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Candidatura a la Asociación de Pedagogos de Cuba III

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10/07/2020 15:38 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La Identificación Proyectiva patológica es uno de los factores que está cambiando la familia cubana aceleradamente, y con esto pretendo convencer que la teoría de Julia Kristeva sobre la Revuelta, está organicamente imbricada a un nuevo modo de orientar la educación segun mis doctrinas

                                                                                  III          

   “Al Educador se le exige que haga lo que esté en su mano. Una vez lo ha hecho, puede confiar en que su insuficiencia no echará a perder nada, y que lo que él no logre hacer se cumplirá de otra manera.”

               “La Idea del Hombre como fundamento de la Pedagogía” Edith Stein  

 

 

Este concepto mantenido por la práctica psiquiátrica de aquellos casos en que la destrucción viene de dentro del sujeto, debería poner en alerta todas las alarmas en el campo epistémico de la educación porque ciertamente no es ajeno a ella, ya que es en su campo donde se realiza esa catástrofe interna que destruye el espacio físico. Tal vez ese sea uno de los factores de más peso en el hecho de que la familia tradicional esté cambiando aceleradamente, porque busca prosperidad para pocos, costa de la tranquilidad de muchos.

Nuestros ciudadanos no deben dejar de comprender las graves implicaciones que representa en la perturbación de la vida civil de un país la identificación proyectiva patológica, que es uno de los malestares más coercitivos que padece el hombre en la sociedad moderna, que no por ser imperceptible macro socialmente porque se padece mayormente en el claustro del hogar, se le debe de dejar de dar el rango de horror social que merece, puesto que se trata de un control del psiquismo nuestro por otras personas; algo que convierte nuestra vida en una constante posibilidad de intervención policial.

En su brillante trabajo sobre la obra de la gran analista polaca Melanie Klein, Julia Kristeva anotó las principales definiciones de su colega sobre ese tema: “La identificación proyectiva se nos aparece entonces como la proyección de partes propias en un objeto para tomar posesión de él, [ y esto ] puede llevar a que se perciba el objeto como habiendo adquirido las características de la parte del ser proyectada en él… Se comprende entonces que si el objetivo de la identificación proyectiva es desprenderse de la parte indeseable del ser amenazante, porque la ha desintegrado la pulsión de muerte, y esto en beneficio de una inversión de las identidades, lleva a destruir el objeto, a vaciarlo para poseerlo.” [“El Genio Femenino” p 64 J. K. ]

Esta expulsión al exterior de lo que el sujeto rechaza en sí, está indisolublemente unida con la construcción del “objeto interno”; compleja categoría que no en vano le dio renombre a la analista polaca Melanie Klein, porque permite visualizar cómo y a qué responde que la proyección de lo malo se finja parcialmente “bueno”, y cómo comprender la difícil psicología esquizoide que por el hecho de dar, ejerza después un castigo, como demostración de su imposibilidad de cumplir un deseo: el de proteger.

He sido testigo de situaciones en que dos hermanas que viven separadas, que pretenden quererse mucho por testimonios fehacientes de cuidados y preocupación de la que mejor posicionada está en la vida, y que en situación de la pandemia se desvivía por traer a su hermana a su lado para colmarla de atenciones; pero cuando la tenía cerca, de visita en su casa, desaparecían esas grandes demostraciones de amor, y se convertían en referencias a relaciones de autoridad compulsivas, como una forma de recordarle que le debe todos los favores que le hace. Creemos que la evidencia de un amor tan precario se debe a la necesidad de construcción del “objeto interno”. Simplificando a ultranza, se podría considerar esto como esbozo de etnografía informal en los insulsos terrenos que forman los márgenes de la citadina burguesía habanera, y sus duros procesos de socialización urbana, con sistemas de alianzas basados en un común olvido del ser, que nos ofrece el espectáculo de una humanidad separada.

Para el mundo sano, esto implica un movimiento de búsqueda de una falta simbólica, la cual sucede cuando se altera la función normal de la líbido; que siendo la manifestación dinámica de la vida psíquica de la pulsión sexual, la energía claramente diferenciada de la excitación sexual somática, se retira de los objetos exteriores para replegarse, exclusivamente, sobre los objetos interiorizados, fenómeno al cual Julia Kristeva llamó “malestares de Narcisos heridos”[“Al comienzo era el Amor: Psicoanálisis y Fé” p. 46 J.K. Gedisa, Bs. As., 1986 ]; aludiendo a una alteridad de la cual el Yo es sujeto, porque la líbido del Yo encuentra en el Yo, no solo su objeto, sino también su fuente, de forma que se borraría la distinción entre la líbido del Yo y las pulsiones del Yo, que serían entonces, casi la misma cosa. Por eso es necesario ABORDAR POR OTRA VÍA que la práctica directa del psicoanálisis, un cambio de energía en el cual se recupere la psiquis de esa regresión de la líbido a imagos infantiles, que se caracterizan por una agitación pulsional fragmentante y agresiva, porque rompe las instancias de observación vinculadas al Ideal del Yo, y las instancias de observación de sí vinculadas con él en favor de ese otro modo de colocación de la líbido que derrocha mucho menos energía psíquica porque revierte en el objeto interno la más cómoda falsificación del amor a los padres, toda vez que vulnera la organización coherente de los procesos anímicos de la persona, haciendo de su propia consanguinidad un goce de investiduras intercambiables de personalidades benévolas y malévolas; y sobre todo porque esa falsificación significa cuidar como un jardín el daño afectivo que ellos ( o uno de ellos ) instituyeron.

Es necesario abordar por otra vía que la práctica psicoanalítica un cambio de energía en el cual se recupere la psiquis

Me parece absurdo que estas modificaciones anormales del Yo, que pueden llevar a trastornos inducidos en los procesos libidinales, las ignore la educación; máxime en un mundo de avance tecnológico tan acelerado. Enseñar a los jóvenes a buscar el sentido de la conducta en un lugar diferente de donde este se manifiesta, cuando en ese lugar se muestre sin sentido, será una ganancia para la sociedad entera. Ahora bien, el hecho de que ese sentido del ser hallado en el inconsciente, obligue a que ese concepto deba ser entendido a la luz de las ciencias estructurales, no representa suficiente obstáculo ya que el estructuralismo tiene una especial comunicación con la juventud, pues rescata no ya al hombre, sino al Amor, de los antros materialistas en que había caído, ayudando a retomar en estos tiempos cubanos el Himno de Juventud conque Juan Marinello había apostrofado una vez a su pueblo en 1928:

“Parece que es hora ya de que hablemos claro, y echemos por la borda el sambenito de nuestra juventud: ¿Cómo llamarnos pueblo joven, si hemos vivido siglos sin liberación del interés inmediato, sin juventud. «Veinticinco años de República—se está diciendo ahora—y estamos en la cuna». Pero, ¿es que puede tener alguna significación para una sociedad que nació vieja—o que se trasplantó vieja—el cambio político periférico que ha cubierto la mercancía durante 25 años?….¿Qué hemos hecho de Velázquez a acá para ser jóvenes? La juventud—hemos dicho-- es desprendimiento y desinterés. ¿En qué momento los hemos predicado? ¿En qué oportunidad hemos dispuesto una formación espiritual que no vaya encaminada a matar en embrión la fuerza nueva?” [Juan Marinello: “Juventud y Vejez” p. 200, en “Cuba: Cultura” Letras Cubanas, La Habana 1989] Espero que nadie se alarme por esto que voy a decir, pero propongo que, en reconocimiento de la fuerte incidencia que ha tenido a lo largo de más de 60 años múltiples procesos anormales de formación de la personalidad en la población cubana, se comience a impartir a los jóvenes en nuestras escuelas, si bien no de forma directa, al menos de forma relacional, nociones de identificación proyectiva patológica para dar una idea de la inestabilidad de las relaciones e identificaciones del sujeto en esa modalidad del siquismo, y de lo nocivo para las relaciones humanas, donde la propia noción de objeto pierde pertinencia. Se debe hacer hincapié en el proceso mediante el cual, al destruirse el vínculo arcaico del Yo con el Otro, el futuro sujeto se convierte en una dinámica de abyección, en la cual el Otro que se interioriza es un “abyecto”.[abyecto: lo que perturba una entidad, un sistema, un orden, aquello que no respeta los límites. Diccionario de Psicoanálisis.] Sostengo que esta prematura formación es adecuada, a riesgo de parecer extemporánea, por el daño incalculable que está haciendo esta no prevención, que nos indica que hay que adelantarse a esta negativización instrumentada por sujetos psicóticos que operan desde posiciones sociales privilegiadas que solo dejan inermes a aquellas personas que han demostrado su castración, dejándose llevar constantemente hacia el abyecto. Con razón Melanie Klein decía que esta “es una hipótesis que por dolorosa que resulte tienen que meditar las madres” [Ob. Cit. p. 66]

Yo pienso que las edades tempranas de la vida, cuando la racionalidad empieza a ser sustancia granada en el hombre, es el momento más fértil para enseñar a esos jóvenes a identificar la producción repetitiva de los derivados de lo reprimido, no para que nos den una explicación psicopatológica de ellos; sino para que vean el síntoma como un mal que hay que extraer de la sociedad, donde la mejor forma de extirparlo es convirtiéndolo en transferencia super permitida, a través de reedición de la figura del analista en la hija del ( o de la ) sufriente, o en el familiar de mayor ascendente sobre este, antes que se consoliden las complicidades en que se da la dinámica de la represión. El momento capital de la existencia auténtica es la anticipación. Para romper la lógica del capitalismo globalizado, que es responsable de tantos disparates humanos, juzgados por el peso de su desenvolvimiento social, debemos dejar de confiar la meta de los sueños comunitarios a las determinaciones ganadas por el ser objeto, que no se deja percibir por nosotros sino a través de la encarnadura que hace en la construcción de la realidad, para dejar indemne su reino de estulticia. Estamos ante el beso judaico de un cinismo vencedor, que retrograda la idea de lo humano a la teoría husserliana que hacía al hombre el centro de su confluencia histórico-material, y tenemos que entender que esta es una idea desvirtuada del racionalismo, peraltada por el virtuosismo conque se practica hoy en día.

Si para Husserl, que lucubró la zancadilla social del hombre como ser de meros hechos, nada menos que al hombre que plantea el problema antropológico de la fenomenología trascendental, “era un asunto fáctico que no puede servir como fundamento de la filosofía o la lógica” [Marcela Venebra: “La Idea Trascendental del Hombre: Reflexiones antropológicas de “Ideas” de 1913”, p. 6. UNAM, 2015], ¿por qué nuestros hombres de letra patrocinan la paradoja de que “Salvar la Cultura es salvar la Revolución”, cuando ellos saben perfectamente que actúan de conformidad con la Idea Trascendental de lo humano, a partir de una consideración trascendental del cuerpo que mina la cultura por todos lados.?

 

Aunque concebí esta idea sin la ayuda de la gran antropóloga búlgara Julia Kristeva, porque antes de haber escrito estas líneas no conocía su trabajo sobre la revuelta; al leer el trabajo que en su Tesis de Grado dedicó la Licenciada de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Bogotá, Colombia en 2013, Gloria Morales Osorio, me percaté, entonces, que Julia Kristeva y yo, estábamos abordando el mismo tópico por parecidos caminos, de lo íntimo enlazado a la necesidad de la revuelta, de la necesidad de situar la revuelta como una forma de dignidad que no es posible en el Nuevo Orden Mundial; pero que se puede llevar a cabo mediante la transformación del sujeto en un cuerpo patrimonial, condición que debe alcanzar en su lucha o enfrentamiento con el estatuto psíquico de grandes grupos humanos los cuales deben ser inducidos a reelaborar el espacio-tiempo en el cual las formas cotidianas de conocer deben cambiar, desplazarse, y reorganizarse. “La revuelta tiene que ver—dice Julia Kristeva, citada por Gloria Morales—con una forma íntima de revolver el pasado en busca de un conocimiento de lo que somos” [Gloria Morales Osorio: “La Revuelta de lo íntimo en Café Nostalgia de Zoe Valdés”] Yo no creo que a ningún joven que se le plantee como un asunto importante para su vida personal y colectiva el problema de reconstruir la trayectoria general en su familia del empobrecimiento del afecto, pueda menos que atenderla con la mayor seriedad.

 

Con estas generaciones de individuos tan pusilánimes e indolentes que hemos visto crecer acrecentando los peligros contemporáneos, bien podríamos solazarnos con la idea de un emprendimiento pedagógico tan novedoso como imprescindible para eliminar la pugna irresuelta entre dos sentidos de ser tan antinaturalmente apadrinados que diezman los ímpetus rejuvenecedores de esta sociedad, convirtiéndola en un campo de batalla de odios contagiosos, porque les es muy fácil a las subjetividades que perciben a través de una organicidad variable, hacer valer el profundo enriquecimiento del Yo puro que tiene sendas repercusiones en la idea del Yo personal humano; sacando a la palestra opiniones que hacía años no se hubieran atrevido a pronunciar ante esos mismos actores sociales que hoy desprecian, y que hoy no tienen posibles respuestas en ese triunfante escenario, y en momentos en que esa victoria pírrica determina un gran golpe a la integridad ética; poniendo con ello en marcha “el ligero motor de la paranoia”—como le llamaba Barthes a esa situación—(Barthes por Barthes). Y esa invalidación de las posiciones científicas sobre la sociedad, ¿en qué se basan para negarlas?. Pues simplemente en la más socarrona respuesta: “Esa es tu experiencia; pero no la mía, y por tanto, la tuya yo nunca podré sufrirla, por tanto, no existe como algo serio para tener en cuenta. Cada persona tiene su propia versión del mundo”. Por eso Marcela Venebra dice:

“Un estudio de las estructuras constituyentes de la vida animal solo podría partir de hecho, de las condiciones de mi propio cuerpo, a partir de mi propia experiencia puedo intentar acercarme a los horizontes experienciales de subjetividades que perciben a través de una organicidad variable. Tal subjetividad implica el reconocimiento de la subjetividad trascendental animal” [M. V. Ob. Cit. p 8 ]., y aun añade que “afirmar que el Yo puro tiene un cuerpo, no equivale a afirmar que la subjetividad trascendental tiene que ser el hombre”; [M.V. Ob. Cit. p 10 ] porque como la globalización ha afectado la forma de administrar el poder, concebir el cuerpo, y de reproducir la cultura, la economía capitalista neoliberal no solo globaliza y controla la producción de bienes y servicios a nivel mundial; también globaliza el reconocimiento de los hombres sobre la base de la encarnación de la subjetividad trascendental en sus cuerpos, porque le debe no solamente una utilidad práctica, sino el éxito del designio político de evaluar la vida en dependencia de los beneficios personales que le traiga, ya que es políticamente usurpable el derecho del hombre si podemos apreciar una conducta impropia en el suceder ajeno, pues aunque esa misma condena se ajuste al caso propio, este fiscal no lo ve, y se comportará con la mayor indulgencia frente a sí mismo. Aunque esta circunstancia lo invalide como juez social, por sus opiniones se rige la sociedad, que se acuartela en el rechazo radical de la idea del “hombre en falta” que tanto estigmatizó Husserl. Por si no ha quedado claro este concepto de “organicidad variable”, propio del sujeto trascendental, oigamos una breve definición de la antropóloga mexicana Marcela Venebra: “En nuestros Estados-nación el cuerpo del hombre es solo la suma de sus órganos, susceptibles de ser intercambiados como mercancía, y ¿qué derechos puede tener un objeto comercializable?” Solamente a cumplir honestamente con su trabajo, porque el contexto de la utilidad técnico instrumental en el universo de la imagen, le ofrece todas las posibilidades de seguir fingiendo su venia de santo impunemente.

Algún día figurarán estos contenidos en los programas de estudios del último año de la Enseñanza Media, y en los tres años de Pre- Universitario en las escuelas cubanas, en reconocimiento a un problema grave que tiene el país que está dando, como fruto genuino de su árbol, una casta de dirigentes tan embriagados de su importancia, que dicen cosas tan descocadas delante de una representación del pueblo que las aplaude, sin más discernimiento que el de la constitución calcada del molde uterino del desprecio por el “Hombre en falta”. ¿Sigue teniendo sentido una preocupación pedagógica con esta concepción del Hombre?

La identificación proyectiva es uno de los mlestares más coercitivos que padece el hombre en la sociedad moderna

Raúl Morín, 5 de Julio 2020, 5:26 PM  

 

 

 


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