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News from Málaga: O mueres tú toro, o morimos ambos

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13/08/2017 20:16 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La mirada de un neófito en una corrida de toros en la fiesta taurina de Málaga 2017

Se oye el portón que se abre y una bestia de más de 500 kilos se va a enfrentar contra varias bestias de entre 70 y 80 kilos. El poder de una bestia salvaje contra una bestia que razona. Que razona y le doy la derecha en que tiene unos cojones de puta madre para enfrentarse a esa mole cuya testa está coronada por un par de inmensas y puntiagudas astas.

Hasta ahí mi respeto por la bestia pequeña y mi gran conmiseración por la bestia grande. Lucha de bestias en medio de un circo romano en versión moderna, donde desde las tribunas el público se enardece y de igual manera vitorea al torero así como lo putea. “Hijo de puta, vete a la mierda Padilla”, grita un hombre enardecido, a tal punto que entre corrida y corrida baja al borde del ruedo (no sé si se llama así donde se torea) a increpar a uno de los ayudantes del torero. Se sucede el espectáculo gigantesco de la lucha entre una bestia que no tiene escapatoria y lucha sin saberlo y una bestia pequeña ante tanta inmensidad peligrosa, toreando al toro, incitándolo a que ataque mediante movimientos del capote o simplemente con su cuerpo, mostrándoselo al toro, sacando pecho formando una figura estilizada cuya única protección es su capote y su cuerpo. Suenan los clarines y entran los picadores (tampoco sé cómo se llaman) y azuzan al toro desde lo alto de su caballo (que tiene una ancha venda que le tapa los ojos) para que los ataque. Y así se larga el toro contra el caballo y el hombre, 500 kilos contra 500 kilos, una mole furiosa que ataca con tal fuerza que logra hasta tirar al caballo, mientras la pequeña bestia que está montando le clava al toro la pica en el lomo. ¿Crueldad malsana o premeditadamente cobarde?. De a poco al animal lo van desorientando y lo hacen correr de un extremo al otro, ya que son como cuatro toreros los que están en el ruedo. Se suceden las pasadas y mediante la orquesta que comienza a tocar su música, da paso a las banderillas.

El pobre toro las recibe en su lomo una y otra y otra vez, en pares en cada clavada. Pero todavía tiene presencia, porque hay que ver cómo sale corriendo la bestia pequeña, poniendo pies en polvorosa si ha hecho mal la maniobra y el toro sale a perseguirlo. Ahí toda la hidalguía se va al carajo  abrumado por las puteadas que salen de las tribunas del circo romano.

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Y es bien circo romano, porque mientras está el juego de bestias en el ruedo, jugándose hasta en forma suicida el torero, en las tribunas un tipo muy campante se pone a hablar por el celular, otro está escuchando un mensaje de voz que le mandaron por Whatsapp y los de atrás acompañan la corrida con un ruido crujiente de papas fritas, mientras morfan, vitorean o putean al torero de turno según sea de su agrado o no la faena que está realizando. En determinado momento, cansados de juego o con certeza que si siguen jodiendo al toro, el mismo va a terminar siendo más inteligente que la bestia pequeña y se va a dar cuenta del engaño, que no tiene que cornear al capote sino al traje de luces del torero, se preparan para terminar la partida. El torero cambia el capote fucsia y amarilla (reversible, qué paquetos) por la muleta roja y un estoque. El matador sigue toreando, azuzando al toro en cada pasada. Enardecido por los gritos del circo romano, se pone de rodillas contra el borde del ruedo y azuza con gritos y movimientos de muleta al toro para que embista. El toro así lo hace y el torero se muestra desafiante, una y otra vez, en una pelea enceguecida (*) entre bestias. La plebe grita desde las tribunas y cuando los oigo pienso “¿serían tan ‘guapos’ si fueran ellos los que estuvieran en el ruedo?”.

El final se acerca. El toro no tiene escapatoria ninguna. No lo sabe el pobre ¿o quizás sí?. Embiste una vez más mientras la espada entra hasta la profundidad de la carne. Los ayudantes del matador entran al ruedo y con sus capotes comienzan la danza de la muerte. Mueven sus capotes fucsias y amarillas mientras el toro mira hacia un lado y hacia otro, vacilante a quién atacar, en un vano intento por escapar de tanta bestialidad. Finalmente sus fuerzas flaquean y se derrumba en el suelo. No sé si para apagar de una vez por todas con tanto sufrimiento, se acerca un ayudante y con un pequeño puñal (la “puntilla” según leí en internet) se acerca con mucha prudencia (“tío¿ tienes miedo que en un último acto de valor el toro también te lleve puesto?”) y le clava el puñal en un lugar certero, haciendo que el toro por fin muera, saciando a las pequeñas bestias, mientras el circo romano se relame de placer y ruge y aplaude si la faena ha sido buena, tirando sombreros y pañuelos al ruedo al paso del matador, a quien le han dado las orejas de toro como trofeo; el mismo torero que se retira cabizbajo si lo que se oye desde​ las tribunas es una puteada tras otra. Yo me pregunto terminado el espectáculo, ¿quiénes son las bestias, el toro o los humanos?

Hasta el próximo news.


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Otras Campanas (3 noticias)
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