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Un yonqui llamado Adolf Hitler y su médico el Dr. Morell: un extraño caso de drogodependencia oculta

10/05/2016 05:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La dependencia de Adolf Hitler y su afición al uso de medicamentos, incluida la estricnina y la inyección de glucosa intravenosa le convertieron en drogadicto, y son numerosos las obras que han tratado el tema, como el libro de Rohrs titulado “Hitler la autodestrucción de una personalidad"

 

El Dr. Theodor (Theo) Gilbert Morell Morell, fue el médico personal del dictador alemán Adolf Hitler. Estudió medicina en Grenoble y en París, luego recibió formación en obstetricia y ginecología en Munich a principios de 1910. Para 1913 ya tenía un doctorado y era un médico con licencia y decía haber estudiado con el bacteriólogo ganador del Premio Nobel Ilia Mechnikov, además de haber enseñado medicina en universidades prestigiosas, y en ocasiones se llamaba a sí mismo profesor. Morell poseía acciones en numerosas compañías farmacéuticas europeas  importantes.

Ejerció una práctica muy lucrativa, patrocinada por empresarios, aristócratas, actores y cantantes de la época. Era conocido por ser polifarmaceuta, y su tratamiento habitual eran a base de inyecciones, podían ser de glucosa al 20% intravenosa, o de otros compuestos. Morell era bien conocido en Alemania por sus discutidos tratamientos alternativos holísticos y poco convencionales. Sus inusuales métodos le valieron el reconocimiento del Shah de Persia y del rey de Rumania, quienes le invitaron a ser su médico personal.

Médico de Hitler

En 1936 Morell trató al fotógrafo de Hitler, Heinrich Hoffmann, quien sufría de gonorrea y al que al parecer curó. Hoffmann y su entonces asistente Eva Braun, le presentaron a Hitler y el Dr Morell pasó a formar pronto parte del círculo íntimo de Hitler en el Berghof. Como médico de Hitler, Morell era constantemente recomendado a otros miembros de la jerarquía nazi. Goering  le llamaba "el Canciller Aguja" o el “Ministro Inyector“, por afición a utilizar inyecciones cuando se enfrentaba a cualquier problema médico grave o leve.

Cuando conoció al Dr Morell, Hitler estaba sufriendo de una patología cutánea (una leve ictericia) y calambres intestinales, dispepsia y exantema en las piernas. Morell le dijo que podía curarle en menos de un año. Y Hitler pareció recuperarse en seguida porque sus males tampoco eran graves. Y así es como Morell se ganó la confianza del Führer  y de inmediato fue su médico personal para lo cual no se necesitaba un nombramiento escrito. De inmediato comenzó a viajar con Hitler a todos los frentes y países ocupados desde el comienzo de la guerra.

Morell era obsesivo con la presión arterial de Hitler y culpaba sus problemas también a su hipertensión leve, para lo cual le recomendó sanguijuelas, un procedimiento muy utilizado por los médicos de la época. Le ordenó realizarse un electrocardiograma con un cardiólogo en Berlín bajo el nombre de “Paciente A”, quien le diagnosticó esclerosis coronaria.

Morell trataba a Hitler con diversas fórmulas esotéricas, incluyendo una combinación de vitaminas, hormonas, bacterias E. coli llamadas Mutaflor. Más adelante le prescribió enzimas, metabolitos, extractos orgánicos y electroterapia. Asimismo, le suministraba opiáceos, por vía oral e intravenosa, que decía eran para simplemente para el dolor.

La dependencia física de Adolf Hitler y su afición al uso medicamentos, incluida la estricnina y la inyección de glucosa por vía intravenosa le hicieron convertirse en drogadicto, un jonki de todos los estupefacientes. Y son numerosos los libros que han tratado el tema, como el de Hans Dietrich Rohrs titulado “Hitler la autodestrucción de una personalidad". El hombre que llevó a Alemania a la Guerra en 1939 y el que se suicidó en el bunker de Berlin en 1945, eran dos personas totalmente distintas, psíquica y fisicamente.

Uno de los enigmas de la salud de Hitler, sobre el que se han escrito tantas líneas y  fabricado tantos mitos, se aclara, leyendo el dossier de su médico personal. Y en Nuremberg, sus  colegas en el banquillo, los exdoctores de la Dirección del Servicio de Salud del III Reich, cargaron las tintas sobre el Dr Theodor Morell, afirmando ante el Tribunal de Crímenes de Guerra, que éste cuidó la salud de todos sus pacientes con terapias erróneas y equivocadas, con "remedios-milagro", que les envenenaban. Era criminal de derecho común.

Prisionero de las fuerzas norteamericanas en el antiguo campo de concentración de Dachau, el Dr Morell trató de responder a las preguntas que tanto interesaban entonces al OSS (Oficina de Servicios Especiales), incluidas sus enfermedades como el mal de Parkinson (la paralysis agitans) que se hizo patente en el Führer, desde antes de la Batalla de Stalingrado, fue un enfrentamiento bélico entre el Ejército Rojo y la Wehrmacht de la Alemania nazi por el control de esa ciudad, entre el 23 de agosto de 1942 y el 2 de febrero de 1943. Esa batalla decidió la suerte del ejército alemán y la del mismo Hitler, ya que recibió tal golpe psíquico que su arterioesclerosis cerebral empeoró y le afectó a la memoria, y el mal de Parkinson  le acentuó el temblor de las manos y la dificultad para hablar  que el Dr Dietrich hizo públicos.

La salud mental de Hitler le llevó a seguir a ciegas los consejos de Heinrich Himmler, el único que tenía acceso al Führer. Cualquier médico o general que le contradecía se jugaba la vida. Ese fue el caso del Dr Brandt, que funcionaba en el Cuartel General de Hitler, Morell sostuvo en el Berghof una rivalidad con el médico Karl Brandt, quien había atendido esporadicamente a Hitler desde 1933. Ambos discutían con frecuencia, aunque Hitler estaba del lado de Morell por las drogas que Morell le facilitaba y de las que Brandt era enemigo y trató de poner freno al Dr Morell y a sus medicamentos-milagro. Brandt cayó en desgracia del círculo del Führer y sabía lo que le esperaba a él y a su familia. Trató de salvar del campo de concentración a su mujer y a sus hijos enviándolos a Turingia y parece que lo logró. Fue detenido por la Gestapo y sometido a proceso. El Obergruppenführer  Berger, presidente del tribunal militar, trató de salvar al Dr Brandt, intercediendo ante  Goebbels, y contándole la verdad sobre el Dr Morell y sus drogas que estaban envenenando al Führer. Goebbels no quiso ni oirle y le amenazó por mencionar para nada a Hitler  y a su médico. El Dr Brandt desapareció en alguna prisión de la Gestapo. Fue condenado a muerte por “difundir secretos militares”, lo cual era una excusa increíble y no se sabe el destino de Berger, por interceder a favor de Brandt. Algún periodista dice haberle visto en 1945 en una prisión inglesa“.

La Gestapo (Geheime Staatspolizei) la fundó Goering, como presidente del Consejo de Prusia en 1933. Pero Himmler, fundador y jefe de las SS, maquinó y logró que la Gestapo pasara a sus manos, lo que le daba de facto el poder absoluto del III Reich con la ayuda de Heydrich, desde 1936.Heydrich murió en atentado de los paracadistas polacos enviados desde Inglaterra  a Checoslovaquia. por Winston Churchill.Himmler se queó solo al frente de la seguridad del Reich.

En 'Der Total Rausch' (euforia total sobre los medicamentos en el Tercer Reich), Norman Ohler, escribe que "Los médicos y los medicamentos representan gran parte de la estructura interna del nazismo y de su caída en picado, después de la batalla de Stalingrado”. Según la investigación de Ohler, Hitler se volvió casi patológicamente interesado en medicamentos desde que Theodor Morell se convirtió en su médico personal en 1936, cuando le prescribió el Führer una droga llamada Mutaflor para aliviar el dolor de calambres en el estómago, cosa que consiguió.

Morell se convirtió en traficante de medicinas-milagro en los años siguientes, pues para proporcionarle la prescripción casi diaria que el dictador nazi exigía, de algunos de los fármacos más poderosos de la época, incluyendo inyecciones  de metanfetamina y la estricnina.

Después del atentado de asesinato contra Hitler, ocurrido el 20 de julio de 1944, cuyo autor el coronel antinazi Stauffenberg fue después fusilado. Morell  trató a Hitler con penicilina tópica, la cual era un misterio pues ese medicamento tan sólo había sido introducido experimentalmente en el frente por el ejército norteamericano poco antes. Dónde la adquirió sigue siendo un gran enigma, ya que Morell dijo en el juicio de Nuremberg no conocer la penicilina en absoluto cuando fue interrogado repetidas veces por la OSS  norteamericana del general Donovan y por otros oficiales médicos de la Inteligentsia aliadas en 1944. Morell  tenía influencias increíbles en todos los laboratorios de Europa y América cuando le hicieron prisionero en 1944. Lo que es más, cuando miembros del círculo interno de Hitler fueron interrogados por los autores del libro The Bunker, algunos afirmaron que Morell poseía una cantidad significativa de acciones en una compañía norteamericana que promocionaba fraudulentamente un producto como penicilina o sulfas.¿parece imposible que el médico de Hitler pudiera llegar tan lejos en terreno enemigo. ¿Cómo?. El caso es que esa primera penicilina hizo mucho bien a Hitler cuyo mal de Parkinson se había acentuado y él mismo se le puede calificar de Zombie, un muerto viviente,   cuya captura, vivo o muerto, deseaba medio mundo.

Según los informes, el Dr Morell llegó a ser muy temido incluso en el círculo íntimo de Hitler porque tenía una  influencia maligna en el estado de ánimo del Führer sobre todo en sus decisiones. Ohler estima que las drogas explican la locuacidad o los silencios del dictador durante las ceremonias públicas y reuniones personales, sus cambios repentinos de humor, las rarezas en su comportamiento y carácter, tales como las ordenes inexplicables.

Lo extraordinario es que Hitler durara hasta abril de 1945 porque se hubiera suicidado ya con drogas, pero no le mataron

El autor calcula que desde 1941 hasta 1945, a lo largo de 1.349 días, Hitler recibió no menos de un centenar de inyecciones de metanfetamina, esteroides y otras sustancias recetadas por Morell.

Morell confesó en Nuremberg que su paciente Hitler llegó a tomar más de 74 diferentes clases de medicamentos. Y admitía los aumentos progresivos de dosis que el Dr Morell le aconsejaba.

Aparentemente, Morell jamás le decía a Hitler (y a nadie más) qué era exactamente lo que le estaba administrando, y se confirmaba con que sus preparaciones contenían distintas vitaminas e ingredientes "naturales". Algunos fármacos (como el Glyconorm, un tónico popular en Suiza utilizado para combatir infecciones) contenían tejidos animales como placenta, músculo cardiaco, hígado y testículos de toro. Durante su interrogatorio después de la guerra, Morell afirmó que otro médico le había administrado cocaína a Hitler y se sabía al menos de un médico que se la había administrado en forma de gotas para los ojos cuando la solicitó en las horas posteriores al casi exitoso intento de asesinato el 20 de julio de 1944. La cocaína se usaba con frecuencia en Alemania con fines médicos en ese tiempo, pero se dice que Morell incrementó la dosis diez veces. El sobreuso de gotas para los ojos a base de cocaína se ha considerado como en conexión con su comportamiento psicótico, hipertensión y otros síntomas del dictador. No obstante, los historiadores han desechado la posibilidad de que el tratamiento de Morell para los ojos tras el atentado, tuviera esos efectos sobre Hitler pues no hay noticias de que Morell le administrara cocaica para otra cosa que para los ojos. El Führer no se metía rayas de cocaína, aunque  Morell no hubiera dudado en dárselas, como otros opiaceos.

Algunos periodistas sostienen que regularmente Morell inyectaba a Hitler morfina sin decírselo, y que el mismo Morell era adicto a la morfina, al igual que Goering. Eso es más posible.

Un dossier de 470 páginas elaborado por el general William J. Donovan, v el jefe de la OSS (Oficina de Servicios Especiales) la Inteligencia militar norteamericana durante la Segunda Guerra Mundial (antecesora de CIA) sostuvo que el Führer era un hombre 'splenetic' (caprichoso integral). Norman Orell dice que para el invierno siberiano de 1941-42, el Dr Morell inventó el “Russlapulver”, el polvo que compensaba la falta de alimentos y el hambre de los soldados alemanes Durante su retirada tras la derrota de Stalingrado, les protegía de la fiebre, el frío y los piojos y aumentaba su energía. Hitler alabó el fármaco del Dr Morell y lo peor es que lo aconsejó al Alto Mando de la Luftwaffe, en una conversación con el Mariscal Goering. También inventó la Vitalmultine dorada, en tabletas, como de chocolate.

Según un documental de Canal 4 de la TV británica titulado 'Drogas el hábito oculto de Hitler“, en que se describían los últimos días de los personajes del Reich alemán en el búnker de Berlin, en abril 1945, se afirmaba que el Führer recibía cada ocho horas una inyección intravenosa de Vitamultine,   fármaco que incluía metanfetamina y cafeína entre sus ingredientes. Es curioso porque al dictador no le gustaba el café, ni fumaba, ni probaba el alcohol. Era un asceta.

El 22 de abril de 1945, horas antes del suicidio e Hitler y de Eva Braun, al que siguó el del matriminio Goebbels y sus cinco hijos, Morell fue despedido del Führerbunker de Berlín por Hitler, quien dijo que ya no necesitaba ya ayuda médica. Morell escapó de Berlín en uno de los últimos vuelos fuera de la ciudad como Marttin Bormann y otros jerifaltes nazis, pero pronto fue capturado por la policía Militar norteamericana. A pesar de que fue retenido en un campo de internos norteamericano (en el sitio del antiguo campo de concentración de Dachau) y cuestionado mil veces debido a su relaciones intimas con Hitler desde 1936, milagrosamente nunca fue acusado de ningún crimen, lo cual puede extrañar a muchos lectores.

Ohler  sostiene que el abuso de drogas en la búsqueda de la omnipotencia de poder y de sentirse siempre alerta, a lo largo de varios años pasó factura a Hitler: la primavera de 1944, los dientes se le estaban cayendo por el consumo de azúcar en grandes cantidades, con que hacer frente a los síntomas de abstinencia. Y el temblor en las manos causado por el Parkinson y una arterioesclerosis cerebral prematura hicieron de él un anciano a los 56 años.Estaba cadavérico.

Dos historiadores célebres Trevor-Roper y Allan Bullock se han ocupado del tema.Thambién la TV.Destaca el fm "The Fall" (La Caida).

El Tercer Reich, como el resto del mundo en la década de 1930, empezó a obsesionarse por los estimulantes a base de metanfetamina, que se hizo popular luego entre los existencialistas, artistas, estudiantes y deportistas, según La Stampa.

El mundo entero quedó sorprendido por los esfuerzos desarrollados por los atletas alemanes en los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín, presididos por Hitler, y en cierta medida, fue gracias a este tipo de medicamentos, que se daban abiertamente como benzedrina, una variedad de anfetamina que llegó al mercado de europeo en 1933, lograron compensar las marcas de los atletas de color americanos (como Jesse Owens) en las Olimpiadas y ganarlas.

Morell inició un tratamiento con glucósidos cardiacos y metrazol. En el atentado de julio 1944, Hitler sufrió además de múltiples contusiones, quemaduras superficiales, una ruptura del tímpano y fue tratado de sus oídos por el Dr. Giesing, un otorrinolaringólogo. El Dr. Giesing le ordenó unos exámenes que mostraron estricnina y atropina en la sangre del dictador, y acusó al Dr. Morell que estaba tratando de intoxicar a Hitler y no pasó nada.

Muchos nazis alemanes -  con su jefe al frente - siguiendo el ritmo de los tiempos, aprobaron como una novedad la primera versión de la metanfetamina de cristal que elaboró el Dr. Fritz Hauschild. La droga se hizo popular en la Alemania nazi bajo el nombre de marca nacional Pervitin, y era absolutamente legal.

Pervitín, fue una marca casi oficial y la utilizaban los soldados alemanes en todos los frentes durante la Segunda Guerra Mundial. Era  una metanfetamina que  se dispensaba en comprimidos. Incluso las amas de casa alemanas estaban familiarizados con 'maravillas' del Pervitin, y su productor, sacó a la venta chocolates que contenían la droga.

Los grandes consumidores del Pervitin estaban dentro de un uniforme de  soldado alemán. Levantaba el ánimo; era  una droga eufórica  ya que aliviaba la fatiga y éso les hacía sentirse invencibles. Pronto se engancharon los miembros de los tres ejércitos y en especial la Luftwafe, cuyo jefe el mariscal Göring, era por cierto, morfinómano. Esto, obviamente, les pasaba factura después. El Pervitín se popularizó en toda la Wehrmacht, y se consumía por millones en forma de comprimidos. Entre abril y julio de 1940, durante la Batalla de Inglaterra se enviaron al ejército alemán y a la Luftwaffe unas 35 millones de dosis de 3 mg de Pervitin, según el escritor Norman Ohler.

Como dijo el médico en jefe del ejército de Hitler, Otto Ranke, al fin y al cabo, el Pervitin es una "droga militarmente valiosa." Esta afición a las drogas trajo sus frutos a los laboratorios. En 1942, durante las acciones militares en Rusia, el propio general Ranke  recomendó personalmente, el uso de Pervitin. Y hasta los oficiales siguieron el consejo.

Eso se convirtió en la primera “anfetamina Blitzkrieg” de la Wehrmacht, seguida de otra “Drang Nach Osten” (Empuje hacia el este) para las operaciones en el este, contra la Unión Soviética. Todo lo que se ha dicho aquí es lo más lógico del montón de información sobre la relacón sobre el Dr Morell y Hitler. Hemos tratado de dejar mitos aparte.

 

 

 


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