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"Hay un grupo que dice"

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30/09/2019 12:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Criterios eliminatorios de conceptoS de reapropiación que fundó la Modernidad, son reconocibles en la conducta que tuvo la Revolución frente al Grupo de Experimentación Sonora, y estan presentes tambien en la teoría vitieriana de la reminiscencia.

                                                         “Hay un grupo que dice”

Se supone que dos propuestas culturales, si son constructivas, y si pertenecen a un mismo país, no deben desentenderse mutuamente, y menos si están se paradas por una distancia relativamente pequeña en el tiempo. Vamos a partir de esa premisa.

Y en ella nos deleitamos al ensayar sobre las veleidades de un hombre que ha vestido de las más lúcidas galas retóricas el crepúsculo de una nación, (no me refiero a Silvio) advirtiendo que es tarea ímproba si no se integra o forma parte de un trabajo mancomunado de la sociedad en el sentido de la maduración del Yo en un horizonte ontológico. Un ejemplo de lo que debe de acompañar un trabajo como ese es el magnífico esfuerzo de un grupo de cineastas cubanos encabezados por Rogelio Paris, que en Octubre de 2013 realizaron el documental “Hay un grupo que dice”, que recoge la historia del Grupo de Experimentación Sonora del I.C.A.I.C., cuyas canciones estimularon poderosamente el ánimo juvenil revolucionario de la época más paradigmática de la Revolución Cubana.

Buscar una sonoridad musical que levantara la moral revolucionaria al reflejar fielmente el carácter creativo de esa práctica ideológica del pueblo entregándose con entusiasmo en cuerpo y alma a las tareas de la Revolución, eso fue el G.E.S. I.C.A.I.C., un ensayo musical que estuvo a la altura de aquellos tiempos del orbe revolucionario en ebullición, y que estaba siendo muy bien guiado por un grupo de compositores geniales, de esos que cuando trovan tienen “un pueblo en la garganta”, como dice una canción protesta uruguaya del no menos genial trovador Alfredo Zitarrosa, y que no debieron separarse nunca.

No sé a quién achacarían la culpa de la disolución de ese Grupo tan bien trabado en equipo, que fue capaz de estremecer la cultura musical cubana, y que ya se demostraba capaz de corregir y llamar al orden ideológico a cualquier contravención política que se apartara de él; yo no pude ver el documental completo, pero en la larga parte que ví escuché testimonios irrebatibles de altos representantes de la cultura que acusaban amargamente al Gobierno y a la dirección del partido por haber urdido el artero plan de disolver al Grupo. Es más, algunos de ellos como la trovadora Sarah González, rindieron declaraciones rayanas en el improperio más desnudo.

Precisamente la cadeneta que a mí me faltaba para estructurar mejor mi pensamiento sobre la desidentidad cubana, estaba plasmada en ese documental "Hay un grupo que dice"

Y es que el G.E.S. se había adelantado a los ensayistas revolucionarios cubanos a denunciar la crisis de humanismo por el mismo método de Heidegger, pero llevado al campo de la música: uniendo humanismo y metafísica, y para colmo de idealidad, con el toque de la aguda observación que hizo el músico Sergio Vitier en ese documental: “El G.E.S. tenía algo más raro todavía: diversidad estética, por eso duró tan poco.” Era como si el país estuviera empleando lo mejor que tenía para acompañar la magna obra de un proceso de justicia para todos, fomentado, nada menos, que por una música pegajosa del más alto nivel socio político. Pero se hizo claro que el proyecto del G.E.S. y el de la Revolución se excluían entre sí, por el intento de esta última de llevar a cabo una reformulación del problema del ser fuera de los horizontes metafísicos de la simple presencia. Por eso Silvio Rodríguez dice al final del documental, evocando una frase de su amigo Noel Nicola: “Fuimos la Generación de la Transición.” Pero de “una transición muy compulsiva, muy rápida”—agrega él. Claro, que ese es Silvio hablando en el 2013, no el mismo de entonces; por eso desfigura el pensamiento original, y ahora habla el apóstata, diciendo a continuación: “se nos pedía ser cada vez mejores, y mejores…”Eso último no tiene solución de continuidad con la hipótesis del documental, es un despiste voluntario.

Ahora bien, si digo que el hombre a quien me refería al inicio de este trabajo era Cintio Vitier, se preguntarán, ¿ a qué se debe mi invocación a Orígenes en esta historia documental que narra el filme cubano.? Y responderemos que en una reinterpretación reciente nuestra de una corriente central del credo origenista descubrimos una experiencia de disolución de la historia, impetrándola con la negación de las estructuras estables del ser, a las cuales el pensamiento debería atenerse para fundarse en certezas que no sean precarias. Aunque no puedo pormenorizar mi tesis ensayística en este lugar, sí deseo comunicar a los protagonistas de aquella gesta que aún quedan vivos, que el germen de esa contrafinalidad que ellos tan exitosamente combatieron, a pesar de su fracaso, y que dio al traste con ellos como Grupo, lo tenían en las dos figuras máximas del Grupo Orígenes: Lezama Lima y Cintio Vitier. Más Vitier que Lezama, se estaban adelantando a las nuevas condiciones de existencia donde el saber ya no tiene necesidad de llegar a las causas últimas, y habían sacado partido de ese déficit de verdad. Hay pruebas de que ambos querían estrangular el proceso de reapropiación, porque no hay nada que parezca tan propio de la teoría vitieriana de la reminiscencia, que rechaza la acción mediadora de la recuperación, como este pensamiento de Vatimo: “La relación del pensamiento con la verdad del ser, con la apertura originaria de la verdad, con el trasfondo al cual el ser ahí es lanzado, [ aquí se está refiriendo al contenido psíquico de las fuerzas represoras del inconsciente ], no es en ningún sentido un conocimiento, una posesión teórica” [ G. Vatimo: “Adiós a la Verdad” Edit. Gedisa, Barcelona.]

Cuando uno une dos proposiciones filosóficas aparentemente diferentes entre sí, surge una tercera que, si tu la sabes desarrollar, es tuya; porque hay muchas probabilidades de que esa lógica nadie la haya utilizado todavía. Eso es a lo que Cintio Vitier llamaba “las interminables cadenetas del ensayo”. Pero también tú puedes, a partir de una proposición o de un planteamiento culto, crear un eslabón de primera generación, lo cual es difícil y riesgoso; pero si está bien respaldado resulta de ello un invalorable servicio a la cultura, ya que esto puede revolucionar todo un sistema anterior de pensamiento.

¡Y qué decir del repertorio de sorpresas culturales que ese peregrino atrevimiento de un escritor le abre a los lectores, a los investigadores, cuando esta audacia de cazar en terrenos de alta venatoria, acierta a descubrirnos un disloque profesoral de la cultura, que solo muy tardíamente ha sido objeto de sospecha por el pensamiento integrativo, pero todavía su meollo más crudo subsiste sin ser ni siquiera cuestiona do, y lejos de eso ha tomado por asalto las murallas indefensas de nuestro orfanato sicológico, como una de las formas más inquietantes o misteriosas de hacerle el juego a la institución del lictorio mussolinista! A este nihilismo reactivo llegamos proponiendo una interpretación psicologista de la metafísica que parece contar con la exhortación de Giani Vatimo para ser aplicada a ciertas teorías origenistas, ya que este pensador italiano ha afirmado que “muchas ideas del psicoanálisis tienden a colocarse en un horizonte de reapropiación” [“Fin de la Modernidad” p. 44 Editorial Gedisa, S.A., Barcelona, España, 1987 ], y ciertamente, esos dos grandes conductores de dicha escuela poética cubana, introdujeron una zona de silencio en el proyecto de reapropiación en que estuvo comprometido el siglo XX. ¿Cómo iba a suponer una sociedad que se aprestaba a entrar en un proceso de liquidación de la corrupción política, lavando el churre del ropaje democrático, que por el camino de las luces más altas del espíritu, se le iba a proporcionar el medio de volver a incurrir—a través de la falsificación del humanismo—en la declinación vertiginosa de aquella misma tradición?

Precisamente la cadeneta que a mí me faltaba para estructurar mejor mi pensamiento sobre la desidentidad cubana, estaba plasmada en ese implacable documental “Hay un grupo que dice”. Aunque todos los miembros de ese conjunto artístico hayan después involucionado en el mismo sentido de la contrafinalidad que los eliminó como grupo, dejaron una huella resplandeciente e inmarcesible en la cultura cubana. Hoy, con la perspectiva del tiempo, nosotros comprendemos que había que eliminar al G.E.S. para darle paso al periodismo totémico que, según Carlos Monsiváis, “es el se compra para ver reafirmadas y anticipadas las opiniones propias, para experimentar la ratificación emocional en los temas urgentes” [ “A Ustedes les Consta” p 23 C.M. Biblioteca Era, México 1980 ]

"La relación del pensamiento con la verdad del ser, con el trasfondo al cual el ser-ahí es lanzado, no es en ningun sentido un conocimiento, una posesión teórica"

Raúl Morín 30 Septiembre 2019, 10:19 A.M   

 


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Chaville (66 noticias)
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