×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×

ChavilleMiembro desde: 08/03/17

Chaville
34
Posición en el Ranking
0
Usuarios seguidores
Sus noticias
RSS
  • Visitas
    47.262
  • Publicadas
    88
  • Puntos
    66
Veces compartidas
2
¡Consigue las insignias!
Trimestrales
Recientes
Visitas a noticias
20/01/2020

En este trabajo realizo una comparación socio política entre la Dictadura del General Francisco Franco en España, y la de Fidel Castro en Cuba a partir de 1959, estudiando cómo desembocó el curso de la Revolución Cubana en el pensamiento contrarrevolucionario español

                                             “Cuba: Un Franquismo sin Franco”                                                                                       (A Abdiel Bermúdez l Bermúdez, Periodista del Sistema Informativo del NTV)

 

El estudio de los valladares de las fuerzas productivas—en una coyuntura nacional, digámoslo así, donde disminuyen los nacimientos por miles cada año; en 2019 nacieron 6, 927 niños menos que el año pasado---presenta un problema tan evanescente a su captación por el entendimiento porque constantemente está rompiendo el marco de su referencia directa a la productividad económica, para afectarla desde esferas tan lejanas que un pensamiento superficial podría suponer que no les incumben. Si midiéramos esa distancia a que se sitúa la causa de su efecto, en perspectiva de profundidad, nos daría vértigo; pero de cualquier forma que se le mire es notable su impresión elusiva.

Parécenos que estamos en lo cierto si consideramos ese fenómeno que está asfixiando hace mucho tiempo en nuestro país a las fuerzas productivas, como una “estrella apagada” que cae frente a la puerta de José Martí, y sobre la que dice el Apóstol de nuestra independencia en su hermoso símil, que él ha puesto su mano “de horror y júbilo yerta”. Se refiere al tronchamiento de las fuerzas impulsoras de lo mejor y más noble de nuestra sociedad a manos de lo más retrógrado de ella. De ahí esos dos divididos sentimientos que este hecho provoca en el alma de Martí, que no sólo son contrarios, sino que uno de ellos el “júbilo”, no se entendería frente al “horror”, si no fuera porque el cubano más grande de toda nuestra historia se sentía jubiloso de ver un valor eximio y tan resplandeciente como una estrella, animado de voluntad de sacrificio por los demás, al extremo de caer en esa contienda. Aquí tenemos clara, la posición de Martí ante nuestro problema, pero no nos adelantemos a culpar de este a nadie, porque como veremos la culpa es multifacética y de mucho calibre como para que a nadie, personal mente le corrresponda todo el diámetro de ella. Es una culpa supernumeraria.

Adelantemos una hipótesis: La realidad práctica que se deriva del discurso oficial del régimen sobre la mujer en la construcción de la figura materna, encierra a esta en una estrecha y vacía domesticidad, que indefectiblemente trasmiten a sus hijos. Ciertamente, los valores sociales y culturales del Fidelismo, por llamar de algún modo a la modalidad revolucionaria cubana, no responden a una concepción de la mujer cuya esencia sea la maternidad; al contrario, las educó en valores de extremo vínculo con la acción pública, alejadas de los modelos femeninos, los que coadyuvaron a propiciar una renovación de las costumbres sociales y sexuales que repercuten en el sentimiento de la maternidad como una carga biológica que se sufre pasivamente, y sin ningún entusiasmo; de ahí la proliferación de madres sin interés por los niños, pues convocadas a la acción como están, el entorno las priva de interés por las tareas del hogar.

La fallecida escritora catalana Esther Tusquets (1936-2012), que discurrió mucho sobre el tema de la maternidad bajo el franquismo, nos hace suponer las similitudes que en ese campo guardan todos los regímenes totalitarios:

“Temo –dice—que una madre sacrificada, una madre abnegada, que delegue el centro de su propio ser en sus hijos, y espere en consecuencia realizarse a través de ellos, correrá el riesgo de provocar unos sentimientos de dependencia, culpa, y de frustración difícilmente superables.” [ E. Tusquets, citada por Carmen Servén Diez en “La Madre Burguesa evocada por Esther Tusquets” Universidad Autónoma de Madrid ]

Quiere decir que en la prueba dolorosa de la ausencia de discurso educativo a nivel familiar, es donde se funden en una sola la Roja y la Falangista, no importa que la primera no confiese su adhesión a esa doctrina, basta que viva bajo esa bandera; a menos que se desmarque bien del síndrome de la molestia e impaciencia por una denegación impulsiva, afirmada o tácita, de la legitimidad de ser de un existente, de su valor, pero también de su estructura propia. Ese rechazo radical de ciertos existentes, que bloquea el ajuste de los sistemas sociales y se apoyan como reacción en la inercia para desarrollar solidariamente su acción de neutralización y diferir los cambios, es lo que tienen de común estos dos tipos de mujeres. La forma más exacta, tal vez, conque el lenguaje antropológico refleja este gran proceso anormal, sería planteado en el modo sustancioso en que lo hizo André De Peretti, cuando dice que “por la tracción de la necesidad inerte de una relación protectora se suma impulsivamente una gravidez a su peso natural de existencia (a su diferencia); y este reforzamiento puede traducirse en una desmesurada elevación de su valor, en una presencia excesiva otorgada a ese existente.” [“Del cambio a la Inercia. Dialéctica de la Persona y los sistemas sociales”. pag. 162. A. De Peretti. Narcea S, A. Ediciones, Madrid 1985 ]

Todos los elementos nocivos de la seudo-educación ponen en tensión al proyecto político porque brindan una salida fácil y cómoda a los problemas con solo hacer una “necesaria” selección del material bio-sicológico con el que se tejen las disposiciones constitucionales de la conducta, que mantiene vivo el régimen placentario en un paraíso imperfecto que predice la orfandad, como sello del pérfido deseo de desprotección que llevó en sí la autora de esa conducta a perpetuarla en su progenie. Estos males pueden sintetizarse en la incapacidad del hombre en asistir al sufrimiento ajeno, lo cual inmediatamente pone en riesgo los intereses de las clases más vulnerables, no solo en época de crisis, sino en todo momento; pues en lugar de ser incondicionales partidarios de ellas, se convierten en la base social mayoritaria de los sostenedores de los equilibrios políticos y sociales del papel hegemónico en la dinámica interna de las dictaduras, que sirven más bien a la causa de un pre vaciamiento de la percepción de la declinación nacional, situación que se ha convertido por eso en una fuerza importante dentro de la sociedad porque la evidencia del cordón umbilical sin cortar es tan palpable como la persecución que este desata, ya que han demostrado poder voltear al revés la jerarquía social a través de la acción, casi siempre a contrapelo de lo que sería deseable para un buen estado institucional; contrariamente a lo que sucedió en los orígenes de los procesos fascistas europeos, de los cuales elijo para evidenciar esa opuesta directividad el papel político que jugó el Consejo Nacional en la España franquista, --representación colegiada de “El Movimiento”, -- después que instituyeron sus Leyes Fundamentales en 1967, que quería crear un proyecto alternativo en el seno del régimen de Franco.

Por ello, queremos advertirle al Presidente Díaz Canel que estamos cayendo en un estadío aún más bajo que el fascismo; pues al menos el fascismo se representaba como una religión civil, y la derecha radical española al menos pretendía ejercer la violencia cuidando la comunidad nacional de la influencia degenerativa de los valores energúmenos de la cultura, y en nuestro caso particular el patrimonio mítico-simbólico sobre el que se adoctrina el culto a la Patria, y la unidad del pueblo, no es ni siquiera un correlato aceptable de la religión civil; es decir, de la religión laica, que es la que ahora, tardíamente se busca, capaz de activar la regeneración cultural, pues el mito sigue siendo—pésele a quien le pese—el motor fundamental de la acción política. Por eso tenemos que insistir tanto en los nuevos avatares de lo que se llamaba en el siglo XVI “herética pravedad”, porque a partir de la segunda mitad del siglo XX en Cuba ha rendido su colaboración política más eficiente, al extremo de vivir religión y política en una simbiosis que, a pesar de estar en guerra, ninguna de las dos puede aborrecer a la otra porque son gemelas; pues la ética agresiva de aquel movimiento egoísta—como la salvación que persigue--, no tiene apenas puntos de diferencia notables con la doctrina política de la Revolución; la diferencia que podría haber estaría entre la sacralización del Estado, y la sacralización del individuo, diferencia que se resuelve en una cotidianidad acomodada y sin objetivos claramente comunitarios en ambos casos. Y esto forma parte también de la labor del mitógrafo, pues incumbe a la revelación de la herencia mítica de un pueblo, que se sedimenta en la revelación privilegiada de lo icónico, y que en este caso representa la amenaza de la materialización de todas las fronteras del ser humano, que no tiene fronteras.

Estamos pisandole los talones a la España de la Regeneración; bajo el estado de las leyes vigentes vamos caminando hacia un proceso dinámico de aceptación del fascismo

Nuestra Revolución sí tiene mucho del nacionalismo franquista, y me baso en el hecho de que “la con cepción franquista de comunidad nacional implicaba la depuración y la consiguiente exclusión de todos aquellos que aparecían como sus enemigos”[ “Falange y Construcción del Régimen (1939-1945). La Búsqueda de unas Bases Sociales” Carmé Molinero, (Universitat Autónoma de Barcelona) en “Falange: Las culturas políticas del Fascismo en la España de Franco” p. 196 Compilador-Editor: Miguel A. Ruiz-Cañicer. Institución Fernando El Católico. Excelentísima Diputación de Zaragoza. Zaragoza 2013 ], práctica que coincide enteramente con el discurso de justicia social convertido en tópico demagógico por la Revolución Cubana, que desactivó el conflicto social, a la usanza fascista, pero a favor de la peor injusticia, lanzando coordenadas de encuentro con el régimen de Franco, pues la desfascistización en el caso del franquismo y el antifascismo, en el caso del proceso cubano tenían el mismo sentido encubridor de una felonía, ambas de gran relieve para la suplantación de sus procesos originarios por sus significados políticos opuestos. Esa no era tarea de Falange Española, pero sí del franquismo, pues como nos dice el académico español Javier Rodrigo, en un importantísimo trabajo sobre el tema, brindándonos un elemento de concurrencia innegable en los dos procesos, aunque él se refería sólo al español: “la tasa de represión haría que en el aspecto de la integración del disidente la fascistización del régimen fuera casi inexistente”[ Javier Rodrigo (Universitat Autónoma de Barcelona): “Guerra, fascistización y cultura falangista” en Ob. Cit. p. 154, Zaragoza 2013], ya que dicha represión—en ambos casos inclusive—no tenía nada que ver con la recuperación o rescate de la imprescindible fibra moral que se perdió en el marco dictatorial de fórmulas de gestión de la sociedad de masas, por el contrario, la violencia máxima no dejó de aplicarse simultáneamente a las prédicas revolucionarias de participación popular en la toma de decisiones al máximo nivel del partido y del Estado.

Así como la fascistización debe estudiarse en los procesos que se originan en la base de la sociedad, también su fenómeno socialista paralelo, -- la concesión de oportunidades a las masas no politizadas-- debe estudiarse mirando la sociedad desde abajo: la vida estudiantil universitaria, las relaciones laborales, la organización de mujeres, las relaciones familiares, etc. Tomando como patrón para un ejemplo de ello a estas últimas, vemos cómo nuestra sociedad se escora por esa vertiente de la lucha de la mujer contra el hombre, [presente también en el luteranismo] que en el seno doméstico es aplastado por ella, afectándolos en el campo de la jurisprudencia, del amor, y del amor propio. Pero esa nota de fiereza que informa nuestro feminismo, no altera el proverbial “quemimportismo” del Gobierno, que no tiene instancias que identifiquen los problemas familiares que acarrea este hecho, porque no está estructurado políticamente para conjurarlo. El socialismo es el único sistema que no tiene instancias en que se pueda formular una queja que provenga de lo simbólico, puesto que al individuo se le veda su participación irrestringida en el espacio imaginario de la cultura nacional, poner en juego su cúmulo de representaciones simbólicas para colaborar en la acción socialmente transformadora. No en vano escribió Eduardo Nicol: “Al marxismo no le importa la muerte”.

Tanto es así que por eso se cuida de aplicar la dialéctica hegeliana a la interpretación de la historia que hizo Marx, y por ello también, decía Kolakowski, que los marxistas no estaban dispuestos a pagar el precio que sí pagaba Hegel por su Idealismo Absoluto: la consecuencia absoluta, ya que los marxistas no se liberan de la barrera del pensar obsecuente, (que Hegel minaba constantemente), y vuelan como un mal menor (para ellos) un puente entre dos órdenes: la sociedad civil y la sociedad política. Al gobierno cubano no le merece respeto una sociedad civil que represente a la sociedad completa, porque una gran parte de ella no se transa con sus determinaciones.

No se da cuenta el Gobierno que estamos pisándole los talones a la España de la Regeneración, y mientras más porfíe en mantener separada la cultura y la economía, manteniendo en cepo a la primera y liberalizando la segunda, más hará florecer a la larga—si es que no existen ya—los Rafael Sánchez Mazas, Ramiro de Maeztu, Pedro Saínz Rodríguez, Pedro Laín Entralgo o Dionisio Ridruejo---, que se enfrentaron en aquella España a los mismos problemas que tenemos hoy en esta Cuba, más terca todavía que la Madre de la Hispanidad en reconocer que vamos caminando hacia un proceso dinámico de aceptación del fascismo y sus premisas. En efecto, la fusión de la jefatura del partido y la del gobierno, esa perniciosa unidad de mando, encarna una cultura política que deviene en fascismo a la larga porque continúa rompiendo la unidad de sentimiento del pueblo; mientras que también es un desastre para la socialización de las nuevas generaciones, que se van a sorprender de la hostilidad de las bases contra la esencialidad socialista del hombre querido por ese porvenir. Debe saberse que la socialización “enfatiza los aprendizajes de los miembros de una sociedad que se producen desde abajo, y no toma en consideración el adoctrinamiento político o la propaganda”, como nos dice la académica María Luz Morán de la Universidad Complutense de Madrid, en su trabajo “Las Aportaciones del Análisis socio-político al estudio de la socialización y la cultura política del franquismo”[ en Ob.Cit. p 405. Zaragoza 2013]

Mantener los principios ideológicos del falangismo republicano, no era ser franquista, ya que Franco neutralizó mucho las actividades de la FET de la JONS; así como mantener los principios originales de la Revolución Socialista tampoco significa hoy ser partidario de los Lineamientos del PCC en su agenda parlamentaria. A nosotros no nos cabe duda de que la ideología dominante cubana favorece más de lo que lo hizo el franquismo el embrutecimiento de las masas, porque en la organización del consenso para el impulso del proceso de aceleración totalitaria tuvo que apoyarse preferentemente en aquellos sectores de la población susceptibles de ser engañados con sus referentes político-sociales, toda vez que debía ocultar que la Revolución—para cualquier entendimiento cultivado—era en sí un movimiento contrarrevolucionario, pues prohibía hablar con lo que dentro de uno habla con uno, a lo cual los sicólogos llaman libertad; y por ello sus respuestas educativas al entorno, incluso en espacios universitarios, son mediocres o de baja calidad. Aunque Franco también logró hacer de la España de su tiempo una nación banalizada, el gobierno no ocultaba que estaba actuando contra organizaciones de izquierda, y el solo hecho de poder señalar libremente a la izquierda las irremediables zanjas que iba abriendo en su camino, a partir de las cuales era imposible construir nada armónico ni durable, ella que siempre alardeó de mostrar vía expedita al desarrollo integral del hombre, era a todas luces una ganancia; que después pudieran ser realizables o no sus ideales del 18 de Julio de 1936, no quita el gran paso de avance hacia la desmitificación del pensamiento que hoy se respira en la Península Ibérica. El mismo Generalísimo lo explicaba al pueblo en su primera etapa, cuando aún le interesaba su faceta constructiva, llamada “fase azul de la Dictadura”, hasta 1945 :

“Nosotros no condenamos el marxismo, ni el comunismo, por cuanto encierra de aspiraciones en lo social, que no solo compartimos, sino que superamos; sino por cuanto tiene de antinacional, materialista, y de falso” [citado por Carmé Molinero: “Falange y Construcción del Régimen 1939-1945”, en Ob. Cit. p 186. Discurso pronunciado en II Consejo Nacional del Frente de Juventudes, El Escorial 3-10-1942]

La diferencia, a penas, entre ambos sistemas es que en uno de ellos, la esclavitud se puede lograr con mucho menos riesgos de rebeldía, cuando la directividad del régimen es directamente compatible con la esperanza de los pobres, mientras que para un vasto nivel de recepción elemental la tracción hacia las necesidades inertes edulcoradas con adulación hacia los sentimientos primarios de estas clases, pueden encubrir fácilmente la traición fundamental a las libertades públicas. Los elementos que conformaron el compromiso autoritario que quedaron eclipsados en el fenómeno fascista, también tenían algo básico del ideario revolucionario cubano que vino a quedar como un mero instrumento para el sostenimiento del orden social.

Teniendo en cuenta el alto grado de anormalidad de los procesos descritos, no podemos esperar que la población los sufra en balde, ya que sus capacidades productivas se ven afectadas también por el suicidio. Las circunstancias agónicas se perfilan en cifras de hombres y mujeres que traspasaron el umbral de su resistencia a las anormalidades que les ofrecía el régimen en que vivían; y unos decidieron salir de la vida y otros del país, pero en todo caso decidiendo ser muertos para Cuba.

En su artículo “Cuatro Suicidas” del 25 Nov de 2014, el académico cubano residente en el exterior Rafael Rojas, afirma que “Cuba es el país de América Latina con mayor índice histórico de suicidios”, y apenas un año antes, el 10 Octubre 2013, William Hernández Mondéjar y Mylene Ramos González, investigadores de la Universidad de la Habana, en un artículo titulado “Diferenciación territorial del Suicidio en Cuba”, afirmaban que “hace años que la tasa de suicidios en Cuba está aumentando, y que ante esa situación el MINSAP creó en 1986 el Programa de Prevención de la Conducta Suicida, y que en los años 1993 y 1994, se reportaron picos dramáticos en el comportamiento del fenómeno”. Asimismo escribían que en ese año, 2013, Cuba tenía, según la Organización Panamericana de la Salud la tasa más alta de suicidios del Hemisferio con 18.1 por cada 100, 000 habitantes, seguido por Uruguay con 15, 9. El más reciente artículo de Pedro Manuel González Reinoso: “Suicidios en Cuba, estadísticas que dan pavor”, del portal de cuba.net, (22 Ago. 2018) asegura que según un sitio oficial en la Isla, cerca de 10, 000 personas se suicidaron durante los últimos 5 años, y que en el 2018 la tasa de suicidios fue de 19, 3 personas por cada 100, 000 habitantes, y los intentos de suicidios entre adolescentes fueron de 22, 542 jóvenes, entre 1 de Enero de 2011 hasta el 31 Diciembre de 2017, basado en Estadísticas y Registros Médicos del Ministerio de Salud Pública de Cuba. Pero ahí no para la cosa: más de 7000 cubanos pidieron refugio este año (2019) en México, y 24, 000 cubanos más que el año pasado (2018), pidieron asilo en EE.UU, en tanto que en 2019 se reporta que 9000 cubanos entraron en Uruguay con carácter de refugiados. (Fuente: Radio Martí, emisión del 30 de Dic. 2019)

Queremos advertirle a nuestro Presidente que estamos cayendo en un estadío aun más bajo que el fascismo español

Raúl Morín 18 Enero 2020, 12:27 A.M

Más recientes de Chaville

"La Buena Samaritana"

Hago una crítica a los modelos educacionales que emana de los medios de difusión masivos de comunicación que a veces tienen fines didácticos nocivos para la formación de los jovenes que generalmente en Cuba estan faltos de orientación 03/02/2020

"Una Mirada de soslayo a Asela de los Santos Tamayo"

Hago aquí una breve consideración acerca de los absurdos homenajes revolucionarios a trayectorias individuales a las que se dispensa un exagerado reconocimiento en nombre de un compromiso ideológico que en vida realmente no tuvieron 29/01/2020

"Mensaje al Presidente Miguel Díaz Canel "

Retomo aquí el tema más candente de la actualidad cubana, cual es, el de las últimas declaraciones del Presidente Díaz Canel de hacer hincapié en el próximo año 2020, en recabar propuestas para destrabar todo lo que internamente está frenando el desarrollo de las fuerzas productivas 28/12/2019

"La Otra Cara de la Cadena de Impagos"

Meditando llegué a la conclusión de que la cadena de impagos que afecta gravemente a la economía cubana, tiene un fuerte móvil sociológico como es la necesidad de elevar el panteísmo a norma aristocrática 23/12/2019

"Unas Estultas Reflexiones"

Estas son unas simples reflexiones sin pretensión alguna, en que hube de entretener mi ocio despues que finalizara el programa "Mesa Redonda" que trasmite diariamente la televisión cubana 16/12/2019

Mostrando: 1-5 de 75