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"Carta al Gobernador de La Habana Reynaldo García Zapata"

27/11/2020 11:11 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Esta carta es un llamado al Gobernador de La Habana a tomar acción preventiva contra el aflojamiento del vínculo social a nivel familiar, y contra los abusos en ese ámbito que redundan en el precarismo de la identidad nacional

                             “Carta al Gobernador de la Habana Reynaldo García Zapata”

Señor Gobernador:

Juan Marinello decía: El que ve más, debe decir lo que ve.

Pienso que el señor Gobernador se debe hacer sentir más, y lo debe hacer a través de iniciativas insólitas que lo hagan presente a una población más amplia. Debe explotar más su capacidad de ser comunicativamente compartido. A mí se me ocurre, por ejemplo, pensar en una especie de encíclica laica o circular con copia a todos los intendentes, presidentes y vicepresidentes de las entidades administrativas que él supervisa, porque tenemos un problema grave: la flojedad del vínculo social a nivel familiar, cosa que tiene consecuencias tan impensables y tan nefastas como influir negativamente en los procesos de consolidación de la identidad cubana. Están pasando cosas insólitas en la familia que no es posible seguir ignorando como si no estuviera ocurriendo nada. El déficit del fondo habitacional enorme que tenemos, se está comiendo los cimientos de los lazos familiares: Los hermanos están expulsando de sus casas a los propios hermanos y ya son bastante conocidos los espectáculos de enfrentamiento de hermanos contra hermanos, padres contra hijos y viceversa, el extrañamiento familiar dentro de una misma vivienda es creciente.

Y pensar que esta revolución costó tanta preciosa sangre para que vengan a revertirla sucesos de tan mezquinas atribuciones, que pueden pervertir, por el triunfo malvado, el mismo curso revolucionario de la sociedad. No es una suposición gratuita esta que hago, pues la fundamento científicamente. El filósofo alemán Jürgen Habermas, secretario del pensador más eminente del Grupo de Frankfurt, Theodoro W Adorno, mundialmente conocido por sus enriquecedoras contribuciones al pensamiento de izquierda, pues su escuela se caracterizó por su énfasis en las cuestiones socioculturales en general, y en las cuestiones socio-psicológicas en particular, hizo a su vez un imprescindible buceo en la metodología de la investigación social con su teoría de la socialización, y nosotros, basándonos en un estudio que hizo sobre ese autor Thomas McCarthy en “La Teoría Crítica de J. H.” nos atreveríamos a concluir que en las circunstancias actuales que vive Cuba, hay que ponerle una especie de fijador externo a la identidad individual, como la que ideó el Doctor Álvarez Cambras para corregir defectos constitucionales de los huesos, pues el desarrollo afectivo y motivacional de la personalidad del cubano común, en un número elevado de casos, está deformado patológicamente.

“Llamamos identidad a la estructura simbólica que permite a un sistema de personalidad asegurar la continuidad y consistencia en el cambio de sus circunstancias biográficas, y a través de sus diversas posiciones en el espacio social. Una persona afirma su identidad simultáneamente para sí y frente a los otros[ pero ] al distinguirse de los otros, también tiene que ser reconocido por esos otros” [ La Teoría Crítica de Habermas” p. 394 Th. Mc. Editorial Tecnós . Barcelona ]

No podemos ignorar que en nuestro medio tenemos una gran dificultad para que suceda eso. Me parece, por tanto, que es del máximo interés del Gobierno observar que la apropiación que se basa en expectativas intersubjetivamente reconocidas y estables en el tiempo no sean vulneradas. Toda vez que la reproducción de la sociedad se basa en la reproducción de miembros competentes de la sociedad, si seguimos permitiendo estos desarrollos impunes de abusos familiares, sin aplicarles una medida preventiva, vamos a terminar por eliminar la posibilidad expedita de la formación de una identidad del Yo por detrás de todos los roles convencionales, virtud que representa una instancia de salvación de la Patria en tiempos de crisis, ya que es un beneficio para el país el hecho de que un hombre de mérito pueda estabilizar esas condiciones excepcionales solamente mediante la capacidad abstracta de presentarse en cualquier situación como alguien que es capaz de satisfacer exigencias de consistencia, incluso ante expectativas de rol incompatible, y a lo largo de una secuencia biográfica de sistema de roles contradictorios.

A mi entender, como profetas de la correcta organización socialista de la sociedad, los pensadores del Círculo de Frankfurt pusieron un gran desvelo en dar una posible solución a uno de los problemas sociales de índole cultural que más nos golpean actualmente: la imposibilidad de salir del circulo de fuego de eso que se llaman “normas obligatorias u orientaciones de valor institucionalizadas”, también conocidas como “roles sociales”. Eso nos priva de una ayuda poderosa de resolución de problemas al interior de la sociedad. Se le debe dar un margen de acción a las cualificaciones de rol. Algo que ignora irónicamente la teoría convencional de la socialización es la ontogénesis de las cualificaciones básicas para la acción social o conducta de rol. “Desde la perspectiva de la teoría del rol, las cuestiones relativas a la ontogénesis se han tratado primariamente en terminos de adquisición de contenidos culturales, y no en términos de desarrollo de competencias universales” [ Ob. Cit. p 388 ] Tenemos que recuperar la tarea de reconstrucción de competencias en la creación de paradigmas que asocien el análisis formal de las estructuras conscientes con el análisis causal de procesos observables en el individuo y en la sociedad. Oigamos a Habermas, y a su exégeta, para cerciorarnos de que la salida que propone a nuestros problemas socio-culturales puede ser el vademécum de cualquier juicioso guardián de una colectividad socialista:

Las expectativas intersubjetivamente reconocidas y estables en el tiempo no deben ser vulneradas

“El individuo ha de ser capaz de mantener su identidad tanto en la dimensión vertical de su biografía, es decir, en su tránsito por los diversos estadíos, a menudo contrarios de su vida, como en la dimensión horizontal, es decir, en la simultánea reacción frente a estructuras de expectativas con frecuencia incompatibles entre sí”[ Ob.cit. p. 394 ] ¿Qué sugiere Habermas para enmendar ese quiebre en el interaccionismo simbólico que padecen nuestros agentes sociales? Pues sugiere subsanar las incongruencias entre las normas obligatorias ( roles sociales ), y las motivaciones efectivas de sujetos que en posiciones cúspides de la administración, prefieren, sin embargo, subrayar la importancia del distanciamiento respecto al rol, disimulando su incompetencia interactiva. Obsérvese el énfasis que pone este filósofo en la individualización posible:

“La medida en que la formación discursiva de la voluntad colectiva puede convertirse en principio organizativo de una sociedad sin sobrecargar el sistema de personalidad, y sin que se produzcan choques irresolubles con los imperativos funcionales que compiten con ese principio, es una cuestión abierta. Y lo mismo se podría decir de las formas en que ese principio podría institucionalizarse, ya que la respuesta correcta a esta situación varía con la situación histórica, y con las restricciones que esa situación impone a la democratización” [ Ob. Cit. p. 384 ]

“Por consiguiente—dice ese estudioso de Habermas—la democracia en tanto principio de ordenación política, no particulariza a priori, ningún tipo específico de organización (por ejemplo, un sistema de soviets) como el correcto. Ni tampoco excluye a priori ninguna organización que implique representación, delegación, etc. La cuestión es más bien encontrar en cada conjunto concreto de circunstancias mecanismos institucionales que justifiquen la presunción de que las decisiones políticas básicas contarían con el acuerdo de todos los afectados por ellas si pudieran participar sin restricciones en una formación discursiva de la voluntad colectiva”[ Ob. Cit. p. 384 ]

Mi tesis es, en fin, que hay muchas bajas pasiones inter-familiares, que patrocinan gente poderosa dentro de la política familiar, que necesitan un “pare”, y sobre quienes debemos influir, y hay que trabajar en eso, tratando de limpiar con niveles de ontogénesis del Yo ( niveles admisibles de conocimiento, de habla, y de interacción ) que sean posibles, esos ciscos que se esconden muy bien pero ensucian subrepticiamente toda la sociedad.

No le costaría mucho al C.A.P. orientar una dramatización televisiva de diez o quince minutos, transmitida dos o tres veces a la semana, que refleje la preocupación social por ese problema, como hace el Programa Nacional de Prevención de Drogas.

Raúl Morín Suárez, 26 Noviembre 2020, 2:40 P.M

 


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Chaville (115 noticias)
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