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James Ellroy: "Reescribir la Historia es mal negocio"

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24/09/2019 19:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

DAVID YAGÜE

  • El escritor estadounidense está en España presentando la segunda novela de su segundo Cuarteto de Los Ángeles, 'Esta tormenta'.
  • Ellroy se posiciona sobre la retirada de monumentos y memoria de Colón y los españoles en California: "Está mal. No siempre ocurre lo que queremos, pero eso no da derecho a cambiar la Historia".

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James Ellroy (Los Ángeles, 1948), llamado el 'Perro diabólico' de la novela negra estadounidense y autor de novelas tan celebradas como L.A. Confidencial, espera a 20minutos.es en un céntrico hotel madrileño. Alto y desgarbado, en esta ocasión sin su habitual camisa de estilo hawaiano, se deja caer en un butacón y advierte varias veces durante la entrevista de que no habla "sobre política actual".

El californiano está presentando en España Esta tormenta (traducción de Carlos Milla Soler, Literatura Random House, 2019), segunda entrega de su segundo Cuarteto de Los Ángeles, donde reconstruye la vida de su ciudad natal durante la Segunda Guerra Mundial. Si en Perfidia, contaba, entre otras muchas cosas, las humillaciones y salvajadas que sufrió la comunidad japonesa tras Pearl Harbour; en ésta, crea un fresco febril, violento, complejo y oscuro, donde se mezclan policías duros, corruptos, nazis, comunistas, anarquistas, asesinos, y personajes reales como el mítico cineasta Orson Welles o el fascista mexicano Salvador Abascal, muy inspirado por Franco y la Falange española.

Al hablar con Ellroy, uno tiene la sensación de que la relación entre ficción y realidad se entremezcla también en él como persona. Como si quisiera dar pistas de su negro sentido del humor y su visión de la historia de los EE UU, que afirma que le obsesiona, arranca él mismo la entrevista contando una "historia divertida": recuerda cuando estudiaba español con un amigo -"aunque yo nunca aprendí español en el colegio, sino trabajando de friegaplatos, rodeado de mexicanos"- los días posteriores al asesinato de JFK. "Nos pidieron representar algo gracioso", rememora, "nos presentamos en clase con pistolas de juguete y como a nosotros nos gustaba Nixon nos parecía gracioso que hubieran matado a Kennedy; así que dijimos que éramos asesinos -lo dice en español-, que íbamos a Dallas a matar al presidente. Y apuntamos y disparamos a la profesora, la señorita Galindo. Creamos el caos y acabamos en el despacho del director. Nunca le caí bien a esa profesora". Angelito.

Es usted un obseso de la historia de su país y de su ciudad natal, Los Ángeles, ha estudiado español... ¿qué le parece que en California se retiren estatuas de Colón...

No, no hablo de política actual, ya lo sabe. Pero bueno, además, eso que dice va contra la ley ¿no? No se puede reescribir la Historia, hermano. No siempre ocurre lo que queremos, pero eso no da derecho a cambiar la Historia. Es mal negocio. Y que no te guste algo, no te puede llevar a atacar la propiedad privada.

Pues al menos, en un caso que le digo, lo hizo el Ayuntamiento de Los Ángeles...

También está mal. Por esto nunca hablo del presente. No tenía ni idea de esto que me cuenta, llevo muchos años sin vivir en Los Ángeles. Pero lo oigo y no me gusta. No quiero saber nada de ello.

Escribe novelas policíacas, pero siempre le he escuchado destacar lo histórico que vive en ellas...

La Historia vive en mí. Siempre he mirado hacia el pasado. Cuando era niño, abrí un armario donde mis padres guardaban pilas de ejemplares de la revista Life, llenas de reportajes sobre Pearl Harbour, la Guerra Civil española, la guerra en el Pacífico y Europa, los comités de McCarthy... Todo aquello se quedó conmigo. Después, tras el asesinato de mi madre en 1958, mis lecturas se focalizaron en los libros sobre asesinatos y la novela negra. Debí leer como 10.000 libros. Asimilé de forma inconsciente y profunda todo sobre ese género: el procedimental, las novelas de detectives, las de espías... Y a todo eso, le añado mi amor por la lengua americana, con su punto de inventiva racial, de toques yidis, de argot negro, de aliteración, de jazz... Amo a los cómicos negros como Chris Rock, toda esa sonoridad. Me encanta toda esa mierda, me vuelve loco. Y con todo esto, escribo los libros como lo hago.

En Esta tormenta habla de los estadounidenses que se sintieron fascinados por el nazismo...

En 1939 nadie era consciente de que eran unos monstruos. Sabían que los japoneses lo eran por lo que habían hecho en China, en Nankín. Los izquierdistas de EE UU, por ejemplo, no veían el horror del comunismo soviético y los gulags. Fue un tiempo en que la gente creía en cosas descabelladas: había una obsesión eugenésica no sólo entre los nazis, sino entre los judíos izquierdistas de la época; había una Liga Negra Nazi, de adoradores negros de Hitler; había chinos fascistas... La gente estaba enloquecida y creía cosas locas. No había televisión e internet, la gente iba al cine y conducía, iba a clubs a escuchar música... Y antes de que me preguntes... hablo de 1942, no de los EE UU actuales, con los que no tienen nada que ver.

Sus protagonistas policías, son violentos y oscuros, ¿para combatir al crimen, tienen que ser tan oscuros como el propio mal contra el que luchan?

No, no, ellos son los buenos. Pero cuando uno entra en sus pensamientos más profundos, en el alma de gente como W.H. Parker, Elmer Jackson o incluso Kay Lake, aunque ella no sea policía, ve que están profundamente heridos, que tienen impulsos muy fuertes, apetitos y pasión. Pero son mejores que los malos, que Dudley Smith o Salvador Abascal, que los fascistas, los comunistas o los sinarquistas... Son mejores que ellos, sin duda.

¿Y qué me dice de sus personajes femeninos?

Todas ellas representan a la mujer solitaria y atormentada, son arquetipos. ¿Existen en la vida real? Te podría decir que me recuerdan a mi madre. Pero también hay dos actrices de mi juventud que están ahí, eran de esas actrices que te robaban el corazón. Eran Lois Nettleton y Shirley Knight. Las veía en la televisión y en el cine. Una lleva once años muerta y otra aún sigue viva, aunque nació en el 36. ¡No puedo contarle la cantidad de tiempo que he pasado pensando en ellas! ¡Muchas gracias Shirley por todo! ¡Lois, nos vemos al otro lado!

Sus novelas son complejas, retan y, no sé si coincide conmigo, pero dejan exhausto al lector...

Claro. Estos libros requieren mucha energía y reflexión. Nadie salvo yo sería capaz de escribirlas, nadie tendría la suficiente energía. Solamente la planificación me lleva 500 páginas y el libro requiere una superestructura inmensa.

Suele recibir buenas reseñas, en Europa la crítica le quiere...

¿Por qué no lo iba a hacer? (Sonríe)

... Pero no suele estar en las quinielas de los grandes premios, ¿se le desprecia por escribir novelas policíacas?

Nunca me seleccionan, y sí, creo que es porque perciben mis novelas como policíacas. Me pasa como a John Le Carré, otra figura literaria enorme: a nosotros nunca nos van a dar un premio. Mis premios son otros, los que se alargan durante el tiempo.

¿Cómo lleva la crítica?

No leo nada de lo que dicen de mi, no tengo ordenador y no puedo entrar en internet. A mi asistente le digo que no me cuente nada de lo que se dice de mi.

¿Puede avanzar algo de la siguiente novela del Cuarteto?

No, no le voy a contar nada (se ríe a carcajadas). Dentro de un par de años se lo cuento y hasta podrá leerlo.


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20minutos.es
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