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"Diplomacia encubierta con #Cuba" se presentó en la Feria del Libro de Guadalajara

06/12/2015 13:47 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por: Peter Kornbluh, William M. LeoGrande image

Gabriel García Márquez entregó al presidente Bill Clinton un mensaje secreto de Fidel Castro, con una propuesta para poner fin a la crisis de los balseros en agosto de 1994. Fue durante una cena ofrecida por el escritor William Styron y su esposa Rose en Martha's Vineyard. De izquierda a derecha: John O'Leary, García Márquez, la señora Styron, Hillary y Bill Clinton, Patricia Cepeda, William Styron y Carlos Fuentes. Foto cortesía de los autores

Para resolver el crisis de los balseros, el 23 de agosto de 1994, Bill Clinton y Fidel Castro se acercaron, por separado, a través de intermediarios de alto nivel. Con dos llamadas telefónicas, Clinton y Castro iniciaron lo que se convertiría en uno de los episodios más rebuscados de conversaciones secretas en la historia del diálogo entre Washington y La Habana.

Los cubanos hicieron la primera llamada. El 23 de agosto, uno de los compañeros más cercanos de Castro, el cineasta Alfredo Guevara, llamó por teléfono a Max Lesnick, un miembro importante de la comunidad cubana de Miami. Lesnick había luchado con Fidel en la Sierra Maestra, pero se peleó con él después de la revolución, y huyó a Florida en 1961. Después de apoyar algunos esfuerzos violentos por derrocar a Castro en la década de 1960, Lesnick se convirtió en una de las principales voces moderadas en Miami. Discutiendo con Guevara sobre la crisis de los balseros, Lesnick propuso solucionar el problema a través de una mediación. Ahora, Castro quería usarlo para transmitir un mensaje secreto a un mediador único de muy alto nivel: el trigésimo noveno presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter.

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"Dile a Carter que no tenemos ninguna objeción a cualquier paradigma que quiera utilizar en la búsqueda de soluciones a la situación entre Cuba y los EEUU", decía el mensaje inicial de Castro. Su presencia como una persona seria, capaz y prestigiosa podría ser constructiva y útil.

Para establecer una cadena telefónica entre Carter y Castro, Lesnick llamó a su amigo, Alfredo Durán. Un veterano de Bahía de Cochinos y prestigioso abogado en Miami, Durán se había desempeñado como presidente del Partido Demócrata de Florida durante la campaña presidencial de Carter en 1976, y seguía siendo un amigo cercano del ex-presidente. Después de hablar con Lesnick, Durán llamó a Carter y le informó sobre el interés de Castro de reclutarlo como un mediador entre La Habana y Washington. Carter respondió positivamente, pero con cautela. Él sólo lo haría si no había otra alternativa, respondió Carter a Durán, y sólo si su papel permaneciera en secreto, previamente aprobado por ambos gobiernos. Empleando esa gruesa cadena de comunicación (Castro-Guevara-Lesnick-Durán-Carter/Carter-Durán-Lesnick-Guevara-Castro), los mensajes viajaron de ida y vuelta entre los Estados Unidos y Cuba durante los siguientes cinco días. Los primeros intercambios fueron a petición de Carter, quien quería asegurarse del deseo de Castro de usarlo como intermediario. El 25 de agosto, Guevara llamó a Lesnick desde la oficina de Castro y le pidió que le dijera a Carter que Cuba tenía una enorme confianza en su capacidad y su honor. Carter luego habló con Peter Tarnoff y recibió la autorización de la Casa Blanca para actuar como un intermediario. Según entendió Carter, los temas que se abordarían eran los siguientes: el deseo de Cuba de sostener conversaciones sobre temas más amplios que la migración; si Washington honraría el acuerdo de inmigración de 1984, que permitía la entrada de hasta veinte mil migrantes cubanos por año (pero hasta la fecha había producido menos de dos mil visas por año desde su firma); y si La Habana permitiría a los detenidos en Guantánamo regresar a sus hogares si así lo deseaban. Tarnoff transmitió la reacción de los EEUU, que Carter describió como un tanto equívoca acerca de las demandas de Cuba. El ex presidente transmitió el mensaje de Tarnoff a Durán, quien lo pasó a Lesnick para que lo llevara a La Habana. image

El 19 de abril de 1959 el entonces vicepresidente Richard Nixon recibió a Fidel Castro. Se dijo entonces que el encuentro había durado sólo 15 minutos. Hoy se sabe que ambos líderes hablaron en la oficina de Capitol Hill por más de dos horas. Foto: AP

Peligrosas borrascas en el estrecho de la Florida y un inminente viaje de Carter a África lo obligaron a acelerar el ritmo de las comunicaciones secretas. El viernes 26 de agosto llamó directamente a la Oficina Oval. Esbocé las que yo consideraba algunas concesiones mínimas, y ofrecí retirar mi participación, o continuar si tenía su aprobación personal, recordó Carter. Necesitaba un poco de flexibilidad para tratar con Castro. Clinton no quiso responderle en ese momento, pero Tarnoff le devolvió la llamada y le aseguró que Clinton deseaba que continuara con su esfuerzo. Carter llamó a Durán con un mensaje alentador: la Casa Blanca tenía pleno conocimiento de las propuestas de Carter para resolver la crisis. Carter estaba listo para viajar a Nueva York a charlar con alguien de la confianza de Castro, quien pudiera arreglar que Carter y Castro hablaran directamente. Ese mismo día, la larga cadena telefónica le dio a Carter la respuesta de Castro: el embajador de Cuba ante Naciones Unidas, Fernando Remírez, hablaría con Carter en Nueva York. Castro también ofreció, por primera vez, hablar directamente con el ex-presidente (le proporcionó a Carter tres números de teléfono privados que podía utilizar) y sugirió algunas horas específicas durante el fin de semana para que se comunicara. Esa tarde, Carter confirió largamente con el embajador Remírez. En sus memorias, Más allá de la Casa Blanca, el ex-presidente describió su propuesta de comenzar conversaciones la semana siguiente en Washington o Nueva York; que la agenda se extendiera más allá del tema de la inmigración; que se detuviera la salida de los balseros; que la cuota de inmigración de EEUU se elevara a 28 mil al año; y que los cubanos en Guantánamo que quisieran volver a Cuba pudieran hacerlo sin ser castigados. El 27 de agosto, Carter y Castro finalmente hablaron directamente. Castro le pidió a Carter que le explicara los términos exactos de la propuesta de los EEUU. Luego compartió su reacción: Cuba estaba interesada en los niveles legales de inmigración, y que se eliminaran las nuevas sanciones de Clinton. Castro también quería discutir el embargo. Carter no tenía todas las respuestas que Castro quería, pero se comprometió a transmitir sus preguntas a la Casa Blanca. Castro acordó que enviaría a funcionarios de alto nivel a Nueva York el miércoles para negociar de buena fe. El 28 de agosto, sin embargo, mientras Carter finalizaba de planear las negociaciones, recibió una inesperada llamada telefónica del vicepresidente Al Gore. Gore expresó su agradecimiento por lo que había logrado, me dijo que había establecido un canal de comunicación alternativo, y me pidió que me abstuviera de continuar participando, recordó Carter. Clinton había despedido al ex presidente. Los más altos funcionarios de Washington, que habían estado de acuerdo con mi participación, ahora me han pedido que cese toda comunicación, excepto para cumplir con mi promesa de responder a la conversación de la otra noche, informó Carter a Castro en su último mensaje, escrito, firmado y entregado a la delegación de Cuba en Naciones Unidas. Luego le comunicó al líder cubano la reacción de Washington ante las cuestiones que Castro había planteado en su conversación telefónica: "Me informaron que la reunión del miércoles se limitará estrictamente a asuntos de inmigración, contrario a lo que yo pensaba anteriormente. Me avisaron que otras vías de comunicación (desconocidas para mí), se utilizarán para atajar las siguientes cuestiones: a) eliminar las recientes acciones del presidente Clinton si se detiene a los balseros y b) reconfirmar la declaración de no agresión expresada por el presidente Bush en mayo de 1991. Carter expresó su pesar por ese desenlace y ofreció a Fidel su apreciación por "su franqueza y sus respuestas constructivas...". Espero que tengan éxito en la búsqueda de intereses en común para resolver la crisis actual, concluía el mensaje de Carter, y se preparen para una futura resolución de las viejas diferencias. El canal Salinas-García Márquez Las otras vías de comunicación que remplazaron a Jimmy Carter eran el presidente de México, Carlos Salinas de Gortari. Salinas de Gortari era cercano a Castro, y le dio al presidente de los EEUU su propio canal de comunicación. Sin que Carter lo supiera, la Casa Blanca había utilizado a Salinas como interlocutor al mismo tiempo que él estaba en comunicación con el líder cubano. Ahora, cuando las conversaciones estaban a punto de comenzar y los cubanos exigían una agenda más amplia que incluyera el embargo, Clinton decidió cerrar el canal de Carter, en quien no confiaba como intermediario neutral. Trabajando a través de Salinas, Clinton podía tratar de ganar tiempo, opinó Peter Tarnoff, refiriéndose a la demanda de Castro de mantener conversaciones más amplias. Salinas era más conveniente, ya que no presionaría a la presidencia, mientras que Carter habría presionado agresivamente, si no rotundamente, para abrir un diálogo. Carter era más que un conducto. Era alguien que tenía sus propias ideas. El 23 de agosto, el mismo día que Castro buscó a Carter, Clinton llamó a Salinas en su residencia de Los Pinos en la ciudad de México. Estaba preocupado por la cantidad de cubanos lanzándose al mar, explicó. La crisis tenía repercusiones serias en los Estados Unidos, pero los sentimientos en contra de los inmigrantes que había desatado también tendrían consecuencias para los inmigrantes mexicanos. Clinton pidió a Salinas que encontrara una manera de establecer contacto directo con el gobierno cubano, para comprender mejor su postura. image

Portada del libro publicado por el Fondo de Cultura Económica.


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elblogdelapolillacubana.wordpress.com
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