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El Hindenburg

01/08/2012 19:20

0 El vuelo era rutinario entre Alemania y Estados Unidos, y los 10 viajes de ida y regreso demostraban la seguridad del éxito

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El lunes 3 de mayo de 1937, a las 20:00 hrs., comenzaba su vuelo el dirigible Hindenburg desde el aeropuerto Internacional de Rhein-Main, cerca de Francfort, Alemania. Los reflectores saludaron su vuelo e iluminaron las grandes svásticas rojas de los estabilizadores, hasta que la enorme nave se perdió de vista en la noche con sus 38 pasajeros y 59 tripulantes. Esta nave era la maquina voladora mas grande de todos los tiempos

El vuelo era rutinario entre Alemania y Estados Unidos, y los 10 viajes de ida y regreso demostraban la seguridad del éxito. Las autoridades alemanas habían estado recibiendo anónimas amenazas que decían querer destruir al Hindenburg . Un periodista de la United Press, Webb Miller, también recibió estas advertencias anónimas. Y tal parece que nadie, entre los pasajeros, tenía conocimiento de esto, y si los tuvieron, no los creyeron.

El dirigible tenia que llegar a la Base Aeronaval de Lakehurst, en Nueva Jersey, a las 6:00 de la mañana del jueves 6 de mayo. Evidentemente el Hindenburg tendría un retraso, ya advertido desde la mañana del martes mientras volaba sobre el Mar de Norte. Al comienzo se vio envuelto en una tormenta, y después con fuertes vientos en contra. Pero, a pesar de esto, el gigante alemán navegaba con suavidad, y su gran esqueleto de aluminio, de 248 metros crujía suave y placenteramente. Ninguna persona tiene recuerdos de haber pensado, por un momento, en la gigantesca masa de 200.000 metros cúbicos de hidrógeno tremendamente inflamable de la que dependían sus vidas.

En al madrugada del jueves, el dirigible volaba a baja altura sobre Nueva Escocia, y los pasajeros sintieron la gran emoción al ver las señales de tierra. Cerca del medio día la gente de Boston contemplo el paso de la nave, y por la tarde, el Hindenburg , pasaba sobre la Ensenada de Long Island. Se comenzaron a juntar grandes nubes de lluvia, y el pronóstico anunciaba vientos y tormentas eléctricas. Entre las 4 y las 7 de la tarde, el Hindenburg tuvo que esperar condiciones mejores en el tiempo para poder descender. La nave voló hasta Atlantic City, y después regresó. El cansancio en las personas era evidente, pero finalmente se le comunico al capitán del gran dirigible que el viento había aminorado y que la visibilidad era buena. El descenso comenzaba lentamente.

El locutor de una estación de radio, Herbert Morrison, relataba la llegada de la nave, y comparaba al Hindenburg como una gigantesca pluma que se acercaba hacia la gente. Se podía ver a los pasajeros, desde abajo, saludar y sonreír a los amigos y parientes. Se lanzaron las amarras de la nave a las 19:20, y la tripulación de tierra las tomó y empezaron a enlazarlas a sus correspondientes lugares. En un instante se pudo observar una chispa parecida a la electricidad que bajaba por la parte de atrás del dirigible. En ese preciso instante comenzó a brillar el fuego por encima del fuselaje, exactamente a las 19:23 horas.

Habían pasado 32 segundos desde que apareció la primera llama

Toda la cola estallo en una bola de fuego, se incendiaba el casco y comenzaban a caer trozos del tejido encendido. Mientras tanto, Morrison el locutor, gritaba que el dirigible estaba envuelto en llamas, que se estrellaba, que se deshacía en una forma horrorosa. Inmediatamente después se sintió una explosión seguida por otra.

En el interior, las explosiones lanzaron a los pasajeros al piso. Una señora alcanzo a abrir una ventana y lanzo a su hijo, otros se devolvían al interior buscando a sus familiares. El capitán de la nave luchaba por mantener el control, y desde tierra se veía como la mitad de atrás desaparecía entre las llamas y el humo. El dirigible comenzó a caer en un ángulo de 45º, y la orden desde el interior era sacar a los pasajeros. Las ventanas se derretían, y eso ayudo a que otros desesperados lograran escaparan del fuego.

Habían pasado 32 segundos desde que apareció la primera llama. Así se a podido comprobar al tomar el tiempo en las películas que se estaban filmando. La nave ya estaba en tierra y sus 200.000 metros cúbicos de hidrógeno se habían consumido. Algo así como figuras humanas aparecían entre los restos, caían, se levantaban, tropezaban y volvían a caer. Curiosamente un camarero, Werder Franz, apareció empapado e ileso. El dirigible en llamas le había caído encima, pero un estanque de agua lo protegió del calor.

Los restos del Hindenburg estaban esparcidos por la tierra, retorcidos. Murieron 30 personas y 3 mas morirían después. A las 2 de la madrugada se le aviso al canciller Hitler la terrible noticia. Era el primer golpe grave al prestigio de Alemania. Esta desgracia marcaba el final de la era de los dirigibles.

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