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Mayweather vs Pacquiao: La decepción del siglo

04/05/2015 19:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El combate del siglo disputado la madrugada del 2 de mayo entre Mayweather y Pacquiao en el MGM de Las Vegas no ha llegado ni a rozar las expectativas que se habían generado entorno al mismo

No se dejen engañar por los números de infarto que ha movido este combate. Si alguien piensa que todos estos millones tienen algún valor para el mundo del boxeo en general se equivocan. Los únicos beneficiarios aquí son los dos púgiles y todos aquellos que han formado parte de esta lucrativa maquinaria. Todos los demás somos los perjudicados. Si el único propósito de este combate era hacer una caja estratosférica, han conseguido sobradamente lo deseado. Eso sí, siempre y cuando únicamente hubiera este propósito, descartando cualquier otro posible. Porque si había cierta intención de ofrecer un buen entretenimiento al público,   aunque fuera un poco, se han quedado lejos. Muy lejos. Han conseguido mantener en vilo este hype hasta que nos dimos cuenta de la tónica que iba a mantener el combate después de varios asaltos. Y si había algún iluso dentro de esta maquinaria de billetes que pensaba que este enfrentamiento podría darle vida al boxeo, que realmente no se encuentra en su mejor momento, sus pronósticos han fracasado estrepitosamente. El que prometía ser el combate del siglo, no ha hecho más que acentuar el declive del boxeo.

Sobre el ring no hemos visto dos luchadores con sed asesina hirviendo por sus venas como en el boxeo de antaño. Aquellos luchadores que no se podían detener cuando sonaba la campana y que tenían que ser reducidos por varios miembros de su equipo sino se comían al oponente. Aún así hemos estado ante un asesino delante de nuestros ojos, uno muy despiadado por cierto, Mayweather. El 2 de mayo de 2015 hemos sido testigos de un cruel asesinato, el del boxeo. Cada asalto que iba transcurriendo, producía un severo golpe en este deporte. Le reducía el oxigeno, le nublaba la visibilidad, lo dejaba totalmente trastornado. Para cuando sonó la campana, esta modalidad deportiva ya se encontraba agonizando. La decisión final de los jueces produjo el KO definitivo. De aquellos que dejan al púgil inconsciente. Así es cómo quedo el boxeo tras este veredicto. Sin embargo yo no voy a entrar en la polémica de si fue justo o no. A pesar de que a ojos de un espectador corriente puede parecer que Money no debió haber sido elegido vencedor, limitándonos al número de golpes conectados hizo más y punto. Aunque no produjesen daño alguno, aunque solo fuesen como pulsar el botón del joystick para recibir más puntos dentro de un videojuego. Mayweather ha demostrado que desplegando un boxeo tan rancio es posible lograr el triunfo. Ha demostrado que con una sutil estrategia defensiva, solo tienes que dejar pasar los minutos hasta bañarte en un mar de gloria. Muchos diréis que es decisión suya como pelear, mientras cumpla con las reglas del juego él está en todo su derecho de hacer uso de las tácticas que vea más oportunas para llevarse el combate. Y en eso os doy toda la razón. En realidad toda la culpa no puede recaer sobre él ni mucho menos. Él ha salido al cuadrilátero dispuesto a asesinar el boxeo y nadie ha hecho nada para remediarlo. Le han dado carta blanca para hacerlo.

Cuando se lleva a cabo un evento de tales características, haciendo mucho ruido  en todo el mundo, en países como España donde la afición al boxeo es reducida en comparación con otros  territorios, sabes que hay mucho en juego a parte del dinero. En primer lugar estás exponiendo un  deporte delante de millones de espectadores que o bien no lo han seguido nunca o bien lo han hecho en escasas ocasiones. Y estas escasas ocasiones son aquellas que sabes que pueden marcar un antes y un después en la historia. Hitos deportivos que luego contarás a tus hijos que viste en directo, que tuviste la suerte de presenciar uno de los desenlaces más esperados del momento. Cuando se le da tanto bombo a un acontecimiento, te acaba despertando esa curiosidad  de “quizá estoy ante algo grande, ¿porqué no echarle un vistazo?” Gracias a este despliegue mediático se le ha brindado una oportunidad de oro al boxeo de renacer de sus cenizas. De mantener al público enganchado al televisor (o al ordenador actualmente), expectante de lo que pueda producirse en cualquier momento. Era la oportunidad perfecta para despertar el gusanillo por este deporte. Para hacer que los aficionados de toda la vida vuelvan a vibrar por un combate. Había mucho más en juego que unos millones de dólares. Sin embargo los encargados de crear esta maquinaria de riqueza sólo se han preocupado del beneficio inmediato. De coger el dinero y largarse.

Me imagino que ya no les debe preocupar en un futuro amasar estas mismas cantidades de fortuna. O bien están muy seguros de hacerlo, vendiendo un producto mediocre cómo caviar de primera categoría. Para qué cambiar la fórmula si el espectador me seguirá aportando unos abultados ingresos. Lo que hemos presenciado la madrugada del domingo ha sido una auténtica burla al espectador. Si vendes un enfrentamiento como el “combate del siglo”, tienes que estar mínimamente a la altura del nombre. A los púgiles se les debe hacer firmar una clausula secreta en la que se exponga que para recibir el botín de la bolsa ha de haber espectáculo. Que por esta suma se dejen su integridad física sobre el cuadrilátero. Hay que mentalizar a los luchadores de que están delante del combate de su vida, de que se trata de una pela a vida o muerte. Desde el día en que se pactó el combate, se le debe dejar claro a Mayweather que cambie de plan. De que vaya a morder. De que ofrezca emoción. De que no se esconda. Se debe dejar claro que lo más importante es ofrecer espectáculo.

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A Pacquiao se le ha visto con ganas, con ilusión, buscando hacer tambalear al rival… pero no ha sido suficiente. No ha peleado a la altura de sus ingresos. No ha peleado teniendo en  cuenta que sus compatriotas hacían grandes sacrificios por tal de verlo y transmitirle apoyo a miles de quilómetros de distancia. Sí que es verdad que los años pasan factura, que ya no es el mismo de antes. Pero incluso en su estado físico actual ha faltado ver esa garra, esa ambición de decir me dejaré la vida y el alma sobre el ring. No lo vimos en ningún momento. Claro que con un rival como May era difícil alcanzar esas cotas de furia. El estilo del estadounidense te apaga, te va mermando lentamente. Y lo peor de todo, no despierta al verdadero luchador que llevas dentro. De modo que en un combate llamado a ser “la pelea del siglo” debería estar tajantemente prohibido luchar así, de manera no oficial. Sino pónganle otro nombre.

Después de los doce asaltos no hemos visto a dos luchadores muy castigados físicamente, cuando en una pelea de estos calibres deberían acabar luchando por respirar. Y tampoco no quiero que se me malinterprete, no busco simplemente violencia, busco espectáculo. Un aficionado estadounidense que ha pagado 100 dólares para ver la retransmisión del combate, quiere ver algo más que el despliegue de una defensa inquebrantable de Mayweather. Si eres practicante de este deporte no dudo en que puedas sacar unas valiosas lecciones de esta estrategia defensiva, pero el resto del público queremos acción. Y todos estos millones que se han generado no hubieran sido posibles sin los aficionados que querían presenciar un buen espectáculo más allá del boxeo de libro.  El boxeo de manual que se lo dejen a los expertos, pero cuando realizas un evento multitudinario, tienes que saber qué público te mira y qué es lo que se espera de ti.

En cuanto al negocio realizado por Mayweather y sus representantes, me quito el sombrero, pero solamente desde el punto de vista empresarial. En primer lugar, han evitado realizar una pelea que podría haber tenido un desenlace distinto hace varios años, y que podría haber cambiado la historia de Mayweather y su récord de imbatibilidad. En segundo lugar, han dado una cobertura tan amplia del evento, que aquellos que ni conocían los nombres de estos dos púgiles ahora se conocen hasta su talla de zapatos. Y en tercer lugar, el “gran golpe” se ha realizado poco antes del retiro. Mayweather deja tocado el boxeo pero esto ya no le importa, él se ha desembolsado sus billetes y vivirá feliz rodeado de excentricidades. Ya ha conseguido exprimir todo lo que ha podido, de modo que ya no le queda mucho que hacer por aquí. Pero al menos podría tener la decencia de no llamarse el mejor de todos los tiempos. Porque ser el mejor no implica tener los mejores registros. Implica arriesgar más que nadie, implica hacer arte de aquello que hagas, y evidentemente implica ganar, pero no de cualquier manera. Alguien que desempeñe un juego ultradefensivo no puede considerarse mejor en ninguna modalidad deportiva. Porque a esta estrategia recurre alguien que tiene carencias que suplir. Alguien que sabe que dar la cara podría le podría costar caro. Nadie ha sido el mejor en su campo siendo excesivamente prudente. Si estás aquí y has llegado a cobrar el dinero que has cobrado es por los aficionados que te han seguido. Y al menos podrías haber tenido la decencia de haber ofrecido un combate más vistoso antes de retirarte. Incluso si hubieras perdido, dejarías un mejor sabor de boca a tus fans protagonizando un combate épico.

En definitiva, el combate que hemos presenciado es un simple insulto al espectador. Un entretenimiento insulso capaz de generar cantidades atmosféricas de dinero. Un hype creado de la nada si realmente estos dos luchadores no tenían nada mejor que ofrecer. Si te propones a realizar un evento que puede pasar a los anales de la historia, tienes que cumplirlo, al menos mínimamente. De este combate no nos llevamos ni una triste imagen que pueda perdurar en nuestra memoria. Ni una acción que nos haya podido emocionar un poco. Organizadores y demás partícipes del evento, si creéis que no habéis matado el boxeo pensad: si esto es todo lo que ha podido ofrecer el combate del siglo, ¿qué nos puede ofrecer cualquier otro combate? Espero que en un futuro se vuelva a pensar en el espectador, el  verdadero artificie para que esta maquinaria económica funcione. O quizá el espectador está dispuesto a lidiar con cualquier producto que genere un hype tremendo, de modo que basta con crear esta falsa expectación. Espero que no sea así, al menos no por mucho tiempo.


Sobre esta noticia

Autor:
Thinker (1 noticias)
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