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En la gloria y en la adversidad, Muhammad Ali fue siempre "the Greatest"

06/06/2016 06:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Destacó su estilo no ortodoxo . Conocía a sus contrincantes.Sostuvo memorables combates contra los mejores pugilistas de su tiempo, como Sonny Liston, Joe Frazier, George Foreman y Ken Norton. La revista The Ring consideró sus seis depeleas mejores

 

 

Oriundo de Louisville, Kentucky, nacido el 17 de enero de 1942 y  bautizado como Cassius Marcellus Clay. comenzó a boxear a los 12 años y tras su primer combate, en el que terminó vapuleado, empezó a entrenar con intensidad bajo la instrucción de M. Martin.

Su empeño le llevó a participar en una pelea televisada en el programa Tomorrow's Champions, en el que ganó su combate ante Ronny O'Keefe. En 1956, con catorce años, ganó su primer título de importancia: el Golden Gloves Championship. Eso le llevó a ganar el oro para Estados Unidos en las Olimpíadas de Roma, Italia, en 1960.

Fue considerado y se proclamaba él mismo como the greatest (el mejor). Fue una figura social de enorme influencia en su generación, en la política y en las luchas sociales o humanitarias y a favor de los de color.

En su etapa amateur, logró su hazaña oro en los Juegos Olímpicos de Roma  y, como profesional, ganó el título de campeón indiscutido de la categoría de los pesos pesados en 1964 a la edad de veintidós años, el cual recobraría diez años después. En 1978, consiguió otro cetro de campeón, lo que le convirtió en el primer boxeador en ostentar en tres ocasiones un título mundial de los pesados.

Destacó su estilo de boxeo no ortodoxo alejado de la técnica tradicional. Era un fino conocedor del deporte y de sus contrincantes. Fue dirigido la mayor parte de su carrera por el entrenador Angelo Dundee, y sostuvo memorables combates contra los más renombrados pugilistas de su tiempo, como Sonny Liston, Joe Frazier, George Foreman y Ken Norton. La revista The Ring  ha considerado seis de sus peleas como las mejores del año por  Vertía tanto opiniones claramente irreverentes sobre sus oponentes, como  pronósticos del resultado  de sus combates.

Fuera del cuadrilátero, Muhammad Ali se erigió como una figura con influencia política desde los años 1960 cuando se opuso a su reclutamiento por el Ejército de EE.UU. para la Guerra de Vietnam. Se declaró objetor de conciencia, pese al rechazo de los defensores del nacionalismo americano. Por su postura cosechó sanciones que le mantuvieron tiempo fuera del ring y fue desposeído del título mundial.

Formó parte de la organización religiosa de la Nación del Islam y, fue cuando cambió su nombre por Muhammad Alí. aunque se ganó detractores por mantenerse independiente de los estereotipos sobre los americanos de color, a partir de los años 1970 consiguió el respeto mundial como figura del deporte.  En el ocaso de su carrera, empezó a dar muestras de cansancio y desgaste físico y después de su retiro padeciendo ya la enfermedad de Parkinson guardó discreto silencio.

Entre numerosos reconocimientos recibió la Medalla Presidencial de la Libertad; el ingreso al Salón Internacional de la Fama del Boxeo; el título de "Rey del Boxeo" por parte del Consejo Mundial de Boxeo; y "Deportista del Siglo XX" por Sports Illustrated y la BBC, entre otros.

Activista contra el racismo, tiró la medalla de oro que ganó en los juegos de Roma, en un río cuando le negaron una soda por ser negro.

En los '60 abrazó la causa de la Nación del Islam, muy controversial, y ganó siempre el afecto popular por su gran nivel de boxeo y su simpatía para todo el publico. Lanzó sus jags sin piedad hasta el final, dentro y fuera del ring, hasta que el Parkinson lo fue deteniendo poco a poco.

Cuenta la anécdota que, con su particular carisma, le pidió al médico que no citara demasiado al boxeo como el responsable de su enfermedad. "Lo más importante de mi vida es lograr la paz. Dios me dio esta enfermedad para demostrarme que soy un hombre frágil como cualquiera", dijo Alí, que acaba de demostrar la verdad de sus palabras.

En los últimos años de su carrera, comenzaban a presentarse ciertos signos externos de su enfermedad. La preparación previa a la pelea ante Larry Holmes, en 1980, fue una advertencia para el equipo de trabajo de Alí, que él decidió ignorar. La leyenda del boxeador era demasiado grande como para darle un final triste. Se lo notaba lento y con dificultades para responder a las preguntas (y también a los golpes) con velocidad. Aquella vez perdió por puntos pero recibió una paliza (el documental Muhammad vs. Larry relata de manera conmovedora su declive). El 11 de diciembre de 1981, a los 40 años, fue su última pelea, ante Trevor Berbick, en las Bahamas. Perdió por puntos, en un combate para nada emparentado con su brillante carrera. No sólo no mereció un final así: no debería haber subido al ring.

Ya no volaba como una mariposa ni picaba como una abeja. Sentía un hormigueo constante en la cara y en los labios, se cansaba más de lo normal, hablaba con demasiada lentitud (justo él) y las manos le temblaban.

Pero, la última vez que se le vio públicamente, las señales no fueron del todo buenas. Fue cuando el Consejo Mundial del Boxeo le rindió un tributo más que merecido (y tardío): lo declaró como Rey del pugilismo, en una ceremonia en la que estuvieron Maravilla Martínez, Canelo Álvarez y los hermanos Klitschko, entre otros prestigiosos boxeadores. Se le notó lento y con la mirada perdida. Los que lo conocen dicen que sólo le quedaban reflejos. Cada rato tenía alguna que otra respuesta corta y pícara. Pero nada más. Según su hija mayor, Maryum, la enfermedad de Alí se encontraba ya en sus primeros estadios y acabaría por provocarle la parálisis total. Era su pelea más larga, la única que todavía no había terminado.

A mediados de los 80 fue cuando se hicieron públicos los síntomas de Ali. Arrancaba el mes de septiembre de 1984 cuando Stanley Fahn, neurólogo del Columbia Medical Center de Nueva York (EEUU), considerado una autoridad mundial en la enfermedad de Parkinson, cuando un día abrió la puerta de su sala de recepción sin expectación. Pero a allí estaba Mohammad Ali, el mayor boxeador de todos los tiempos, el hombre que conquistó el título mundial de los pesos pesados en tres ocasiones diferentes, la última vez con 37 años; el joven que había luchado por los derechos de sus hermanos de raza  y se negó a alistarse para combatir en Vietnam aun siendo desposeído del título mundial por ello.

Aquel boxeador que renunció al nombre de Cassius Clay y lo sustituyó por el de Mohammad Ali, el que afirmaba «flotar como una mariposa y picar como una avispa, sobre todo ¡Ser el mejor!!”. Le habló muy claro desde el principio: “Doctor, he boxeado durante 30 años y he encajado muchos golpes, o sea que hay grandes posibilidades de que algo vaya mal“. Contaba entonces 42 años y tres antes había disputado su último combate.

¿Qué síntomas le habían empujado hasta la consulta de Fahn? Llevaba algunos meses notando sensaciones constantes de hormigueo en la cara y especialmente en los labios. También había comenzado a experimentar ligeros temblores y cierta lentitud en sus movimientos. Su voz se había hecho más espesa y hablaba con mayor lentitud de lo habitual. El cuadro se completaba con una acusada y constante fatiga sin causa aparente. Alguna vez incluso se había quedado dormido en medio de una conversación.

El doctor Stanley Fhan, del Columbia Medical Center, pensó que Muhammad Alí padecía del mal de Parkinson.Fahn ingresó durante siete días al boxeador en el Columbia Medical Center y le sometió a una completa batería de pruebas y exploraciones neurológicas. A los pocos días, emitió su primer diagnóstico: parkinsonismo. Se trataba de un diagnóstico amplio en su significación. Y lo cierto es que, en aquellos tiempos, el eminente neurólogo estaba convencido de que el origen del trastorno de Mohammad Ali estaba en los golpes recibidos en el cuadrilátero. Sin embargo, a petición del púgil, ambos acordaron que evitarían citar demasiado al boxeo como la causa fundamental de sus problemas

La comunidad neurológica pensó de inmediato en el diagnóstico de Parkinson postraumático. Tenía una gran lógica: los golpes continuos del boxeo le habrían causado un daño crónico a la llamada sustancia negra del cerebro originando los síntomas relacionados con el control muscular.

En muchas oportunidades los diagnósticos sobre esta enfermedad son difíciles de confirmar y se deben realizar varios exámenes físicos para comprobar que esos síntomas tienen su origen en este mal y no en otra dolencia.

No hay ninguna cura para el mal de Parkinson en la actualidad pero el tratamiento con medicamentos y ejercicios  ayuda a controlar los síntomas. En algunos casos, se realizan intervenciones quirúrgicas en zonas del cerebro para aliviar los síntomas pero Muhammad no lo intentó.

El llamado parkinsonismo postraumático parece desarrollarse como resultado de los traumatismos que el cerebro va acumulando. En especial, se ven afectadas las partes laterales de la sustancia negra, que revelan una gran pérdida de neuronas.

Sin embargo, una reciente investigación llevada a cabo en el Instituto de Neurología de Londres llegó a la conclusión de que el boxeo causa síndromes extrapiramidales (afectan a los centros cerebrales del control del movimiento) pero nunca una enfermedad de Parkinson idiopática o clásica.

Cuando se vio mal, gastó su dinero en una Fundación para cuidar enfermos como él

El estudio, basado en la espectroscopía por resonancia magnética a que le sometieron, mostró que, comparados con enfermos de Parkinson que no boxeaban y las personas sanas, el cerebro de los púgiles con síntomas parkinsonianos exhibían una reducción muy pronunciada en la concentración absoluta de N-acetil aspartato, un compuesto que indica una pérdida de neuronas, en otras dos regiones cerebrales, los núcleos putamen y globo pálido.

En 1996, más de 10 años después, cuando Muhammad Alí llegó al encendido de luces, la ceremonia Olímpica, con  la antorcha entre sus manos que le temblaban y el mundo del deporte que veía la ceremonia por televisión también en cierto sentido templó de pena. Y abrió los ojos a lo que es la enfermedad. Muhammad Ali a los ojos de todos volvió  a ser el héroe de la desgracia, pero héroe.

Años después de su último combate le habían anunciado que el Comité Olímpico Internacional designaba para  encender la antorcha olímpica. Y lo hizo a pesar de y con una mano visiblemente temblorosa, con claros. shaking – sígnos de Parkinson. En ningún otro  momento de la historia médica del Parkinson se han hecho más patente para millones de televidentes a la vez, los síntomas del parkinsonismo de un símbolo viviente que hacía esfuerzos por encender la llama olímpica. Volvía a ser años después de su retiro una inspiración para millones de personas. Pero si en 1996 pudo caminar sólo para encender la antorcha olímpica, en 2012 en la inauguración de la Olimpiada ya apenas podía mantenerse en pie, ayudado por dos personas.

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Cuando la enfermedad avanza, se presentan problemas de equilibrio, dolores musculares, baja presión arterial, postura encorvada, estreñimiento, sudoraciones, dificultad para deglutir, habla lenta, falta de expresión facial, temblores cada vez más notorios, confusión, pérdida de memoria y en muchos casos hasta demencia.

Este daño empeora lentamente con el tiempo y todavía se desconoce cuál es la causa del desgaste de las neuronas. Cuando se presenta este mal las neuronas que producen dopamina mueren lentamente y las células que controlan el movimiento no pueden enviar mensajes a los músculos lo que provoca dificultad para controlarlos. Se dice que es falta de dopamina.

El mal de Parkinson se presenta por lo general en personas mayores de 50 años y es uno de los problemas del sistema nervioso más común en adultos mayores, afecta más a los hombres que a las mujeres y en muchos casos es hereditario.

La enfermedad empieza con temblores leves y sensación de rigidez en las piernas y los pies, a veces esos síntomas afectan a uno o ambos lados del cuerpo.

Durante 40 años Muhammad Ali luchó contra el parkinsonismo. Alí pasó sus últimos años devastado por la enfermedad pero nunca se retiró de la vida pública, ni tiró la toalla blanca al centro del ring en señal de rendición. En lugar de ello, inició una cruzada contra ese mal y fue una más en la lista de las batallas de su vida.

Muhammad Ali murió de dificultades respiratorias tras pasar en el hospital en varias ocasiones en los últimos años con otras complicaciones como  neumonía e infección a las vías urinarias.

El Muhammad Alí Parkinson Center (MAPC) es una asociación norteamericana que intenta buscar nuevos tratamientos para combatir la enfermedad y mejorar la calidad de vida de las personas que la padecen y sus familias. “Mi padre lleva una vida muy activa, viaja bastante y, dentro de las limitaciones de su enfermedad, tanto a su mujer como a sus hijos e hijas nos dice que es feliz”, dijo hace un mes Rasheda, una de sus hijas.

Dr Holly Shill, director del “Muhammad Ali Parkinson Center“, agradeció la donación que el fundador de la institución Mr Ali hizo y que ascendía al millón y medio de dólares y de otras muchas a lo largo del mundo especialmente de África, para gente que se hallaba en su  misma situación. “Enfrentó a su enfermedad con mucho humor y hasta haciendo chistes, lo que inspiraba a sus copacientes. Perdemos a muchos guerreros en el camino, pero  hay que inspirarles para el último trecho por recorrer” decía. “Es bueno que todos esperen en la batalla del Parkinson“. Continuaremos con la labor del centro que lleva mi nombre hasta el final. Después habrá algún otro camopeón que suba al Ring  de Parkinson.”

En 1972 Ali fue entrevistado por el periodista-estrella de la TV británica, famoso por haber entrevistad antes al ex-presidente  Richard Nixon. Preguntó a Alí: “¿Cómo te gustaría que la gente te considerara cuando de hayas ido?“

Ali estuvo moderado y dijo que esperaba le dieran a Nixon una manta de puñetazos… pero se calló y terminó diciendo … “de amor”

Muhammad Ali no solía discutir con gente del público que decía algo contra él, pero acusaba el golpe. Cuando uno le grito: Ali eres the greatest” respondió que estaba de acuerdo, porque era seguro que lo seguía creyendo.  Sugar Ray Robinson mantuvo el título,   pero no le importó a  Alí dejarlo en buenas manos.

 

Los imborrables recuerdos de Muhammad Ali junto a las estrellas

El presidente Obama y el expresidente de Estados Unidos Bill Clinton expresaron su tristeza. Si durante su vida hizo que hasta los presidentes hablasen de su figura, el día de su muerte el legendario Muhammad Ali. También generó las mismas reacciones a la hora de calificar su figura dentro y fuera de los cuadriláteros.

“Desde el día en que ganó la medalla de oro olímpica en 1960, los aficionados al boxeo de todo el mundo supieron que asistían a una mezcla de belleza y gracia, velocidad y fuerza, que quizá nunca llegue a igualarse". "Le vimos crecer desde la descarada confianza de la juventud y el éxito a una madurez llena de convicciones políticas y religiosas que le llevaron a tomar decisiones difíciles y vivir con las consecuencias", siguió describiendo la figura de Ali en su extenso comunicado.

"Por el camino le contemplamos audaz en el cuadrilátero, inspirador con los jóvenes, compasivo con los necesitados y fuerte y con buen ánimo al cargar el lastre de sus problemas de salud", subrayó Clinton. "Tuve el honor de entregarle la Medalla Presidencial de los Ciudadanos en la Casa Blanca, de verle prender la llama olímpica y de forjar una amistad con un hombre que, a través del triunfo y las dificultades, se hizo aún más grande que su leyenda. Nuestros corazones están con Lonnie, sus hijos y toda su familia", agregó el exmandatario demócrata.

Dentro del mundo del boxeo el primero en ofrecer su reacción al fallecimiento de Ali fue el veterano promotor Bob Arum, que comenzó su exitosa carrera en la época dorada del tres veces campeón del mundo del peso pesado. "Es la figura más transformadora de mi era, desde luego. Hizo incluso más que Martin Luther King por cambiar las relaciones raciales y la opinión de la gente. Fue un privilegio y un honor para mí conocerle y asociarme con él", destacó Arum, promotor de 26 combates de los 61 que disputó Ali.

Otro legendario del boxeo que unió para siempre su nombre con el de Ali, George Foreman, al que destrozó en Kinshasa, lamentó su muerte y el vacío que dejaba dentro del mundo del boxeo y de su propia persona. "Ali, Frazier y Foreman éramos un solo hombre. Una parte de mí se ha perdido. 'La pieza más grande"', tuiteó Foreman, rival de Ali en el combate "Rumble in the Jungle".

El campeón filipino Manny Pacquiao, que a sus 37 años todavía no ha dicho el adiós definitivo a su carrera y ha generado también una gran expectación siempre dentro y fuera del mundo del boxeo, reconoció que la muerte de Ali había sido una gran pérdida.

"Hoy perdimos un gigante. El boxeo se benefició de los talentos de Muhammad Ali, pero no tanto como la humanidad se benefició de su cualidad humana. Nuestros corazones y plegarias son para la familia Ali. Que Dios les bendiga", destacó Pacquiao, que ganó el título mundial en ocho categorías diferentes de peso. Otro excampeón del mundo y actual promotor de boxeo, Oscar de la Hoya, subrayó lo importante que fue el compromiso de Ali con el deporte del boxeo y la manera como lo elevó y lo dio a conocer a través de todo el mundo.

"Muhammad Ali es una leyenda y uno de los atletas más celebrados del mundo, el púgil que introdujo la era dorada del boxeo y puso el deporte en el mapa. Allanó el camino para luchadores profesionales, incluida mi persona, elevando el boxeo para convertirlo en un deporte seguido por millones de personas en hogares de todo el mundo", declaró De La Hoya, que ganó títulos en seis categorías de peso diferentes.

Dentro del mundo del deporte olímpico de Estados Unidos, el director general del USOC, Scott Blackmun, dijo que "Estamos orgullosos no sólo de llamar a Ali miembro del Equipo de Estados Unidos, sino campeón olímpico. Con un coraje y una determinación sin parangón, dejó un legado que seguirá inspirando a generaciones de norteamericanos en los años venideros", subrayó Blackmun. Por su parte, la nadadora olímpica Janet Evans calificó la figura de Ali como la que realmente la inspiró a convertirse en atleta. "Pasar la antorcha olímpica a Muhammad para encender el pebetero en los Juegos de Atlanta en 1996 fue el momento definitorio de mi carrera, y un recuerdo que atesoraré por siempre, tanto como las medallas que gané. Como deportistas olímpicos, nuestra labor es inspirar a otros para cumplir sus sueños, y nadie ha ejercido más ese papel que Muhammad Ali", reconoció Evans.

Mientras que el hombre que también estuvo unido a la fama y triunfos de Ali, el veterano promotor Don King, calificó la figura del fallecido expúgil como el de ir siempre contra todos, pero en favor de los demás. "Sin duda, su legado es uno que desafió las probabilidades porque defendió aquello en lo que creía y cuando se le puso a prueba asumió daño personal en lugar de ir contra sus creencias y aquello que defendía", subrayó King, promotor de los combates "Rumble in the Jungle" y "Thrilla in Manilla.

 

 

 

 

 


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