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Cabo Blanco, el pueblo que se aferra al pasado, bendecido por Hemingway

23/08/2016 14:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Cabo Blanco, una caleta de pescadores en Perú, vive de la historia haber sido la única localidad de Sudamérica que albergó al Premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway. Tras haber saboreado el glamour de los ricos y famosos hace seis décadas, hoy parece un pueblo en extinción.

En el verano austral de 1956, el autor de 'El viejo y el mar' vivió ahí un mes, en lo que era entonces la mejor zona de pesca deportiva del mundo, con una obsesiva misión: atrapar un gigantesco merlín para la película que Warner Bros. filmaría sobre su mítico relato en ese lugar en 1958.

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La estadía de Hemingway, que vivía en aquellos años en Cuba, marcó a fuego a esta apacible caleta de medio millar de habitantes, que pugna por no abrazar el olvido impulsando una veta turística que explota hasta el último suspiro todo rastro que dejó el célebre escritor estadounidense.

Cabo Blanco, 1.145 km al norte de Lima, se extiende a lo largo de menos de un kilómetro, como una angosta tripa adherida a la costa, acariciada por el suave batir de las olas del Pacífico que mueren en su pequeño malecón, que lleva el nombre del autor de 'París era una fiesta'.

- Los héroes del puerto -

Dos bustos luce el malecón: el de Hemingway y el de Alfred Glassell, un empresario estadounidense que en 1953 logró el récord mundial de pesca de altura al atrapar un pez espada de 702 kilos frente a las costas de la caleta. Ese récord disparó el interés de Hemingway por Cabo Blanco.

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A la entrada, una fotografía gigante de Glassell junto al pez espada de la proeza y a un capitán de yate es la mejor muestra de que el tiempo se detuvo hace seis décadas. "Récord mundial de pesca de altura, Cabo Blanco 1953, 1.560 libras" se lee sobre la imagen.

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Entre la corrosión que la brisa marina genera en este envejecido pueblo, aparece Máximo Jacinto Fiestas, un pescador de 94 años que integró la tripulación del 'Miss Texas', el yate en el que navegó Hemingway en Perú, que fue restaurado en 2013 y está acoderado en Cabo Blanco, cual pieza de museo.

Fiestas, quien perdió la visión de un ojo hace una década, vive en una pequeña casita rodeado de fotos y recortes de diarios de los años 50, donde se le aprecia con Hemingway en faenas pesqueras. "Lo acompañé en el 'Miss Texas' y me llevó a Miami para ayudarlo en una travesía", dijo a la AFP mostrando los retratos que dan fe de su relato.

Hemingway llegaría a pescar en Cabo Blanco hasta cuatro merlines, el mayor de los cuales pesó más de 300 kilos. Con ellos se retrató en el muelle, evoca Fiestas, que recuerda haber consumido con el escritor mucho "cebiche, chicha y Johnny Walker".

- De club de ricos a escombros -

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Prueba de la época dorada es el Cabo Blanco Fishing Club, que en su momento de esplendor hospedó a Hemingway y su esposa Mary Welsh, y a parte de la crema y nata del Hollywood de entonces, como Marilyn Monroe, Errol Flynn, Spencer Tracy, Paul Newman, James Stewart, Gregory Peck, Mario Moreno 'Cantinflas', entre otros.

El club está hoy en ruinas y abandonado, vandalizado. "Se han llevado hasta piezas de los baños", dijo un pescador de la zona. Hoy, un vigilante privado impide el ingreso.

"Hace 60 años entrevisté a Hemingway en el bar del Fishing Club, donde me recibió con un vaso de whisky y uno de agua en cada mano. Así empezamos y terminamos cuatro días después", evocó a la AFP Mario Saavedra, de 88 años, el único periodista peruano que lo entrevistó en exclusiva en Cabo Blanco, "en un castellano matizado en inglés".

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Saavedra ha puesto en venta estos días los 59 negativos de las fotos que le tomó a Hemingway en Cabo Blanco, parte de las cuales ilustraron un libro que publicó en 2005. El premio Nobel sigue siendo un imán, 55 años después de su suicidio en 1961 en Idaho, Estados Unidos.

La nostalgia de Cabo Blanco da paso al bullicio y gentío cada verano, cuando acuden cientos de surfistas para correr sus famosas olas y tubulares, con iPhones y cámaras sofisticadas. Es el siglo XXI para algunos.

En tanto, la vida sigue para Guillermo Fiestas, pescador cincuentón que diseca pescados y los pinta y vende como recuerdos de lo que hoy queda de Cabo Blanco.


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Autor:
Redacción Sociedad (16575 noticias)
Fuente:
AFP
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