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De la Historia de las Mujeres a la Historia con perspectiva de Género

07/10/2015 14:45 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

UN REPASO HISTORIOGRÁFICO

Por Gustavo Faget

El surgimiento de la investigación histórica de las mujeres y las relaciones de género, se vincula a una historia de exclusión, tratando de construir un nuevo campo de estudio fortalecido y legitimado. Hoy hay una fructífera producción en el ámbito de las ciencias sociales.

Muchos han sido los debates sobre el uso de la categoría género en las Ciencias Sociales. Sin embargo, su irrupción académica, ocurre hacia finales del siglo XX, con el reconocimiento de su fuerza analítica. Cuando hablamos de Historia enseñada a través del currículo, debemos hacer mención a la historia investigada; por lo tanto, resulta conveniente rastrear en la historiografía cómo fue surgiendo el interés sobre el rol de las mujeres en el devenir histórico y luego la incorporación del género como categoría de análisis.

LA ENTRADA DEL FEMINISMO EN LA ACADEMIA

Hacia la década del ochenta una parte del movimiento feminista se institucionalizó. De esta forma, el movimiento sufrió una fractura, surgiendo un debate entre sectores institucionalizados y autónomos. La segunda ola del movimiento feminista coincide con la entrada del feminismo en la academia, dándose una discusión: por un lado, planteos sobre la incorporación de los Estudios de las Mujeres en los planes y programas de las distintas disciplinas y ciencias, y, por otra parte, la búsqueda de cierta autonomía (Bartra, 1997).

Mujeres y hombres en el ámbito académico han reflexionado sobre precisar los conceptos, ¿mujeres o género?, es decir, ¿cómo no caer en el uso intercambiable de los términos?

El género es una construcción socio-cultural sobre la base de un cuerpo sexuado. Las características humanas consideradas femeninas son producto de la interacción social y de la experiencia individual; no se derivan directamente del sexo (Rubin, 1982, 1986). Como construcciones, los procesos genéricos no son fenómenos innatos, se pueden manipular y transformar históricamente.

El género como herramienta analítica para pensar y estudiar a las personas requiere la selección de nuevas fuentes y de nuevos contenidos históricos, así como la elaboración de nuevos proyectos y planificaciones, aspectos a considerar hacia una renovación de los programas de estudio y de la didáctica de la Historia (Scott, 1989).

Los símbolos constituyen producciones culturales, que poseen carácter ideológico. ¿Cómo se ha ido construyendo la imagen sobre las mujeres? ¿Cómo son esos modelos deseables y rechazables a través de roles, valores y límites? ¿Por dónde circula el poder de control? ¿Quién controla? ¿Cómo se mantiene el control? ¿Cómo se manifiesta en las representaciones culturales (literatura, arte, teatro, publicidad, poesía, iconografía, etcétera?

El debate sobre si la Historia de las Mujeres es una producción distinta a la Historia con perspectiva de Género, se resuelve si las preguntas sobre el género se orientan hacia una historia escrita sobre las mujeres. Joan W. Scott (1993), partiendo de Virginia Woolf, soluciona en parte el dilema entre Historia de las Mujeres como adición o como parte. En Un cuarto propio Woolf escribe:

"Sería ambicioso a más no poder [...] sugerir a las estudiantes de aquellos colegios famosos que reescribieran la Historia [...] ¿por qué no podrían añadir un suplemento a la Historia, dándole, por ejemplo, un nombre muy discreto para que las mujeres pudieran figurar en él sin impropiedad?" (1929).

En este sentido encontramos similitudes con el planteo de Jacques Derrida (1967), quién define al suplemento como elemento irresolutivo, como lo sustituto de lo ausente y, al mismo tiempo, aquello añadido, adicional, superfluo. Derrida entiende al suplemento como hito que desorganiza las oposiciones binarias.

"(...) reivindicar la importancia de las mujeres en la historia equivale necesariamente a manifestarse contra las definiciones de la historia y sus agentes establecidas ya como «verdaderas» o, al menos, como reflexiones precisas de lo que sucedió (o de lo que fue importante) en el pasado. Y equivale también a luchar contra normas fijadas por comparaciones nunca manifiestas, por puntos de vista que jamás se han expresado como tales. La historia de las mujeres, que implica realmente una modificación de la historia, indaga la forma en que se ha establecido el significado de este término general. Critica la prioridad relativa concedida a la historia masculina ("his-story») frente a la historia femenina ("her-story"), exponiendo la jerarquía implícita en muchos relatos históricos. Y, lo que es aun más fundamental, pone en duda tanto la suficiencia de cualquier pretensión de la historia de contar la totalidad de lo sucedido, como la integridad y obviedad del sujeto de la historia: el Hombre universal." (Scott, 1991: 72)

Según Gisela Bock (1991) la Historia de las Mujeres es la historia del género por excelencia, su objetivo principal, es producir visibilidades nuevas, devolviendo a las mujeres en la Historia. Sin embargo, para Lourdes Peruchena (2010) no basta con añadir a las mujeres en algún capítulo, se debe distinguir la historia de las mujeres como un tema para la historiografía y al género como una herramienta analítica:

"(...) aplicada correctamente, esta categoría habilita abordajes novedosos y fructíferos al tiempo que genera aportes particularmente ricos (...) para lograr esa apuesta no se debe vincular dicha categoría a aseveraciones o reclamos de carácter panfletario. En mis investigaciones procuro partir de la presencia de las mujeres en el acontecer histórico, global y nacional. Existen, luego actúan (...) no se trata de perseguir o intentar reconstruir una historia paralela a la historia oficial -patriarcal, o al menos, fruto de una visión predominantemente androcéntrica- porque parto de la convicción de que su historia es 'la misma' historia" (Peruchena, 2010:36)

EL FEMINISMO

En principio fue la Historia de las Mujeres, luego se comienza a incorporar el género, reconociendo que el feminismo es uno de los movimientos sociales más significativos que irrumpe durante la modernidad, se inicia con la lucha por superar la subalternidad, reconociendo el valor de las mujeres como agentes de cambio social, apropiándose y repropiándose del discurso hegemónico del patriarcado (Nash, 2012).

" (...) hay unos conocimientos educativos, universitarios o académicos donde hay una mención muy significativa a las mujeres, entonces evidentemente hay que cambiar los conocimientos, y también diría tener una visión del mundo de los conocimientos científicos donde haya una mirada de las mujeres. Diría que cuando se consiga esto tendremos una visión mucho más equilibrada. En este sentido también hay comportamientos ocultos. Está estudiado y cotejado que a nivel del aula el profesor dedica más atención a los chicos que a las chicas. Hay expectativas diferentes. En este sentido hay mecanismos sociales, culturales que están operando tanto en la familia como en el sistema educativo y sobre todo en los medios de comunicación (...)" ( Entrevista realizada por Viviana O' Connell a Mary Nash)

La Historia de las Mujeres surgió como un proyecto político y académico que implicaba el empoderamiento de las mujeres. En la historiografía, la Historia de las Mujeres y la Historia con perspectiva de Género se conectan con el desarrollo de la Historia Social y la Historia Cultural.

La Historia Social pluralizó los objetos de estudio en la disciplina histórica, nuevos campos vienen a reforzar el abordaje sobre lo femenino, mientras que la Historia de las Mentalidades y la Historia Cultural aportaron elementos metodológicos, desarrollándose proyectos transdisciplinarios y multidisciplinarios, recibiendo contribuciones de la literatura, el psicoanálisis, la antropología y la lingüística.

En los años setenta y a partir de las nuevas formas que adquirió la denominada Historia Cultural, emerge la Historia de las Mentalidades, que, entre otros temas, buscó reconstruir la Historia de las Mujeres denominadas reales (Duby y Perrot, 1993). Las historiadoras feministas incorporaron a sus investigaciones aportes de la lingüística y de los estudios literarios para analizar cómo el lenguaje proyecta imágenes y símbolos que configuran representaciones:

"(...) la Historia de las Mujeres se muestra ahora más exigente en su trabajo con el archivo, menos confiada en su 'realidad', más en la búsqueda de la relación que las palabras parecen tener con las cosas, y de la significación de las palabras con que los textos del pasado nombran y definen a la mujeres". (Morant, 1999: 26)

En cuanto a la Historia con Perspectiva de Género, hubo un profundo debate epistemológico e historiográfico. Para quienes incorporaban en sus metodologías los aportes de la Historia Social, el centro estaba en la historia vivida, analizándose los procesos de socialización de las mujeres (trabajo, familia y comunidad); quienes seguían las pautas de la Historia Cultural, investigaban la historia de las representaciones de las mujeres, en base a la interpretación de las fuentes de carácter literario y de aquellos documentos que a través de imágenes y palabras reflejan lo que Duby y Perrot (1992) llaman lo pensado, contenido en: literatura, iconografía, discurso médico, filosofía y ciencia. Sin embargo, para otras historiadoras la actitud de la escuela de los estudios culturales reduce lo femenino a un discurso que debe ser deconstruido, olvidando que hay un territorio de existencia y experiencia propio que debe ser investigado.

La Historia con perspectiva de Género busca explicar las prácticas culturales mediante las cuales, se crean los significados de la diferencia sexual, analizando los procesos discursivos del poder que legitiman y organizan las diferencias. El interés debe estar en el análisis y comprensión del significado de las actividades de los sexos mediante la interacción social; desde esta perspectiva, las interrogantes se desplazan hacia el lenguaje y los significados.

A través del análisis de la presencia y de la ausencia, podemos visualizar la posición de las mujeres, ya sea como modificadoras del sistema o como continuadoras. Para la ampliación de la ciudadanía y empoderar a las niñas y adolescentes se debe presentar la construcción de una genealogía feminista que permita reconstruir los actos de aquellas mujeres que son referencia, generando empatía e identidad entre las alumnas, puesto que el concepto de género es indisociable del concepto de identidad.

"Las profesionales de la historia de las mujeres tienen la obligación de ir más allá de las preocupaciones teóricas del mundo universitario y académico, es decir, compartir sus preguntas, preocupaciones, y conclusiones con un auditorio amplio, y hacer esto, no sólo con el público en general, sino también con las/os maestras/os y escolares, especialmente las niñas. Pero más allá de todo, la historia de las mujeres, sus historias y narrativas, pueden empoderar a las mujeres de hoy y formar a los varones" (Karen Offen, 2009:14)

RESCATE DE LA MEMORIA DE LOS MOVIMIENTOS DE MUJERES

La escritura de la Historia en occidente se profesionalizó a partir del último cuarto del siglo XIX y principios del XX. Durante este proceso las mujeres quedaron excluidas como tema de investigación, la academia privilegió asuntos funcionales a los proyectos de consolidación de los estados nacionales: política, militarismo, diplomacia e historia económica. Investigadoras como Alice Clark[1], Ivy Pinchbeck[2] y Eileen Power[3] publicaron estudios sobre las mujeres, mientras que en 1930 se funda la biblioteca Schelesinger para la Historia de las Mujeres en la Universidad de Harvard. Este espacio institucionalizado permitió la recopilación de fuentes y la creación de archivos especializados, que permitieron rescatar la memoria de los movimientos de mujeres. En el mismo sentido se creó el Archivo Internacional del Movimiento de Mujeres de Ámsterdam y la Biblioteca Margarita Durand en París.

Los últimos cincuenta años han sido clave para los estudios históricos de las mujeres y la incorporación de la perspectiva de género, se instalaron nuevos problemas de investigación y de enseñanza. Del impulso inicial, dos historiadoras se destacan: Gerda Lerner[4] y Joan Kelly[5], quienes pensaban que el mejor enfoque para el abordaje de los estudios históricos sobre las mujeres lo daba la Historia desde abajo, vinculada estrechamente a la Escuela Marxista Británica y a la Nueva Historia Social. Pronto, las historiadoras/es comenzaron a reflexionar sobre la propia categoría mujer y la deconstruyeron; entonces, se iniciaron los trabajos hacia una Historia de las Mujeres en plural (Gerda Lerner), se exploraron los espacios dominados por ellas, por ejemplo, los conventos, escuelas y hospitales; tomaron los aportes de la historiografía francesa y se interesaron por la vida privada, a través de los vínculos y los tipos de relaciones que se articulaban entre hermanas, hijas, amantes, amigas y madres, en diversos espacios y a través de diversas prácticas (familia, hogar, trabajo en el campo, sexualidad, parto, maternidad, dote). Se hicieron estudios sobre las mujeres silenciadas: trabajadoras, mujeres pobres, empleadas domésticas, madres solteras, sindicalistas, prostitutas y brujas. En EE.UU. se incorporaron y yuxtaponieron categorías étnico-raciales (afros, chicanas, nativas) que complejizaron las investigaciones. También se abordaron los temas de las mujeres blancas occidentales de las élites: filósofas, artistas, abogadas, doctoras, educadoras formales e informales, políticas, misioneras, viajeras y descubridoras.

En los años ochenta surgió el debate acerca de los límites de escribir Historia sobre las mujeres; el campo resultaba insuficiente. La historiadora norteamericana Joan Kelly (1976) había propuesto examinar las relaciones sociales de los sexos desde lo interdisciplinario (antropología, sociología, estudios literarios). Entonces algunas historiadoras buscaron establecer perspectivas más complejas. Gerda Lerner había denominado historia contributiva a la Historia de las Mujeres; según la autora, era una etapa de producción compensatoria que se debía superar.

IDENTIDAD COLECTIVA Y MOVILIZACIÓN POLÍTICA

Trabajar sobre las mujeres en plural contribuyó a construir una identidad colectiva que favoreció la movilización política, pero se manifestaron innumerables contradicciones, demostrando la imposibilidad de pensar una identidad única. Los estudios sobre la mujer se suponían rígidos, no se podía universalizar al sujeto mujer, prejuicios androcéntricos y eurocéntricos hicieron suponer que todas las mujeres, en todas las sociedades, estaban subordinadas a los mismos esquemas jerárquicos. Se hicieron trabajos que reconocían la existencia de múltiples identidade. Entonces irrumpe la categoría género, haciendo énfasis en el carácter social de las distinciones basadas en el sexo, incorporándose al análisis las relaciones de poder, sobre la base del paradigma posestructuralista. Se popone una Historia que estudia los significados subjetivos y colectivos de hombres y mujeres y su construcción.

Se entiende que la categoría género, aplicada a la Historia, brinda mayor amplitud y convencimiento al análisis. La Historia Cultural se nutrió de la perspectiva de género y recogió los aportes de Denise Riley, Judith Butler y el removedor artículo de Joan W. Scott.

"A finales de 1986, el artículo de Scott, en la American Historical Review introdujo una nueva definición de género como a la vez una categoría útil de análisis y un significante de poder. Scott le dio al género un nuevo giro lingüístico, tomando prestado y basándose en argumentos derivados de los teóricos franceses post-estructuralistas, así como de la literatura posmoderna y teóricos de los estudios culturales" (Ídem: 9)

El impacto del denominado giro lingüístico en las ciencias sociales, despertó fuertes debates; para algunas investigadoras desde este enfoque se disminuía la importancia de las experiencias vividas, mientras que otras sostenían que la Historia de Género era un apéndice de la Historia de las Mujeres.

Las categorías de análisis de Joan W. Scott fueron criticadas y tildadas de posmodernas, entendiendo que representaban una parálisis para la Historia de las Mujeres. Para algunos/as historiadores/as con la incorporación de la categoría género, la Historia de las Mujeres se amplía, asumiendo una presencia más objetiva, pero según la crítica menos feminista.

El decenio de la Mujer (1975-1985) promovido por Naciones Unidas, ejerció gran influencia en el mundo no occidental, y es así que, desde la década de los noventa, se intensifica la producción historiográfica en África y Asia, donde el enfoque de género se cruzó con los aspectos vinculados a los proceso de descolonización y a las condiciones socioeconómicas luego de las independencias.

El surgimiento de la investigación histórica de las mujeres y las relaciones de género, se vincula a una historia de exclusión, tratando de construir un nuevo campo de estudio fortalecido y legitimado. La fructífera producción actual contrasta con los comienzos en los años setenta, cuando se producía en el ámbito de las ciencias sociales una verdadera crisis epistemológica. Este contexto favoreció la experiencia social de las mujeres en la historia.

"Dessa forma, as transformações ni historiografía, articuladas à explosão do feminismo, a partir de fins da década de 1960, tiveram papel decisivo no proceso em que as mulheres sao alçadas á acondição de objeto e sujeito da História, marcando a emergencia da Historia das Mulheres. Nos Estados Unidos, onde se desencadeou o referido movimiento, bem como em outras partes do mundo nas quais ele se apresentou, as reivindicaçoes das mulheres provocaram uma forte demanda por informaçoes, pelas estudantes, acerca de questoes que estavam siendo discutidas. Ao mesmo tempo, docentes mibilizarm-se, propondo a instauraçao de cursos, nas universidades, dedicados aos estudos das mulheres. Como resultado dessa pressao, criaram-se nas universidades francesas, a partir de 1973, cursos, coloquios e grupos de reflexao (...). Multiplicaram-se as pesquisas, tornando-se a historia das mulheres, dessa forma, um campo relativamente reconhecido no ámbito institucional". (Sohiet y Pedro, 2007: 285-286)

NOTAS:

[1] " Working Life of Women in the Seventeenth Century" (1919)

[2] "Women workers and the industrial revolution, 1750-1850" (1930)

[3] "Medieval people" (1929)

[4] "The Creation of Patriarchy" (1986)

[5] "Did womens have a Renaissance?" (1977)

Ilustración: Magalí Jorajuría

Fuente Vadenuevo Nº 85


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