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El fraude del Eoanthropus cumple un siglo, con todas sus incógnitas

14/09/2012 13:30

0 ¿Estuvo implicado el paleontólogo y poeta místico Pierre Teilhard de Chardin en la mayor estafa de la historia de la paleontología?

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En 1912 se presentó en la Sociedad Geológica de Londres una comunicación sobre el hallazgo del “eslabón perdido” entre el hombre y los simios. El descubrimiento del llamado Hombre de Piltdown produjo gran estruendo en el mundo científico. Pero, en 1953, se “descubre” el fraude del Eoanthropus, del Hombre de Piltdown. Algunos autores sospechan que el famoso paleontólogo y poeta místico, Teilhard de Chardin, estuvo involucrado en el fraude, que sabía que era falso pero que colaboró para buscar notoriedad. ¿Inocente o culpable?

Dawson, Piltdown y sus fósiles humanos

Piltdown es un pueblo de la parroquia de Fletching, en Sussex, al norte de Newhaven, en Inglaterra. En 1908, se estaban realizando allí cerca trabajos de reparación de un camino y los agricultores del lugar sacaban piedras de una pequeña cantera cerca de Piltdown. En aquel entorno, Charles Dawson era un hombre conocido por sus aficiones.

Uno de los obreros encontró un fragmento de hueso que llevó a Charles Dawson (11 Julio de 1864 – 10 Agosto de 1916), que era abogado y en sus ratos libres se dedicaba a sus aficiones preferidas, la Geología, la Arqueología y la Paleontología.

Se trataba de un fragmento de parietal humano, de color ferruginoso oscuro. Más tarde, el propio Dawson recogió en el mismo lugar otro fragmento mayor que el primero, perteneciente a un frontal.

El conjunto hallado lo formaban – según Dawson - varios fósiles de mamíferos extinguidos, herramientas primitivas de piedra y restos de un cráneo con morfología humana, junto a una mandíbula de aspecto simiesco.

Por esto, claramente, era un ser a medio camino entre el simio y el hombre, con una cultura prehumana y cuya edad se dató en unos 500.000 años. A ese eslabón perdido se lo denominó Eoanthropus dawsoni, hombre del alba de Dawson, por ser el abogado quien lo descubrió.

Un poco de historia

En 1908, se encuentra un primer resto humano enterrado en una cantera en el condado de Sussex, en un lugar llamado Piltdown. Se lo entregan a Charles Dawson, arqueólogo aficionado. El 31 de mayo de 1909, el joven jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin (que entonces estudiaba Teología en Ore Place, no muy lejos de allí), conoce a Charles Dawson. Los dos eran aficionados a los fósiles y tras este primer encuentro tuvieron luego contactos esporádicos para buscar fósiles. ¿De qué hablarían los dos aficionados? ¿Qué hipótesis elaboraron de los huesos de Piltdown? No lo sabemos.

Años más tarde, en 1912, Charles Dawson, envió al Museo de Historia Natural de Londres, remitidas a Sir Arthur Smith-Woodward, conservador del Museo de Paleontología del British Museum, una serie de muestras. Entre ellas había fragmentos de robustos huesos craneanos humanos, de color chocolate; también había dientes de hipopótamo y de elefantes fósiles. También se encontraron restos de herramientas de sílex. Según Dawson, habían sido encontrados en 1908 por unos obreros que se dedicaban a extraer grava en una cantera en Barkham Manon, en Piltdown, no lejos de Uckfield en Sussex. Estas gravas se interpretaban geológicamente como depósitos debidos al arrastre del río.

Smith-Woodward le respondió aceptando sumarse a Dawson para iniciar unas excavaciones en dicho lugar a fin de buscar más restos. Pareció que los días finales de mayo y el mes de junio de ese año de 1912 podría ser una buena fecha. El resultado fue el hallazgo de nuevos restos fósiles, entre ellos un fragmento de mandíbula de tipo claramente simiesco y provisto de dos dientes. También había otros fragmentos de cráneo, abundantes dientes y osamentas de mamíferos fósiles, fragmentos de sílex y algunos posibles útiles de hueso. En esos días, Dawson llevó a Smith-Woodward a Ore Place para que conociese a Teilhard y viese sus fósiles.

El 18 de diciembre de 1912, la polémica llega a la Sociedad Geológica de Londres. Los restos son acogidos con reservas cuando no con reticencias. Dawson insiste y lo denomina como Eoanthropus . En un artículo de 1913 cita a Teilhard como el que en junio de 1912 descubrió un diente de elefante y útiles in situ en la capa media del lecho de grava.

Posteriormente, Dawson, Smith-Woodward y Teilhard visitaron varias veces el yacimiento de Piltdown. Parece ser que en agosto de 1913, Teilhard volvió de Francia (donde ya estaba formándose en paleontología humana con Marcellin Boule). Junto con Dawson y Smith-Woodward, Teilhard dice que encontró un canino de tipo simiesco, pero cuyo desgaste recuerda a los dientes humanos y no a los antropoides modernos.

Los datos científicos

El estudio geológico de las graveras de Piltdown demostró que correspondían en su base a lo que los geólogos denominan un horizonte wealdense , base del Cretácico. Sobre este, descansan de rocas ferruginosas, de color parduzco, mezcladas con cuarcita. Se trataba de una formación aluvial formada en la época glaciar de las Islas Británicas. La fauna animal hallada comprendía dientes de mastodontes, elefantes, rinocerontes propios del Plioceno, y dientes de hipopótamos, castores y caballos. Los sílex eran del tipo eolitos y otras piezas no tenían talla alguna o sólo tenían entalladuras por una cara. Dawson las atribuyó al Período Achelense.

Basándose en todos aquellos hallazgos se podía decir que el yacimiento de Piltdown procedía de una época muy antigua del Pleistoceno. Todos los fósiles tenían un color ferruginoso oscuro, detalle del que debemos tomar nota para lo que más adelante veremos.

Las excavaciones continuaron en Piltdown. En 1915 Dawson halló en otra cantera cercana a la primera, más huesos craneales. Así se acallaron todas las dudas. Se había hallado el eslabón perdido, sus descubridores conocieron la celebridad durante muchos años y las excavaciones de Piltdown fueron declaradas monumento nacional en 1950.

Las piezas que permitieron reconstruir el cráneo fueron nueve fragmentos pertenecientes a la región frontal y parietal del lado izquierdo, y un temporal izquierdo casi completo y bien conservado. Al no tener ningún punto de contacto los de uno y otro lado del cráneo, la reconstrucción de la parte media creó problemas. Los huesos no presentaban ninguna huella patológica y la mineralización no los había deformado. Su espesor era notable (10-12 mm parietal y frontal), en lugar de los 5 a 8 mm que tiene el hombre actual.

Las impresiones vasculares meníngeas endocraneales eran muy profundas y los caracteres eran perfectamente humanos. Por lo que quedaba de las arcadas frontales se apreciaba que no estaban más desarrolladas que las del hombre moderno. La cresta temporal era muy saliente, así como la apófisis zigomática, lo que indicaba un fuerte aparato masticador. Las apófisis mastoides eran muy voluminosas Los huesos nasales estaban bien conservados.

La reconstrucción mostró un cráneo mesaticéfalo (índice=78) con la bóveda ligeramente aplanada (los libros de la época lo incluyen entre los braquicéfalos, pero el índice no corresponde a este grupo). El volumen que Smith-Woodward consideró de 1.070 centímetros cúbicos, se rectificó a 1.300 cc, es decir, como el de los bosquimanos, andamanes o australianos.

Pero lo más extraordinario era que la mandíbula hallada era mucho más simiesca que el cráneo. Los molares eran más simiescos que humanos, lo que daba un gran parecido a la mandíbula con la de un chimpancé. El paleontólogo francés Boule lo calificó de "asociación paradójica". Las discusiones sobre "El Hombre de Piltdown continuaron durante muchos años".

La polémica

A partir de 1915, se inician una serie de polémicas sobre la autenticidad y la interpretación del Eoanthropus . Smith-Woodward, defendía que se trataba de un individuo con cráneo humano y mandíbula simiesca; por su parte, Marcellin Boule separaba los dos elementos y afirmaba que se trataba de dos organismos diferentes.

En 1916 interviene en la polémica Sir Arthur Keit , uno de los más afamados anatomistas británicos, conservador del museo del Royal Collage of Súrgenos. Y escribió: “por fin parecía que la célebre criatura perdida, el eslabón que tanto habían buscado los primeros seguidores de Darwin, había sido realmente descubierto . Keit, furibundo nacionalista, defendía que la antigüedad del hombre de Piltdown era de 5 millones de años y que la transición del mono al humano se había realizado en Inglaterra.

Pero en 1916, Charles Dawson fallecía de septicemia llevándose a la tumba el secreto del origen del Eoanthropus . Posteriormente, los descubrimientos de Java, de China y de África del Sur contribuyeron (y no sin motivo) a hacer que el Eoanthropus fuera más inclasificable.

Descubrimiento del fraude

En 1949, el antropólogo Kenneth P. Oakley aplica la prueba del flúor. El cráneo y la mandíbula son modernos. Y denuncia el posible fraude. Años más tarde, en 1953, Weiner, Le Gros Clark y Oakley muestran que es falso.

La mandíbula del Eoanthropus era de un orangután moderno, al que habían limado cuidadosamente los dientes y una tintura había coloreado el hueso. De igual modo, las piezas craneanas eran humanas y antiguas, pero también una mano anónima las había coloreado con óxido de hierro y las había enterrado allí.

No se remontaban más allá del neolítico. Oakley va más lejos y acusa a los descubridores de haber falsificado pruebas con el objeto de engañar a los científicos.

Los candidatos a conspiradores

¿Quién o quiénes urdieron toda la trama? En esta tragicomedia de uno de los fraudes más sonados de la historia de la ciencia intervienen muy diversos canditatos a conspirador. Los presentamos por orden alfabético:

Lewis Abbot era un joyero en Hastings. Conocía a Dawson desde el año 1900 a través del museo de Hastings Era una autoridad en flora fósiles del Wealdense, el piso geológico del Cretácico continental y, en general, de la geología del sureste de Inglaterra.

Frank O. Barlow, en esa época pertenecía al personal del British Museum of Natural History. Barlow fue el que prepare los moldes del cráneo de Piltdown.

William Butterfield era conservador del museo de Hastings. Tenía un temperament tranquilo pero tuvo algunos roces con Dawson con ocasión de la propiedad de unos huesos de dinosaurio.

Raymond Dart tenía la cátedra de Anatomía de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica. Descubrió el Australopithecus (el niño de Taung) y fue el primer defensor del origen africano de la humanidad.

Charles Dawson era un arqueólogo, geólogo, anticuario y colector de fósiles aficionado y trabajaba para el Museo Británico. Ha sido siempre considerado como el sospechoso principal de este fraude.

Sir Arthur Conan Doyle era vecino de Dawson e interesado por la paleontología. Parece que también participó el esta conspiración de Piltdown y otros lo consideran una víctima. Doyle escribió The Lost World y otros relatos de misterios populares.

F. H. Edmonds era geólogo del Geological Survey de Inglaterra. Sus estudios publicados en 1925 y en 1951 ponían en duda la edad geológica de los yacimientos de Piltdown.

Stephen Jay Gould fue un paleontólogo de la Universidad de Harvard, fallecido en 2002. Gould es el autor de muchos ensayos de divulgación científica y defendió que Teilhard de Chardin conocía el fraude de Piltdown y sugiere que fue, incluso, el organizador.

Venus Hargreaves fue el obrero que ayudaba a Dawson, Woodward y Teilhard de Chardin en las excavaciones de Piltdown.

Martin A. C. Hinton fue miembro del círculo de paleontólogos de Sussex después del fraude y conservador de zoología en el British Museum en el momento del fraude. Era un bromista y le gustaba enterrar objetos en las graveras para engañar a los amigos.

Sir Arthur Keith fue un anatomista y paleontólogo, responsible de la colección de Hunter en Royal College of Surgeons, y president del Anthropological Institute. Mantenía que el primer humano debía haber sido británico.

L Harrison Matthews fue un eminente biólogo ingles que publicó una serie de artículos muy influyentes en la revista New Scientist en 1981, en los que postulaba que fueron Dawson, Hinton y Teilhard los autores del fraude.

Grafton Elliot Smith era miembro de la Royal Society, y en 1909 consiguió la cátedra de anatomía de la Universidad de Manchester. Smith había hecho un studio especial de los humanos fósiles. Fue uno de los asesores de la excavación de Piltdown.

W. J. Sollas era professor de Geología en Oxford. Era excéntrico y amargo enemigo de Woodward y de Keith.

Pierre Teilhard de Chardin era amigo de Dawson. Con posterioridad participó en el descubrimiento de hombre de Pekín. Algunos lo implican directamente en el fraude.

J. S. Weiner fue un eminente paleontólogo. En 1953 mostró que el fossil de Piltdown podia haber sido un fraude. Los científicos J. S. Weiner, Sir Kenneth Oakley y Sir Wilfrid Le Gros Clark mostraron que había sido fraudulento.

Las sospechas y los sospechosos

En el extenso estudio de ROBERT PARSON encontramos datos interesantes. A final de los años setenta del siglo XX, Ian Langham, un historiador de la ciencia australiano, elaboró una reconstrucción plausible del fraude.

Inicialmente, se sintió atraído por la opinión citada de Ronald Millar que señalaba a Elliot Smith. Sin embargo, los argumentos lo fueron inclinando por señalar a Dawson y Keith como los conspiradores, ya que deseaban que la humanidad fuera inglesa.

Langham falleció en 1984 antes de revelar sus fuentes. Pero Frank Spencer, del Departamento de Antropología del Queens College de la Universidad de la Ciudad de New York, retomó la investigación de Langham. Spencer publicó sus conclusiones en Piltdown: A Scientific Forgery .

La piedra angular de los argumentos de Langham-Spencer fue un artículo anónimo que apareció en el British Medical Journal de 21 de diciembre de 1912, tres días antes del anuncio formal del descubrimiento del Hombre de Piltdown ante la Geological Society de Londres. Este artículo parece a primera vista un resumen breve de lo que se iba a presentar unos días más tarde. Pero contiene una información (referente al lugar exacto y a la historia del descubrimiento de Piltdown) que solo conocían Dawson y Keith. Langham demostró que el autor del artículo anónimo era Arthur Keith. En el diario de Keith se dice que el artículo lo escribió tres días antes de la sesión oficial. Keith no era amigo de Woodward, por lo que se infiere que fue Dawson quien le dio la información detallada.

Langham demuestra que Dawson y Keith estuvieron muy en contacto entre 1911 y 1912. Y parece ser que Keith destruyó toda la correspondencia que había tenido con Dawson esos años. Langham propone que Dawson llegó a urdir el fraude entre 1905 y 1910. En la primavera de 1911, Keith contactó con él, y durante el período 1911-12 Keith preparó los ejemplares y los enterró para que luego fueran excavados.

Sin embargo, las investigaciones de Walsh, exculpan a ambos del fraude.

¿Fue Arthur Smith Woodward el falsificador?

A comienzos de siglo XX la paleontología inglesa era poco más que inexistente. En la práctica totalidad de la Europa continental los restos humanos de épocas prehistóricas eran abundantes, repartidos por multitud de yacimientos. Del mismo modo, África y Asia contaban con importantes descubrimientos para la historia de la evolución humana, siendo los continentes favoritos a la hora de elegir el origen primigenio del hombre.

En las Islas Británicas, por el contrario, los yacimientos eran escasos y dudosos y, sin duda, irrelevantes comparados con sus vecinos continentales. Sin embargo, la historia de los orígenes del hombre dio un giro completamente inesperado en diciembre de 1912. Arthur Smith Woodward , encargado del departamento de geología del MUSEO BRITANICO DE HISTORIA NATURAL anunció a la Sociedad Geológica de Londres el descubrimiento del “eslabón perdido”, nuestro ancestro primero. Y no habían sido hallados sus restos en la lejana África sino en la campiña inglesa.

Esta es la historia de uno de los mayores fraudes de la historia de la ciencia, superando tanto en fama como en consecuencias y duración, a cualquier otro de los relatados en este blog: el fraude del hombre de Piltdown.

Woodward había recibido, meses atrás, unos huesos que el abogado y coleccionista de antigüedades Charles Dawson había encontrado en una cantera donde algunos obreros extraían grava para hacer una carretera. Al parecer, según contaba Dawson, el primer hueso fue encontrado por un obrero en 1908. Posteriormente, en varias visitas se llegó a encontrar un cráneo y una mandíbula, así como útiles de piedra y huesos de animales que permitían fechar el descubrimiento nada menos que hace medio millón de años.

Sir Arthur Smith Woodward era el responsible de las colecciones del Departemento de Historia Natural del British Museum y era amigo de Dawson

El cráneo del hombre de Piltdown era claramente humano, aunque algo más grueso que el del hombre moderno. La mandíbula, sin embargo pertenecía sin duda a un simio. El hallazgo resolvía de un plumazo un gran número de cuestiones para las que los paleontólogos buscaban respuesta desde hace tiempo. Establecía claramente una conexión directa entre el ser humano y sus parientes simiescos y situaba geográficamente el inicio de la humanidad en las Islas Británicas, nuestro ancestro no era un salvaje de la remota selva africana sino un gentleman inglés...

Por si esto fuera poco, el hombre de Piltdown resolvía las dudas sobre cuales habría sido el primer “rasgo humano” en evolucionar, ¿el bipedismo?, ¿la gran capacidad craneal?, ¿nuestra mandíbula?... El cráneo encontrado por Dawson dejaba claro que la capacidad craneal humana habría sido un rasgo temprano, presente ya junto a una mandíbula simiesca. Ésta era, oportunamente, la tesis defendida por Woodward.

¿Sabía Woodward que era una burda falsificación? ¿O fue un científico ingenuo que se vio sorprendido y halagado por el descubrimiento?

¿Fue Arthur Conan Doyle el falsificador?

El argumento que inculpa a Conan Doyle del fraude de Piltdown se publicó en un artículo en la revista Science en 1983 y está firmado por el antropólogo John Winslow .

En la primavera de 1996 se public en Pacific Discovery un excelente artículo de Robert Anderson sobre la autoría de Doyle. Este era vecino de Dawson, y también aficionado a recolectar huesos antiguos y participó brevemente en la excavación. Los argumentos principales para inculpar a Doyle son circunstanciales y literarios. En su relato The Lost World describe el fraude con términos velados. Anderson arguye que la localización exacta de los fósiles debe descifrarse como en un puzle.

El defensor más importante de la autoría de Doyle es RICHARD MILNER un historiador de la ciencia en el Museo Americano de Historia Natural. En un debate en la Sociedad Linneana de Londres en 1997 como parte de la Semana Nacional de la Ciencia, Milner inculpa a Doyle y defiende a Hinton. En su opinión, Doyle era un ferviente espiritista, seguidor de Henry Slade, uno de los físicos favoritos. Esto sugiere que Doyle deseaba desacreditar a la ciencia oficial frente a los científicos alternativos.

Nuevos argumentos contra Conan Doyle

En un extenso artículo de 2009 MARIO MENDEZ ACOSTA propone que, tal vez, todo fue una broma de Conan Doyle En su opinión, la situación se complica ahora en .for¬ma por demás interesante, ya que otros prestigiados científicos, John Winslow, arqueólogo, investigador y museógrafo, junto con Alfred Meyer, editor de la revista Science 84, órgano de la Asociación Americana, para el Avance de la Ciencia (AAAS), han lanzado una espectacular denuncia que, aunque exime de toda culpa a Dawson y a Teilhard, involucra en el engaño nada ¬menos que a sir Arthur Conan Doyle, notable escritor británico creador de las aventuras del genial detective Sherlock Holmes.

Las evidencias que presentan Winslow y Meyer son, realmente de tipo circunstancial, aunque abundantes. Primeramente, el propio descubridor del fraude, J. S. Weiner, afirma en su libro La falsificación de Piltdown que “después de todo Dawson bien pudo haber sido implicado en una broma -quizá no de su invención-, que fue llevada demasiado lejos”.

Doyle tenía la preparación científica para realizar el engaño: era médico, experto en enfermedades de la, mandíbula -la parte esencial del falso hallazgo era una mandíbula de orangután, con los molares limados de manera que simularan una dentadura humana¬ además, Doyle tenía una especial preparación en las técnicas criminalísticas y poseía gran interés en la geología, la arqueología y las teorías evolucionistas. Le encantaban las tretas y engaños complicados o las bro¬mas pesadas.

Existió un antecedente a la falsificación de Piltdown. En 1825, Charles Waterton, otro naturalista in¬glés, aseguró haber encontrado un hombre mono en América del Sur y presentó una broma taxidérmica, conocida ahora como El Indescriptible. La intención de Waterton era totalmente festiva, y así lo anunció públicamente al poco tiempo. Lo curioso es que Conan ¬Doyle asistió a la misma escuela preparatoria de Waterton, y conoció desde luego este engaño.

Doyle vivía a ocho millas del sitio en la excavación de Piltdown, lo visitaba con frecuencia y, al poco del hallazgo, se ofreció feliz a conducir a Dawson a donde quisiera en su nuevo automóvil. Para tramar la falsificación, Doyle trabó amistad con la frenóloga Jessie Fowler, poseedora de una enorme colección de restos de cráneos de primates de todo el mundo. Fowler acos¬tumbraba vender o regalar algunos de los cráneos a sus amigos.

Junto con el cráneo falso se plantaron en el sitio de la excavación de Piltdown muchos otros fósiles provenientes de lugares muy lejanos. Gran parte de ellos de la zona del Mediterráneo. Sin embargo, Doyle conocía al arqueólogo Joseph Whitaker, poseedor de una gran colección de fósiles de Túnez y de la isla de Malta, incluyendo los restos de un hipopótamo… ¡En Piltdown yacía un diente de hipopótamo, originario de la misma cantera maltesa de los restos propiedad de Whitaker!

En el hallazgo de Piltdown había varias piedras talladas muy antiguas, cuyo origen se ha detectado en una cantera en Gafsa, Túnez. En 1910, Norman Douglas, coleccionista de restos paleolíticos y amigo tam¬bién de Doyle, visitó Gafsa y le llevó a su amigo Ar¬thur un buen cargamento de piezas talladas.

¿Fue Martin Hinton el falsificador?

En el mes de mayo de 1996, la revista Nature presentó una nueva inculpación contra Martin A. C. Hinton, conservador de zoología en el Museo en la época del fraude. Puede que el fraude científico del siglo XX, no haya sido sino una broma que se escapó de las manos de su autor.

Resulta que se halló a mediados de los años setenta, en el desván del Museo de Historia Natural de Londres, un baúl que perteneció a Martin Alister Campbell Hinton (y que llevaba sus iniciales M.A.C.H.), conservador de la sección de zoología en la época en que se produjo el fraude.

En dicho baúl se encontraron huesos tallados y teñidos de la misma forma que los fósiles de Piltdown, lo cual demuestra inequívocamente que el falsificador pudo ser Hinton. Eran huesos de hipopótamos y elefantes prehistóricos, teñidos con manganeso. La misma sustancia que reveló el análisis de Brian Gardiner en 1953 en los huesos, que fue usada para darle un aspecto pardusco a los huesos, a fin de simular una antigüedad pleistocénica. Curiosamente, un artículo perdido de Hinton, trataba sobre el procedimiento de tintura con manganeso.

Antes de morir Martin A. C. Hinton confesó que cometió el fraude porque en esa época las autoridades del museo, Woodward entre ellos, no le daban las oportunidades ni le retribuían su trabajo como lo merecía. Pero a pesar de la confesión de Hinton, que aparece en un libro escrito después de su muerte, el autor pide que, con base a sus aportes a la ciencia, se olviden de su fraude. Por supuesto no menciona nada sobre el daño moral que le causo a Teilhard en vida y que continúa causándole a su memoria.

La pregunta es: ¿Por qué? Resulta que el tal Hinton había tenido una disputa con su jefe, el paleontólogo Arthur Smith Woodward, en 1910 por asuntos de dinero, de manera que es probable que haya cometido el fraude para vengarse y ridiculizar a Smith Woodward. Y de hecho lo logró... en parte.

Woodward proclamó a bombo y platillo la autenticidad del fósil; ya sea porque se ajustaba a las predicciones de la ciencia evolutiva, o por la odiosa cuestión del nacionalismo ("¡Lo de Heidelberg es nada comparado con esto!" exclamaba un entusiasta Dawson), el Eoantropus dawsoni pasó durante mucho tiempo como prueba de la hominización. Aún más, como prueba que la cuna de la humanidad había sido Inglaterra. Sin embargo, no contaba Hinton con que el fraude no sería sino desmentido hasta 1949, y que Woodward moriría en 1916.

Parece pues, haber sido una broma de muy mal gusto, urdida en los albores del siglo XX. De hecho parece tener sentido, porque si analizamos bien lo que pasó luego, no encontramos con que con Dawson nunca se benefició del todo con el hombre de Piltdown: aunque puso su nombre, no se hizo más conocido por eso ni conquistó el renombre que quería en su natal Essex.

Teilhard de Chardin casi ni mencionó al Eoanthropus en su ingente obra, sino que volvió los ojos al Sinanthropus pekinensis (el Homo erectus chino), por su trabajo en el yacimiento de ChouKouTien, junto con Henri Brauil. Conan Doyle por su parte, quedaría eximido por ser las pruebas que se presentan en su contra, muy inconsistentes.

Otro posible escenario es que Dawson hubiera trabajado codo a codo con Hinton, para ayudarle con su propósito. Así, Dawson obtendría el renombre que deseaba, y Hinton podría urdir su broma. Pero ello supondría que habrían arrebatado el molar de elefante a Teilhard, aunque de hecho nunca él echó de menos esa pieza en su colección, que resultó ser de un proboscídeo de Túnez, es decir, antiguo, pero no nativo del lugar.

Hoy en día, las modernas técnicas de análisis impiden que bromas como éstas lleguen muy lejos. El Archaeoraptor y otros casos de cuño reciente, nos muestran que en la paleontología, las mentiras tienen las patas muy cortas.

¿Fue el geólogo W. J. Sollas el falsificador?

En noviembre de 1978, Piltdown aparece otra vez en la prensa porque fue implicado otro científico. Poco antes de fallecer a los 93 años, J. A. Douglas, profesor emérito de geología de Oxford, acusó a su antecesor en el cargo, W. J. Sollas de ser el colaborador de Dawson en la falsificación. La razón podía ser la envidia que tenía a Smith-Woodward y su deseo de hundirlo.

W.J SOLLAS fue un profesor de Geología en Oxford y acervo enemigo de Woodward. Fue acusado 1978 por su sucesor en la Cátedra, J. A. Douglas, de haber dejado una cinta magnetofónica en la que se confesaba autor del fraude de Piltdown. De esta manera, intentaba socavar el prestigio de Woodward.

La dificultad fundamental de esta teoría es explicar cómo Sollas pudo falsificar los fósiles y colocarlos en el yacimiento.

¿Fue Pierre Teilhard de Chardin el falsificador?

Teilhard, un joven estudiante de Teología y que luego destacaría en China como paleontólogo participó en las excavaciones por la confianza que le tenían tanto Dawson como Woodward.

Hay quienes piensan, como Pierre Thuillier (Thuillier, P. 1975. Jeux et enjeux de la science. Laffont, París), que todo comenzó como una broma urdida por Teilhard de Chardin. Pero que, debido al estallido de la guerra, a la que fue llamado a alistarse, así como a la muerte súbita de Dawson, el clérigo ya no la pudo detener.

Stephen Jay Gould (Gould, S. J. 1983. Teilhard y Piltdown, en Hen’steeth and horse’s toes. Norton, Nueva York), quien realizó exhaustivas pesquisas, sostiene que no se trató de una simple broma, sino de un montaje que apuntalaba la teoría que Theillard desarrolló sobre la evolución humana desde su óptica religiosa. Sin embargo, tal vez al igual que en una novela de Agatha Christie, los culpables fueron muchos: todos aquellos que, con una creencia profunda en cierta idea de la evolución humana, aceptaron con satisfacción la evidencia que se les presentaba para apoyarla.

Pero ¿quién era el culpable? Pierre Teilhard de Chardin fue eximido y fue considerado como una víctima más del engaño. Nadie sospechaba de Smith-Woodoward, hombre muy recto y que con 80 años y ciego había escrito en 1948 The earliest English. Dawson había fallecido, y sobre él se centraron todas las sospechas.

El prestigioso palentólogo fallecido en 2002, Stephen Jay Gould, sugiere que pudo ser el entonces joven y ambicioso jesuita, Pierre Teilhard de Chardin, quien estuviera involucrado en el fraude. Tal vez por hacer una broma o tal vez por escondida ambición, según Gould, Dawson y Teilhard pudieron urdir la trama. Pero al morir Dawson, Teilhard ya no tuvo fuerza para revelar el engaño.

Su teoría es que pudo ser una broma de estudiante (de cuando Teilhard de Chardin no era una eminencia, sino que era un joven despreocupado) que luego el autor no supo o no pudo aclarar sin que lo salpicara un escándalo que no deseaba.

También sugiere que Teilhard, recién ordenado sacerdote, tenía ambiciones científicas. Deseaba que sus superiores lo destinasen a estudiar Ciencias Naturales y Paleontología humana en París para ser ilustre profesor en la Universidad. Y este podía ser su ocasión de darse a conocer.

Por otra parte el fraude se prolongó durante mucho tiempo porque los restos originales eran conservados cuidadosamente en el museo y ni siquiera los especialistas podían verlos más que unos segundos, y no debían tocarlos.

Si querían analizarlos, tenían que examinar unas copias de yeso de esos huesos. El deseo de querer descubrir unos restos que confirmaran la teoría de un ancestro intermedio, un eslabón perdido entre el mono y el hombre, llevó a Woodward a cegarse ante los hechos, a no ver el fraude evidente.

No queda claro si Charles Dawson realmente encontró los restos, es decir que le pusieron unos restos falsos en donde buscaba. En ese caso sería tan inocente como Smith Woodward. Pero quizás también pudo ser el autor del fraude. En su libro Stephen Jay Gould da sus razones para dudar de ello.

Conclusiones

¿Fue Teilhard inocente o culpable del fraude de Piltdown? No hay argumentos convincentes y, además, tenemos otros sospechosos de más peso. Desde el punto de vista mediático, el artículo inculpatorio de Gould se ha extendido mucho. ¿Se trata de un conflicto ciencia y religión? ¿Fueron los noedarwinistas lo que querían hundir el prestigio de Teilhard? No tenemos hoy argumentos suficientes.

Sospechosos los ha habido, siendo el principal, Charles Dawson, abogado y arqueólogo aficionado, quien le puso su nombre al descubrimiento: Eoantropus dawsoni , y por estar su nombre en una etiqueta de un pedernal de Piltdown, con la siguiente leyenda "Teñida por C. Dawson con la intención de engañar al mundo"; también otro sospechoso es nada menos que Pierre Teilhard de Chardin, el famoso sacerdote jesuita que inició el movimiento conciliador entre la evolución y la Iglesia Católica; se dice que en una bolsa de papel que llevó a la casa de Dawson en una visita días antes del descubrimiento, había un diente de elefante prehistórico, que luego estaría incluido en el yacimiento, para darle visos de credibilidad al "hallazgo". Increíblemente, hasta Sir Arthur Conan Doyle también fue catalogado como sospechoso entre otras cosas, porque se ofreció a llevar a Dawson y compañía en su nuevo automóvil. Y claro, también por su amistad con Jessie Forwes, una frenóloga que solía regalar o vender cráneos de simios de su copiosa colección.

Sin embargo, puede que el fraude científico del siglo XX no haya sido sino una broma que se escapó de las manos de su autor. Resulta que se halló a mediados de los años setenta, en el desván del Museo de Historia Natural de Londres, un baúl que perteneció a Martin Alister Campbell Hinton (y que llevaba sus iniciales M.A.C.H.), conservador de la sección de zoología en la época en que se produjo el fraude.

Si existió algún tipo de polémica religiosa a partir del “descubrimiento” de los falsos fósiles humanos de Piltdown, debió quedar soterrada. Ya Darwin en el siglo XIX había escandalizado lo suficiente y las ciencias antropológicas y la teología no mantenían grandes discusiones.

La mayoría de los implicados en el descubrimiento y estudio inicial de los fósiles habían muerto cuando se descubrió el fraude. Así que fue difícil encontrar quiénes fueron los responsables reales de semejante estafa para todo el mundo de la ciencia.

Dawson, Woodward y Teilhard, además de muchos otros amigos y colaboradores, pasaron a ser los sospechosos principales. Es en Dawson sobre el que recaen la mayoría de las sospechas, sin embargo, el caso no ha sido aclarado nunca. Se han realizado tantas conjeturas que incluso se llegó a culpar a Sir Arthur Conan Doyle, padre literario de Sherlock Holmes, de estar detrás de todo el asunto.

La estafa del hombre de Piltdown ha sido la más importante de las conocidas dentro del mundo de la paleontología. Existen muchas otras, en diferentes partes del planeta, desde pinturas rupestres falsas o huevos de dinosaurio trucados. Todo parece valer a algunos desaprensivos con tal de hacer prevalecer sus pareceres, o para ganar fama, simplemente.

De todas formas, los evolucionistas pueden dormir tranquilos, la mayor parte de los fósiles encontrados hasta la fecha han superado los análisis más rigurosos y corroboran sin ninguna duda la veracidad de la evolución, por mucho que les pese a los creacionistas. Y, en los inicios del siglo XXI, las grandes religiones no presentan trabas a los descubrimientos científicos. Lo que sí parece claro es que los fraudes científicos se descubren al final.

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