anuales de microalgas se han cultivado en cilindros de plástico con agua y anhídrido carbónico, y después se las desecará. Una vez secas, se introducirán en una centrifugadora y se les aplicará un calor superior a los 4.000 grados. Esto provocará una disociación de las moléculas de la biomasa, que dará lugar a la obtención del gas necesario para hacer funcionar la turbina generadora de energía.

Los residuos gaseosos de la combustión serán reutilizados como nutrientes en los cilindros para el cultivo de algas, y la sílice natural que también se obtendrá en el proceso se usará en la industria y en la construcción. Por lo tanto, la producción de la planta será totalmente limpia.

La medicina tiene un campo abierto para experimentos innovadores con determinados tipos de alga

Todas las algas que se utilizarán en la central serán del Adriático. Esto se hace para evitar el riesgo de desequilibrio ecológico en caso de que, por un error, alguien las viertia en mar abierto.

Investigaciones sobre el uso de algas para capturar dióxido de carbono están cambiando la percepción negativa de esos organismos, considerados por muchos hasta hace poco como una plaga asociada a la contaminación agrícola.

Los estudios del medioambiente sobre las emisiones nocivas en los mares, es vital para muchas especies marinas. El alga puede salvarlas

La proliferación de algas se consideraba como una consecuencia indeseable del abuso de agroquímicos, cuyos resultados inmediatos eran pestilencia, irritaciones cutáneas y la muerte de la fauna acuática, en especial marina, por falta de oxígeno. Científicos de un instituto marino de Berlín acaban de demostrar que esa mala fama de las algas era un error no intencionado.

Ahora el potencial de esos organismos para absorber uno de los gases de efecto invernadero, causantes del recalentamiento planetario, puede resultar clave para evitar catástrofes ambientales. Como los vegetales, las algas consumen carbono durante la fotosíntesis.

"Tomamos algas del océano, las instalamos en recipientes plásticos en invernaderos, donde las alimentamos con dióxido de carbono emitido por generadores eléctricos convencionales”, explicó en una entrevista el biogeólogo Laurenz Thomsen, de la Universidad Jacobs, en la ciudad alemana de Bremen.

“Expuestas a la luz solar, las algas transforman el dióxido de carbono en biomasa que puede ser utilizada después como biodiésel, cuya combustión no emite gases invernadero", añadió.

El Greenhouse Gas Mitigation Project (GGMP, Proyecto de Mitigación de Gases de Efecto Invernadero) está coordinado por Thomsen, en cooperación con la Universidad Superior Politécnica, también de Bremen, el Instituto Alfred Wegener para la Investigación Marina y varias compañías, como el proveedor europeo de electricidad E.ON.

El carbono transformado en combustible orgánico limpio

Thomsen bautizó "Algenreactor" (reactor a base de algas) al pequeño invernadero experimental instalado en la Universidad Jacobs, donde las algas transformaron el carbono en combustible orgánico. El proyecto todavía funciona en fase experimental, produciendo hasta ahora medio litro de biodiésel.

"El diésel que refinamos aquí es absolutamente orgánico. Satisface las normas europeas. Confío en que podremos pasar a una fase industrial en los próximos meses", agregó Thomsen.

Fritz Henken-Mellier, director de la central termoeléctrica de Farge, situada en las afueras de Bremen, coincide con esa previsión. Algunas de las emisiones de dióxido de carbono de esa generadora que funciona a carbón fueron capturadas por el GGMP.

"Seguramente necesitaremos construir un invernadero mucho mayor, de cientos de metros cuadrados, para que la captura del dióxido de carbono y la producción de biodiésel correspondan a las dimensiones de una central comercial", dijo entrevistado para este artículo.

Henken-Mellier calcula que "la captura de sólo 10 por ciento de los gases emitidos por el generador de Farge implica reducir unas 600 toneladas diarias de dióxido de carbono".

Según Thomsen, la superficie de un invernadero capaz de absorber el dióxido de carbono de un generador de 350 megavatios y de transformarlo en biodiésel, debería ser de unos 25 kilómetros cuadrados. Costaría más de  500 millones de dólares.

La suma es pequeña comparada con las de cultivos convencionales para obtener biodiésel y reducir los gases nocivos en dimensiones similares a las del "reactor a base de algas". Una plantación equivalente de colza, por ejemplo, puede costar hasta 25 veces más.

Pero el proyecto de Thomsen no convence a todos. "Esos cálculos son muy ingenuos", aseguró Karl-Herrmann Steinberg, director de la productora de algas más importante de Europa central, situada en la septentrional ciudad alemana de Kloetze.

"Los costos del cultivo de algas, eliminación del agua y destilación del aceite combustible son muy altos como para que la idea sea rentable a escala industrial", aseguró Steinberg.

Thomsen admite que la ubicación de los invernaderos debe decidirse en función de la presencia de luz solar. En el norte de Alemania, con pocas horas de sol por año, el modelo no funcionaría. "Los invernaderos tendrían que instalarse en el sur y sudeste de Europa", dijo.

Los citados científicos están negociando con firmas alemanas y extranjeras, de Brasil e India, que manejan grandes cultivos de algas.

El GGMP no es el único proyecto de su tipo. Durante la primera crisis petrolera mundial, de los años 70, científicos norteamericanos concibieron un proceso similar de transformación de algas en biodiésel. Pero el intento fue abandonado en 1996, cuando los bajos precios del hidrocarburo pusieron fin a los incentivos para investigar en combustibles orgánicos.

Ahora, con la actual crisis energética y ambiental, la compañía  GreenFuel, del estado de Massachusetts, planifica un invernadero de por lo menos un kilómetro cuadrado. Para capturar el dióxido de carbono liberado por un generador de mil gigavatios, será necesario un invernadero de algas de entre ocho y 16 kilómetros cuadrados, que produciría más de 150 millones de litros de biodiésel y 190 millones de litros de etanol según Isaac Berzin, de GreenFuel.

Información de IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas de Federación Internacional de Periodistas Ambientales)

Un comentario interesante a lo anterior: “En el Lago de Maracaibo (Venezuela) periódicamente se presenta un alga conocida popularmente como "Lemna".”

En los últimos tres años el fenómeno se ha incrementando extendiéndose considerablemente.

El gobierno Nacional y Regional, así como muchas empresas, gastaron millones en la recolección de la "Lemna" pero finalmente no se le ha dado un uso comercial adecuado.Fue descartado su empleo para alimento animal y básicamente es desechado sin aprovecharse.

De las algas se extraen los alguinatos con infinitas aplicaciones en la industria-química, de alimentación, médica, textil, etc

.... Del alga laminar blanca de la que “El Dorado” está en Bretaña (Francia) se extrae un polvo blanco, la base de muchos medicamentos, los electrodos de soldadura al arco, la pasta que utilizan los dentistas, múltiples preparaciones lácteas, salsas, postres, frutos envasados, carnes y pescados, etc. Y los aditivos no contaminantes E400 y E407.

 

Todas las propiedades del alga, en sí,   son todavía desconocidas, pero se sabe que poseen propiedades antivirales, antiparasitarias y antitumorales, aunque la mala mano del hombre -el mayor depredador del planeta- las vaya transformando agrediéndoles con virus, bacterias, parásitos, agentes patógenos y hasta el temido mercurio.

Hay laboratorios-piloto en Europa, por ejemplo, con ramas de investigación fundamental y aplicada. Los bretones apostaron por las algas hace muchos años y en lengua bretona (celta) el alga se le llama "bara mor", el pan del mar. Se calcula que en la costa atlántica, el alga podría dar trabajo digno a 250.000 personas (cifra bastanta antigua) hombres y mujeres jóvenes y no tantas de muchas especialidades. Hoy la crisis es grande por la falta de carburante para los pesqueros, pero parece que la UE esá dormida en materiae innovaciones.

La Organización Mundial del Alga: como la del café o la del cacao

Se ha fundado una organización mundial -como las del título y otras - la “Marinalg Internacional” que asesora a los gobiernos y asociaciones privadas sobre la aplicación de los alguinatos, el cultivo de algas, mercados potenciales, etc. Algunas algas sirven de abono para la agricultura. Los chinos las utilizan hace cuatro siglos. La industria al por mayor extrae de determinadas algas en forma de concentrados que aportan a los cultivos de tal o cual especie de planta medicinal, sus vitaminas, minerales, enzymas, ácidos aminos, hormonas, de que carece nuestra dieta. Pesticidas fuera!, es el lema.

 Las algas se utilizan en cosmetología, talasoterapia (uso metódico del baño de mar) y curas de adelgazamiento intensivas. Todo ello bajo control médico y sabiendo qué clase de alga se está utilizando en cada caso. Al parecer. La transmisión de iones de las algas a través de la piel restablece el equilibrio mineral de los tejidos y sus diferentes metabolismos. La medicina tiene ahora otro arma: las algas.

 

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