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Karl Landsteiner clasifica la sangre humana

04/07/2012 17:47

0 Durante el siglo XVII, varios médicos, bastante temerarios, intentaron practicar transfusiones, pero como los resultados eran todo un desastre, Francia, Inglaterra e Italia terminaron por tramitar leyes que prohibían estas prácticas

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Karl Landsteiner es prácticamente un desconocido, pero millares de personas le deben la vida. Originario de Baden, Austria, vino al mundo en 1868, y era el hijo de un periodista.

Después de obtener su título de doctor en medicina, se dedicó a estudiar, por cuatro años, química. Mas tarde ingresaría como profesor a la Universidad de Viena, y en el laboratorio comenzó a trabajar en un tema apasionante para el: la sangre humana.

Durante el siglo XVII, varios médicos, bastante temerarios, intentaron practicar transfusiones, pero como los resultados eran todo un desastre, Francia, Inglaterra e Italia, terminaron por tramitar leyes que prohibían estas prácticas, mientras que los médicos más prestigiosos de Viena daban una sencilla explicación al problema. Decían que toda la sangre era igual en todas las personas, pero la transfusión era mortal cuando la sangre del donante estaba enferma. Para el joven doctor Landsteiner, más que una explicación, fue la fuente de muchas dudas.

Comenzó juntando varias muestras de sangre, espero a que se coagulasen y después realizo una separación de lo coagulado y el suero. Mas tarde realizó algunas mezclas con los glóbulos rojos de una muestra y el suero de otra. El médico observó los resultados a través del microscopio, y pudo ver un problema impresionante.

Generalmente, los glóbulos rojos, se ven como granitos de arena distribuidos uniformemente, pero en muchas de sus muestras, estos se juntaban, se concentraban igual que racimos.

Observando esas reacciones no era difícil pensar en los resultados en el interior del cuerpo humano. Estos glóbulos arracimados no podían pasar por toda la red de vasos capilares, y los tejidos quedaban sin alimento. Lo primero que pensó es que no era extraño que las personas murieran.

Meses después concluyó, sin lugar a dudas, que las sangres no eran iguales. Muchos glóbulos rojos contenían una extraña sustancia A, otros una B, mientras que otros no tenían ninguna, denominándolos con el signo cero, 0. Después se malinterpretaría este cero, y terminó convirtiéndose en O, para denominar el tercer gran grupo de sangres. Cabe señalar que el doctor Landsteiner no pudo identificar el cuarto grupo, AB, ya que ninguno de sus dadores voluntarios pertenecía a este segmento.

De esa manera, se llegó a determinar que si se realizaba una transfusión de una persona A, a otra A, o una persona con sangre B, a otra B, no existirían los problemas. Pero jamás se debería poner sangre A, a una persona B.

Tenía la seguridad que la sangre contenía algo mas que los factores A o B. lo que realmente pensaba, era que, con el tiempo, la sangre sería tan detectable como las impresiones digitales

Desde ese momento ya se estaba en condiciones de realizar las transfusiones sin el menor riesgo, pero la medicina, en el mundo aun no estaba preparada para aceptar este descubrimiento salvador, y la comunidad científica lo dejó relegado al olvido.

Años después, Karl Landsteiner fue invitado a dirigir su propio laboratorio en Estados Unidos en 1922, por lo que se trasladó a Nueva York, al Instituto Rockefeller. La experiencia para él fue un sueño hecho realidad, ya que tenía todo cuanto necesitaba para poder seguir investigando lo que le apasionaba, la sangre humana.

Tenía la seguridad que la sangre contenía algo mas que los factores A o B. lo que realmente pensaba, era que, con el tiempo, la sangre sería tan detectable como las impresiones digitales. En compañía de un ayudante talentoso, el doctor Philip Levine, encontraron mas factores, el N, M y P. no eran de tanta importancia como el A y B, porque en raras ocasiones producían reacciones. Finalmente, todo resultó ser de mucha utilidad para la medicina legal.

En 1937 trabajó con el doctor Alexander Wiener, logrando descubrir el factor Rh. Este descubrimiento dejaba abierto el camino para derribar la incompatibilidad de sangre, que en otros años había sido mortal.

El 24 de junio de 1943, a los 75 años, un ataque cardiaco derrotó al doctor Landsteiner, dejándolo agónico durante dos días. Aguantando los fuertes dolores, dio instrucciones para apurar ciertos experimentos importantes para el, después falleció.

Fue enterrado, según su deseo, en un cementerio pequeño de la isla de Nantucket, Massachusetts, en los Estados Unidos.

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