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Las Palmas de Gran Canaria. La ciudad de Galdós

04/06/2019 04:05 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por Galo Martín Aparicio

Fotografía Daniel Martorell

Parece que en el caso del novelista Benito Pérez Galdós no es baladí recordar que nació en Las Palmas. Con 19 años se fue a estudiar a Madrid, disfrutó de dilatadas estancias en Santander y regresó a su ciudad natal en cinco ocasiones. Los viajes desde el desaparecido Muelle Viejo a la capital peninsular los hizo en barco de vapor y carruaje de caballos, una odisea de dos semanas por mar y tierra. El cariño del autor por su ciudad se lo ha devuelto Las Palmas de Gran Canaria conservando su memoria.

La ciudad de Galdós se recorre a pie, pero para llegar a ella hace falta un DeLorean con destino al pasado. En concreto a 1843, cuando el censo de Las Palmas sumó un habitante más a los 15?000 que vivían rodeados por una muralla. En su interior había dos barrios: Triana, comercial y moderno, y Vegueta, señorial y antiguo. El barranco de Guiniguada los separaba y los puentes de piedra y palo los comunicaba. El agua que pasaba por debajo corría de las cumbres de la Isla al Atlántico. Una puerta en forma de océano por el que era más fácil salir que entrar.

De niño a Benito le gustaba ir desde su casa, en la calle del Cano, en Triana, hasta el Muelle Viejo y contemplar los exvotos en forma de barquitos que colgaban en la ermita de San Telmo. Desde este puerto en 1862 zarpó a la Península. Atrás dejó una ciudad decimonónica, repleta de conventos y sin universidad, iluminada por antorchas, faroles de aceite y la luna llena. Con su marcha, la Iglesia y la dictadura franquista trataron de borrar sus huellas en Las Palmas.

En aquella urbe aislada y reducida, poblada por una sociedad conservadora que chocó con la modernidad, Benito Pérez Galdós se formó. Lo hizo yendo de un barrio a otro mientras la gente cambiaba su mentalidad y la ciudad su fisionomía. En la iglesia de San Francisco le bautizaron, después este templo religioso se convirtió en cuartel militar y hoy es la sede del Conservatorio Superior de Música. El tañido de sus campanas quedó grabado para siempre en la espadaña de este edificio mutante con unas palabras del novelista: "Su son no lo confundiría con ninguno. Lo distinguiría entre cien que tocasen a un tiempo". Esta sensibilidad auditiva se sumaba a otras muchas y a su gran afán por saber.

En el colegio de San Agustín sus dotes como dibujante caricaturista (fue a clase de dibujo en la Academia del Gabinete Literario), poeta y periodista le acarrearon contratiempos con profesores y compañeros. No fue esta la única ocasión en la que el joven Benito convirtió la pluma y el papel en un arma satírica. La ubicación del nuevo Teatro Tirso de Molina, en Bocabarranco, junto al Guiniguada, la satirizó con una tira gráfica y un poema. Un capricho del azar hizo que más adelante, coincidiendo con la exitosa representación en este teatro de su obra Electra, la población comenzase a llamarlo Teatro Pérez Galdós.

Antes de todo aquello, cuando caminaba al colegio San Agustín, pudo ver cómo avanzaban las obras de la catedral de Santa Ana. Inspirado por la visión de este monumento inacabado creó un personaje literario romántico en su cuento Necrología de un Proto-tipo. El Proto-tipo es el palanquero del órgano de la catedral, un fantasma que sobrevuela las capillas. Enfrente de Santa Ana estaban las Casas Consistoriales, que ardieron un año antes de que naciera Galdós. En el nuevo Ayuntamiento es donde se aprobó proponer al novelista como candidato al Nobel de Literatura, premio que no ganó. El prolífico autor grancanario escribió más de cien obras, lo que le convierten en el novelista español más importante, después de Miguel de Cervantes. Las calles de la barriada de Schamann llevan por nombre novelas y personajes galdosianos: Trafalgar, Tormenta, Mariucha, Tristana, Doña Perfecta, Fortunata, Jacinta, Misericordia, Pantoja, Pedro Infinito, etc., además de una escultura en su honor y cuatro lonas en las fachadas de los edificios que ilustran a los personajes Federico Viera, Marianela y el abuelo y al propio Benito Pérez Galdós.

Sus novelas son fruto de su observación. Adoptó el papel de testigo que tomaba notas de todo lo que sucedía en las calles. Tanto es así que la ciudad de Madrid se convirtió en un personaje más de sus historias. Las Palmas, en cambio, se convirtió en la ciudad que alberga la Casa Museo Pérez Galdós, una vivienda típica canaria de finales del siglo XVIII que, antes de exhibir una colección de escritos, correspondencia, dibujos, cuadros, fotografías, instrumentos musicales y muebles diseñados por el mismo novelista ?a quien le gustaba combinar la madera con el azulejo?, fue habitada por sus padres y sus nueve hermanos.

Junto a la Casa Museo están grabadas las palabras que repetía al ser preguntado por su procedencia: "¿Que de dónde soy? Hombre, si eso todo el mundo lo sabe: de Las Palmas".


Sobre esta noticia

Autor:
Sixtojavier (990 noticias)
Fuente:
revistabinter.com
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Tipo:
Reportaje
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