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Perfectamente loco

17/11/2014 22:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Quizás sea sólo una alucinada historia de amor. Pero sólo quizás

 

 

Aún no sé si se trata únicamente de su imagen virtual o es realmente ella.

 

Estoy seguro de ver cómo mueve los párpados y entona su mirada dependiendo de lo que le diga.

 

La mayoría de las veces se limita a estos pequeños gestos; sin embargo, en otras ocasiones llega a mantener diálogos completos, pero, eso sí, siempre con frases cortas.

 

Está en la pantalla de inicio de mi ordenador y mi teléfono y me la encuentro cada vez que enciendo uno de estos dos cacharros.

 

Esta es la secuencia:

-Botón de encendido.

-Cuadro de diálogo con mi nombre de usuario.

-Aceptar.

 

Y, como si se tratara de una aparición proyectada desde mi propia mente, aparece ella. Me deja enganchado. No puedo, ni siquiera, escoger ninguna de las opciones que, a la izquierda de su rostro, me ofrece mi escritorio.

 

Todo lo llena su pelo, limpio, liso, pero asalvajado; su mirada, profunda, reflexiva, inquisitiva, pero dulce y rebosante de comprensión y ternura. Sus labios son... perfectos, sin necesidad alguna de ser dibujados por el carmín, sólo me parece vislumbrar el deseo que sienten de ser besados; con suavidad, primero; con pasión, después y, al final, con furia de pasión y sangre.

 

Su imagen entera reposa sobre la palma de su mano izquierda, una mano fina de dedos suaves y largos coronados de uñas nacaradas y brillantes.

 

Algo se ve de su cuello y yo sé que es, igual que la piel de su rostro y sus manos, suave, caliente y fragante.

 

He encendido el ordenador para trabajar y ya llevo una hora mirándola, sin poder apartar de ella mi vista, mi deseo, mi pasión, sin poder separar de ella mi propia vida.

 

Sin darme cuenta, comienza el diálogo, la conversación que aún no sé si es absolutamente irreal.

 

-Como verás, sigo igual: colgado de ti.

-Bórrame de tus pantallas.

-Sería como borrar parte de lo que ya se ha convertido en mi propia historia.

-Vamos, hazlo. Son sólo un par de clicks y se acabó.

-No quiero que se acabe. Son tantas las veces en que tu mirada es la única que tengo...

-Sufres porque quieres.

-Sufro porque te quiero. Y, porque al fin y al cabo, sufrir es también un sentimiento, una forma de no estar muerto.

Haciendo un prolongado alto en el camino en tus rincones más íntimos, paladeándote hasta el éxtasis, hasta el paroxismo, hasta sentir en la boca la miel de tu orgasmo

-Confórmate con verme en el bar.

-En el bar eres la camarera de todos. Aquí soy libre de fantasearte.

-¿Y con qué fantaseas?

-Lo sabes de sobra. Esas cosas hasta he sido capaz de decírtelas en persona. Y siempre sales con los mismos rollos: que si estoy casada, que si soy mamá, que si es imposible ¡Pero a mí qué coño me importa todo eso! Tus niños me caen bien, conozco más cobardes que imposibles y tu matrimonio es más ficción que este relato.

-Deja eso y cuéntame tus fantasías.

-Eres más retorcida que yo.

-Curiosidad femenina... ¡vamos!

-¡Tú lo has querido!

 

Dormido y despierto sueño con tu boca, con tus labios tan bien dibujados, carnosos y calientes, con su sabor y su aroma, su aliento, que es como una exhalación regalada de tu propia vida. Me rindo ante tu aliento cuando me hablas cerquita.

 

-¿Qué más?

-Tu boca me inspira demasiadas cosas. No puedo decírtelas todas.

-Sí puedes ¿Por qué no te atreves?

-Porque sólo con imaginarlo me excito.

-¡Qué cerdo eres!

-Simplemente soy transgresor. Te quiero y te deseo sin fronteras ni cortapisas morales.

-Bueno, anda, sigue.

-¿Para qué, para que vuelvas a llamarme cerdo?

-Te prometo esperar hasta el final.

-Bueno, vale. Ahí va. Pero recuerda tu promesa. No me cortes.

 

Muchas veces provoco que me roces al pasar por mi lado, el tacto y la temperatura de tu piel desencadenan en mí algo similar a una reacción química tan placentera que no puedo dejar de repetirla una y otra vez. Se trata ya de una adicción.

 

-Lo sé.

-Sshhh.

-¡Uy, perdón!

 

Y esa adicción me obliga a necesitar tu piel de una forma irracional, de la misma manera en que se necesitan el aire y el agua; del mismo modo que se me vuelve imprescindible absorber la explosión luminosa de tu mirada, ese rayo incisivo y penetrante de luz cegadoramente blanca que emerge desde la profundidad exótica y marrón de la niña de tus ojos.

 

Sé también que nada da más cobijo que tu cuello y que ningunas manos acarician mejor que las tuyas, sé que las yemas de tus dedos elevan el tacto a la categoría de sublime, sé que tus pechos son armónicos, redondos, firmes y muy sensibles, de pezones sabrosos y generosa corola.

 

Imagino con qué mimo los saboreo. Creo que en ninguna otra cosa he gastado tanto amor.

 

Desde tus pies hasta tu cabeza voy derrochando besos, deteniéndome en cada centímetro cuadrado de tu piel, haciendo un prolongado alto en el camino en tus rincones más íntimos, paladeándote hasta el éxtasis, hasta el paroxismo, hasta sentir en la boca la miel de tu orgasmo. Y sigo acariciando con mis labios húmedos de ti el terciopelo interior de tus muslos mientras escucho tu jadeo. No paro hasta chupar los dedos de tus pies, como si se tratara de golosinas, y vuelvo a subir hasta tu recóndita fuente. Nunca había probado nada tan rico y enloquezco de amor y deseo con tu néctar desatado. Tu segunda descarga fue aún más deliciosa que la primera...

-¡Joder, ya es de día! Y ni siquiera he comenzado el trabajo.

-¡Estás loco!

-Sí. Perfectamente loco.

 


Sobre esta noticia

Autor:
José Javier González De La Paz (30 noticias)
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Tipo:
Opinión
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