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Gobierno de Maduro sin estrategias económicas, el bachaquerismo gobierna el país

17/11/2018 22:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Desde una perspectiva de «izquierda» –según las convenciones aceptadas–, el fascismo fue un fenómeno colocado en sus antípodas

 

La postura política contemporáneanea de la izquierda comunista se basa en mitos que sirven de pretexto para una conducta fascista, denominada aquí «neofascismo». Conceptualizar el mito, y un breve análisis de la teoría del valor-trabajo de Marx, permiten entender que muchos postulados del comunismo carecen de naturaleza científica. A partir de elementos definitorios del fascismo se discuten similitudes con categorías discursivas del comunismo: actitud ante la globalización y atrincheramiento nacional de la retórica de «izquierda»; reivindicación de valores tradicionales para posturas moralistas ante la «perversión» del capitalismo; antimodernismo como justificación de propuestas atrasadas y primitivas; carácter no científico; naturaleza totalitaria; y un carácter mesiánico. Se concluye que el comunismo es hoy un ropaje del neofascismo.

Ante la carencia de estrategias de un Teodoro Petkof y un José Vicente Rangel que dejaron al Partido Comunista de Venezuela, la izquierda venezolana se vio en la necesidad de pactar con el Doctor Rafael Caldera, quien reinvento el chiripero y poder decir que el pueblo estaba a su favor, cuando en verdad, Venezuela es adeista y quien conforma la base del Psuv son todos adecos disfrazados de izquierdistas y en un son de venganza y frustración, sabotean todas las misiones sociales del gobierno bolivariano.

Desde una perspectiva de «izquierda» –según las convenciones aceptadas–, el fascismo fue un fenómeno colocado en sus antípodas. Muchos historiadores y analistas han ayudado a cimentar esta noción al considerar el fascismo y el nazismo básicamente como una reacción de la derecha europea ante la amenaza que representaba el bolchevismo a comienzos del siglo XX. La representación de fascismo y comunismo como movimientos encontrados se nutre también de las propias afirmaciones de Mussolini al tratar de deslindar claramente el espacio político que pretendía ocupar del de las fuerzas socialistas de donde provenía –«El siglo presente es el siglo de la autoridad, un siglo de derecha, un siglo fascista», 1 afirmó– y se acentúa en la polarización que experimentó la lucha política en los años veinte y treinta, cuando los movimientos fascistas en muchos países europeos se entrelazaron en frontal y a menudo violenta lucha con los partidos socialistas y comunistas por el control de la calle y de los movimientos de masa. El antagonismo en referencia terminó por alojarse en el imaginario de la izquierda con la política del Frente Popular –alianza entre comunistas y partidos socialistas democráticos– instrumentada en Francia a mediados de los años treinta para intentar contener la amenaza hitleriana. En la concepción de la III Internacional (comunista) de esa época, el fascismo no era otra cosa que la última oportunidad del capitalismo financiero, desprovisto ahora de formalidades «seudodemocráticas» y desnudado en toda su ferocidad represiva, para arremeter contra el avance inexorable de la revolución comunista. Desde esta perspectiva, constituía la última fase del capitalismo imperialista, su expresión más virulenta. Paradójicamente, esta percepción alimentó la ilusión de que el ascenso del nazi-fascismo representaba el comienzo del fin del sistema capitalista, lo cual contribuyó a confundir los objetivos de política de los comunistas, amilanando el enfrentamiento al nazi-fascismo en diferentes momentos de la década de los treinta con la esperanza de que la «agudización de las contradicciones» del sistema aceleraría su irrevocable desaparición.

La guerra civil española también se ubicó como una contienda entre una izquierda representada por anarquistas, trotskistas, estalinistas, socialistas y un espectro de republicanos moderados, y una derecha también variopinta, pero en la cual destacaba el perfil de la Falange; fuerza de inspiración filo-fascista bajo su fundador, José Antonio Primo de Rivera, que, no obstante, proponía cambios radicales –«ni capitalismo, ni comunismo, sino nacionalsindicalismo»–. Con el triunfo de la rebelión franquista, el Caudillo, aliado de la Iglesia y de las fuerzas más conservadoras, hace de la Falange su partido principal de gobierno, institucionalizándolo y difuminando cualquier carga «revolucionaria» que pudiera haber perdurado en sus filas. Dejó de caracterizarse, por ende, como un partido fascista en los términos que habrán de analizarse aquí, no obstante continuar como partido doctrinario de la derecha. Esta evolución y el fuerte simbolismo que tuvo la guerra civil española para el ideario de libertad del mundo occidental, afianzaron la percepción de un fascismo dictatorial y retrógrado –de extrema derecha– y una izquierda libertaria –siempre con fuerte tinte marxista– como polos antagónicos e irreconciliables.

El historiador galo François Furet (1999:191) y otros disputan la noción anterior, señalando que las ideas básicas de lo que luego constituyó el movimiento fascista anteceden a la revolución rusa, y la génesis del pensamiento nazi se debe mucho más a sus raíces nacionalistas que a una respuesta frente al comunismo. Por su parte, el historiador alemán Ernst Nolte, criticado por su postura revisionista ante el fenómeno nacionalsocialista, sostiene (Furet y Nolte, 1999) que el antagonismo nazi con el comunismo internacional se debe en buena parte a la percepción de que este era liderado por judíos, y no tanto a consideraciones doctrinarias. La representación maniquea que se ha proyectado desde la izquierda en relación con estas dos fuerzas oculta la gran similitud de los movimientos comunista y fascista en cuanto a sus formas de ejercer el poder, y en cuanto al hecho de que ambos competían por la ascendencia política sobre las masas en su enfrentamiento a la concepción liberal de democracia. En su versión nacionalsocialista, totalitaria, el fascismo compartía con el régimen estalinista la disolución completa de las fronteras entre partido y Estado, confundiéndose ambos en un extendido mecanismo de control y regimentación de la sociedad, sujeta a los dictados del Führer o del Buró Político –Stalin–, según fuere el caso. Los dos movimientos proclamaban la superación del capitalismo y se disputaban las masas trabajadoras en aras de la prosecución de este fin, las más de las veces con procedimientos bastante similares.

Hay que reflexionar mucho y el presidente se vea en un espejo para que gobierne con mayor autoridad

El tema revolucionario hay que revisarlo y no incitar a las masas con las insudadas antiguas del simbolismo europeo para seguir engañando a las masas.

Ahora, esas teorías socialistas quedaron al olvido. Hoy, es la economía y se debe incentivar la producción para que exista mayor gasto, pero, a la vez, más producción, demanda, productores e inversionistas. Cualquiera que se dedique a una de esas funciones, necesita una mayor fuente de financiamiento

¿Y si los productores deciden producir más? Pues habría que analizar dos cosas. Por un lado, para qué lo hacen. Se entiende que esperan que alguien compre. Por otro, para eso requieren más insumos, trabajadores, etc. ¿Están disponibles en la cantidad y calidad necesarias?

La otra opción es que el crecimiento se base en más exportaciones, es decir, que nos compren más desde el extranjero. Eso depende de cómo esté la economía mundial. Aquí lo que vemos es a China creciendo más lento y a EE.UU. con alto crecimiento, pero al parecer, insostenible. Por lo tanto, basar el crecimiento en las exportaciones no será suficiente. Así las cosas, podemos aspirar a crecer cerca de 4%, tasa que no es baja. Sin reformas no será posible aspirar a más. Pero, el desfalco a la Nación- Estado de Venezuela ha sido horrible, son palabras del fiscal general de la República Bolivariana de Venezuela.

En mi país, seguimos siendo optimistas, de que habrá algún día consenso político para superar la crisis y, el clima de confrontación que ha paralizado el país en los últimos dos años. Que los procesos judiciales se encajonen en el fuero estrictamente legal y que la política grande empiece a funcionar en los espacios donde tiene que hacerlo. Debemos continuar las reformas emprendidas e iniciar las pendientes, por el bien de Venezuela, ojalá que así sea.

Y guiar una cruzada que sea respaldada por la ciudadanía y, cuyo fin es reformar todo el sistema político y económico del Estado Venezolano, aparte, necesitamos una bancada más seria, con mayor capacidad operativa en el parlamento

El tema revolucionario hay que revisarlo y no incitar a las masas con las insudadas antiguas del simbolismo europeo

 

 

 

 

 

 


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Autor:
Emiro Vera Suárez (1475 noticias)
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