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"Obituario Fidelísimo"

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13/08/2020 12:28 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

He escrito la Oración Fúnebre que se merecía Eusebio Leal, en contrapartida a las inmerecidas honras que le tributaron diversas representaciones de autoridades institucionales

“Obituario Fidelísimo”

Esta mañana 31 de Julio el mundo amaneció con la noticia de la muerte, a sus 77 años, del Dr. Eusebio Leal Spengler. Y enseguida todos los medios informativos cubanos se deshicieron en pésames super edulcorados en loor del Grande Hombre. Fue esa una buena oportunidad para confirmar nuestro carácter de seres extralimitados. Si algo justo se puede decir del occiso es que fue un hombre hecho a la medida del destino de una nación de tantos procesos libertarios frustrados.

No hablo irrespetuosamente, sino para dejar testimonio real de una vida, que no obstante todos los homenajes de que fue objeto, dejaron fuera los contornos principales de un hombre que merece ser quemado en efigie. Voy a citar algunos de las irracionales retóricas que se dedicaron a las honras póstumas del afamado Historiador de la Ciudad: “Hombre de fidelidad y lealtad extraordinarias”, “de humildad a toda prueba”, “¡cuánto amor por los demás!”. “Nadie con más propiedad en su apellido” “Reconocido de Reyes y Sabios” “No solo ha restaurado el patrimonio nacional, sino que ha alfabetizado el valor histórico que hay detrás.” “Eusebio se nos fue aun haciéndonos falta”. “Tenemos que ser fiel a su legado”. “Inspirador de voluntades, paradigma de presentes y futuras generaciones”. La TV no cesa de transmitir programas de recordación de su figura, hasta una Mesa Redonda se le dedicó, que contó con la participación de sus colaboradores más cercanos. ( 3 de Agosto ) Magda Resik Aguirre dijo en ella, por ejemplo, cosas como esta: “Un hombre tan leal como su apellido, nunca olvidó de dónde venía. Uno de los hombres más sencillos que he conocido. Logró que La Habana deslumbrara por encima del punto de vista material.”

Bueno, ese es el punto de vista de las piedras y de los extranjeros que disfrutan de ella, pero no de los hombres que no se pueden sentir orgullosos de un programa de urbanización que, aunque les haya dado escuelas nuevas a los niños, óptimos hogares para la atención de ancianos, y escuelas de oficios para jóvenes, ha desatendido de todos modos las necesidades de la población en aras de ofrecer un mayor confort al extranjero. Por su parte, el Dr Félix Julio Alfonso, miembro de su Gabinete, dijo con no menor audacia: “Fue un sanador del alma de Cuba, que ha sido herida por múltiples avatares”. Los demás comentarios huelgan.

Para afirmar todas estas cosas tenemos que ser un pueblo enfermo, y el mundo es un ingenuo que se ha dejado llevar por la propaganda cubana, por su propaganda, ya que este hombre era un gran comunicador, uno de los más brillantes que ha dado Cuba en toda su historia, pero de la estirpe cainita de José Antonio Fernández de Castro, Don Emilio Castelar y Ripoll, (1832-1899), y del mismo Fidel Castro (1926-2016)

De qué le sirvió alfabetizar al hombre con el valor histórico de sus piedras, si le robó con la prédica de valores utilitarios el remedio de su rehabilitación humana; porque si bien fue enemigo de la chusmería, la grosería, y la chabacanería, con su actitud política estaba carimbando en la piel del pueblo la mas proteica sustancia de los valores mercenarios. La receta socarrona de que los rebeldes se deben morir sin auxilio, sin posible recurrencia a una fuerza salvadora, no dejó de ser la prolepsis de la otra cara de sus discursos. Y para eso hay que tener genialidad, y la suya estuvo en saber vender una imagen monolítica de la unidad del hombre revolucionario, demasiado teatralizada ya por el gremio oficialista.

Cada vez que veo caracteres humanos que se esfuerzan en deslumbrar a los gobernantes con los oropeles de una labia exhaustiva en hacer vibrar sus intereses, pienso que el contraste más bochornoso estaría en hacer oir al lado de tal pieza oratoria, el disco que Gardel grabó en 1928 en España, “Vida Amarga”, donde el cantor se arranca las entrañas por el sufrimiento de los pobres, sin ninguna huella de que está forzando nada, al contrario, dejando que su voz transluzca la experiencia de sus orígenes solariegos. Esa es la verdadera grandeza. ¡Qué distinto de Eusebio, cuyos discursos son un constante olvido de sus orígenes, una prueba de que esas groserías solariegas hirieron nada más su espíritu refinado, sin interesar la conmiseración del hombre! La voz super cuidada de sus timbres más altos de emoción denuncia esa falsedad, pues cuida siempre que su emoción se mantenga dentro de los caminos establecidos, siempre la controla el sentido común.

Su modelo de urbanización de la Habana Vieja—ya lo he dicho--, fue concebido exclusivamente para la recaudación de divisas libremente convertibles, convirtiendo la Habana en escenario de la humillación del cubano, y de adulación al único valor posible: el sentimiento de superioridad por la posesión de divisa convertible, que hizo ciudadanos extraños en su país, y de los extranjeros los verdaderos dueños de este. Ningún embellecimiento de ninguna ciudad se puede pagar a ese costo. Había que ser un hombre desalmado para hacer sufrir así a su pueblo. Por eso el Dictador lo premió.

Había que ser un hombre desalmado para hacer sufrir así a su pueblo

Como ejemplo de la doble moral que practicaba el Historiador, podemos poner el ejemplo del final de una entrevista que la periodista Teresita Segarra le hizo para un programa televisivo “Diálogo Abierto”, en el que Leal, como gran comunicador que era, reflejó bien ese modo peculiar de “darse cuenta” que tienen las clases gobernantes de los países donde se explota al pueblo, con estas declaraciones felicitando a la periodista por su programa: “Me doy cuenta de la importancia de los medios para transmitir ideas, cuando los medios transmiten banalidades, no vale la pena. Cuando uno ve programas culturales, o investigaciones que pueden hacer una predicción en las ciencias sociales, o en cualquier campo del saber, uno se siente dichoso” Y ese hombre que afirmaba esto, ¿no se daba cuenta de la imposibilidad de hacer predicciones serias en cualquier campo del saber científico social cubano?. ¿O es que se debe suponer que el Doctor tenía tan pobre concepto de la banalidad, que no veía el trazado de la mano aviesa que trata de borrar la diferencia entre la Cuba Real y la Cuba Oficial.?

Para no ser redundante, no voy a recordar la escena en que Eusebio Leal pudo haberme demostrado que él era un hombre íntegro, con una simple intervención –que no le costaba nada—para sanear un problema social en que me ví envuelto, pero lo atañía a él, y al que este no le dio importancia porque no se sentía comprometido con los de abajo. Solo se contentó con hacer una leve referencia al problema por televisión a los dos días del suceso, y no me pudo responder la carta que le dirigí, no porque no tuviera tiempo, sino porque el cuerpo no funciona con independencia del alma, y él no tenía moral para hacerlo. Todos aquellos que lo celebraron pertenecían al clan de los que quieren que las cosas sigan como están. No creo que nadie que esté sufriendo en carne propia los abusos sociales de la dictadura, rinda homenaje a este hombre, más allá de la simple contrición verbal por cualquier deceso, habida cuenta que fue uno de los estrategas más eficientes de la transubstanciación del hombre en payaso. De leal al pueblo no tenía nada.

La comprensión de la personalidad de este hombre, tiene la misma dificultad para el hombre común que la adquisición de un libro que tiene que comprar al precio de prescindir de muchas comidas; o tal vez haría falta la experiencia de pasar por un campo de concentración de los nazis como el filósofo hispano-francés Jorge Semprún, para comprender que el Mal, no por llevarnos por caminos apacibles, deja de enfrentarse a la Fraternidad. En su libro “La Escritura o la Vida”, nos aclara este tópico: “El Mal no es lo inhumano por supuesto…O entonces es lo inhumano en el hombre…La inhumanidad del hombre, en tanto que posibilidad vital, proyecto personal…En tanto que libertad…Resulta por eso irrisorio oponerse al Mal, tomar distancias al respecto, a través de una mera referencia a lo humano, a la especie humana. El Mal es uno de los proyectos posibles de la libertad constitutiva de la humanidad del hombre. De la libertad en la que arraigan a la vez la humanidad y la inhumanidad del ser humano.” [ “La Escritura o la Vida” p 104 Jorge Semprum, Colegio de México, 2da Edición Mayo 1995 ]

Eusebio sabía que ese proyecto personal de la prelación del Yo frente al Nosotros, era una mina vacante de explotación ideológica—como alianza insospechable con una cultura fagocitada por los medios de comunicación—porque era, de hecho, el punto de simpatía profunda entre los que se fueron de Cuba, legal o ilegalmente, y los que no se fueron, pero rinden homenaje a su palabra, porque esa palabra les da la oportunidad de esconderse tras de sí mismos, y de poderse creer buenos porque los emplea en buenas obras, y sin embargo, representan una forma simbólica de haberse ido. No creo equivocarme si afirmo que su discurso constituye el núcleo semántico común a esa forma de símbolo.

Aunque mis explicaciones me parecen plenamente satisfactorias para la elucidación de la personalidad de Eusebio Leal, me parece pertinente recomendar la lectura del libro antes mencionado del gran luchador anti-comunista, en su tiempo Ministro de Cultura del Gobierno de Felipe González en España, donde este explica mejor que yo, cómo es necesario un fuerte dominio de la literatura para abrir los ojos de la justicia a la comisión que tiene el engaño en el desastre social de que es objeto el mundo real, que “cuando es constantemente invocado en el discurso teórico o político del comunismo—como nos dice Jorge Semprún—no era más que una ficción, apremiante, sin duda, asfixiante a veces, pero cada vez más desprovisto de cualquier anclaje concreto, de cualquier verdad cotidiana.” [“La Escritura o la Vida” p. 283 ] mías:

Podría aquí citar también a José Donoso, que dijo sobre las casas del “Barrio Alto” de su Chile algo semejante a lo que he dicho yo sobre la obra de restauración arquitectónica en La Habana de Eusebio Leal: “Por cierto que es agradable ver el rostro de nuestra vieja ciudad revalorizado, maquillado, dignificado. Pero sería necesario preguntarse a costa de qué.” [“Maquillaje Urbano” p 206 José Donoso, en “Grandes Firmas” (Antología de artículos hispanoamericanos y españoles) Agencia EFE, Colección Testigo, Madrid, 1987.]

Espero que esto haya sido suficiente para demostrar la pertenencia de este hombre, y su obra al corrupto sentido de la palabra humanidad hoy extendido en el mundo.

Raúl Morín 6 Agosto 2020, 8:30 A.M

¿De qué le sirvió alfabetizar al hombre con el valor histórico de sus piedras, si le robó el remedio de su rehabilitación humana?


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