Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Chaville escriba una noticia?

Apostillas a "La Cuestión Psicosomática"de Raúl Courel ( II )

05/02/2021 17:41 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Continúo con la exégesis de la obra de Raúl Courel, mostrando cómo las patologías contemporáneas de la identificación pueden tener una acción decisiva en las enfermedades psicosomáticas

                                 “Apostillas a “La Cuestión Psicosomática” de Raúl Courel” ( II )

He observado en los ojos y en las gesticulaciones de las personas cazurras, retorcidas y vesánicas, el brillo de un disfrute—llamado clínicamente “goce”—cuando llama la atención sobre la comisión de una falta laboral, sin que entre en juego la levedad o la gravedad de la misma para insinuar o declarar la amenaza de un castigo, --esto se queda fuera de las consideraciones del sujeto—porque lo determinante es soldar el vínculo social sin consideraciones a la bondad, como una fuerte coacción a la posibilidad de discurrir sobre acontecimientos orgánicos, ya que esta intercesión del logos sobre lo vital podría escindirse y atentar contra la función imaginaria que desempeña el cuerpo en la constitución de la subjetividad, pues como exactamente dice Raúl Courel, “la imagen corporal ofrece el componente imaginario sobre el que la identificación puede recaer” [ R. Courel: Ob.Cit. p.63 ], y un carácter mandón y super autoritario, no soporta que el conjunto orgánico del mundo físico no sea la fuente de la imagen identificatoria; mucho menos, si tal carácter se informa en una mujer. Entonces cuando vemos uno de estos espectáculos intimidatorios, conque ciertos jefes de “arriba” permiten que sus subordinados utilicen sus cargos con el espurio pretexto de mantener el orden, podemos estar seguros que no es un orden de provechos comunitarios el que se está custodiando, sino todo lo contrario, es un orden anti social el que se está garantizando a través del papel de la imagen en su eventual incidencia sobre el mundo productivo del trabajo, es decir, de su referencia unificada.

Lo que uno no comprende es cómo esta arbitrariedad puede ser procedente para la misma persona que la actúa; y es que dicho proceso de subjetivación debe ser primero puesto en picota, como directiva de un proceso socio económico donde lo simbólico no se consagre a la imagen para que lo real no pueda ser gangrenado por los semblantes mismos salidos de él, antes de ser repudiado como una práctica social deletérea por el individuo, ya que todo ente individual ve en la comodidad óptica de la identificación, no solo un eje automático de su conducta, sino un mandato, pues lo simbólico contemporáneo no puede ni agujerear, ni atravesar la flecha de lo imaginario.

El Otro, a quien la pulsión hace participar introduciéndolo en el sujeto porque le produce goces, lo aliena en el campo del Otro; y paradójicamente no hace mas que enseñar la supeditación de este sujeto a los significantes que lo representan y que obligan a su ser de consistencia “gozante”, a que su propia entidad como ser humano se disuelva y no tenga peso ninguno, porque sus propias opciones subjetivas provienen enteramente de los significantes del Otro. Pero lo que funciona como incentivo del goce no es el perfil sexual de la persona atacada en su equilibrio por este impugnador ( a ) de su conducta, porque el goce es asexuado y auto erótico, sino la admiración por la valentía de no afirmarse plenamente en el significante para garantizar su goce; en otras palabras: por el corte del deseo que puede hacer en la manifestación orgánica de una necesidad dentro de un ciclo de necesidades interrumpidas. Por ello agrega ese plus de percance para debatirlo en un cerco de claudicación del hombre.

Aquí es menester hacer una breve exploración sociológica en la experiencia femenina del amor en la época contemporánea, porque estas se atraviesan como un inmenso muro de granito en el camino del intento de restablecer el Todo, de construir comunidades suficientemente estables para enfrentar el goce del sujeto. Goce que debemos entender como el estado de satisfacción que disfruta el enfermo ante el síntoma.

De la mujer, decía Martí: “la mejor, juega el alma de Shakespeare contra un bigote rubio.” Esta sabiduría Lacán no la interpreta, sino la expresa de otra forma: “La mujer, no toda es”. Cuando Lacán lanzó en su Seminario 20 su famosa frase, estaba queriendo decir algo muy semejante a lo que dijo Martí. Ambos se refirieron a la oscuridad de la naturaleza de la mujer, a los goces no fálicos de la mujer. ¿Cómo esto afecta la sexualidad de la mujer?. Como bien dice Courel: “Lacán avanzó en la idea de que la sexualidad excede el terreno que el significante fálico es capaz de delimitar, llegando a concebir la existencia de goces no fálicos” [ Raúl Courel : “La Cuestión Psicosomática” p 83 ] “Es necesario tener en cuenta—como dice Courel—que el goce fálico es un goce que involucra al significante, siendo por eso un goce fuera del cuerpo”[ Ob.Cit. p. 83 ], o sea que escapa a la voluptuosidad material del cuerpo y de sus atributos. Entonces su opuesto nos está indicando por qué decía Lacán que solo hay mujer excluída de la naturaleza de las cosas, que es la de las palabras, porque ese goce “no fálico” inaugura la sospecha de que esta defenestra a los “almistas”, en aras de un encuentro cada vez más desnudo y exhaustivo con lo real con todo lo que tiene de prosaico y de hostil. Por ello la rivalidad entre hombres y mujeres se refiere a un goce más allá del falo, más allá del mundo de lo simbólico. “Las mujeres no existen”, decía Lacán, y se enfadaba de esa comprensión literal de su teoría, según nos explica la Errázuriz en su trabajo “Misoginia Romántica. Psicoanálisis y Subjetividad Femenina.” En la enigmática frase de su Seminario 20, “no hay la mujer”—nos dice también esa profesora española, interpretando a Lacán--, no se está refiriendo a que las mujeres no existan, sino que el universal de la mujer no se puede considerar como tal”, y agrega: “la mujer no toda es, quiere decir que la mujer también está bajo la primacía del falo” [ Pilar Errázuriz, Ob. Cit. p 291 ]

Nos preguntamos entonces: ¿por qué no se coloca la mujer en función del falo? Respondemos: No porque sea una actitud de disposición a reconocer la primacía de la Ley del Padre, sino porque está dentro de esa ley la vocación cultivada a deconstruir los discursos humanistas que incumben a esa ley, que lejos de anularla frente al hombre, le da una invalorable participación en su vida; posibilidad que hubiera contribuído enormemente—como dice Lacán –a reinsertar la vida del hombre en el Todo:

“La mujer tiene un goce suplementario (el acto sexual) con respecto al que se designa en la función fálica”, y añade Lacán—“Notarán que dije “suplementario”. ¡Dónde estaríamos si hubiese dicho complementario! Hubiésemos ido a parar otra vez al Todo. El orgasmo vaginal ha mantenido inviolada la oscuridad de su naturaleza” [ P. Errázuriz: Ob. Cit. p. 292 ]    

El que hable a la mujer en nombre del Otro que no existe, se sitúa ante un pelotón de fusilamiento simbólico

Martí decía: “No hay batalla entre Civilización y Barbarie, sino entre falsa erudición y Naturaleza” [“Nuestra América”, 1891 ] lo cual en principio, no es una batalla real, me parece, pues la falsa erudición adula la separación mente-cuerpo con la veleidosa intención de cultivar una concepción del deseo que lo vuelve irreductible al pensamiento, y que no le deja a la naturaleza más que una función de nostalgia por los grandes designios de las realizaciones humanas. Creo que solo es batalla desde el punto de vista que ese problema pone los instintos y las necesidades del hombre fuera de juego.

Por muy normal que nos parezca hoy la ascensión al cénit social del objeto “a”, ello da la medida de lo descaminada que tiene que andar una sociedad para que ello se produzca, ya que en un medio donde eso sea posible la desfachatez, la mentira, la corrupción y el peculado tienen que haber alcanzado niveles inauditos. En efecto: “las tentativas de reconstruir según un modelo sectario Otro consistente, terminaron en un desastre”—como nos dice Jacques Alain Miller en su libro “El Otro que no existe y sus comités de ética” [ p. 46, Editorial Paidós, 2005 ]. La secta no se asimila al modelo de la Iglesia, y si lo hace, pulveriza el contexto donde se halla.

El verdadero valor del significante amo, hecho a base de identificaciones con fundamento en el registro imaginario, no es ni siquiera un significante capaz de sustituir al sujeto tachado, porque es meramente una inmensa caja de resonancia de sueños cumplidos muy lejos de cualquier posibilidad productiva del hombre, donde se percute y suena hueca la metáfora paterna, porque en verdad a este sujeto no le interesa la renovación de la población suficientemente importante, lo que le interesa es incentivar como fuente del yo el ideal de empoderamiento del sujeto egoísta que sea poco menos que insensible al ejercicio de la virtud de generosidad, para consolidar la idea de que el Otro no existe. Aunque no se acepte oficialmente, es real lo que apunta Miller: “Para quienes los profesan, los verdaderos Derechos del Hombre hoy son los derechos al plus de goce” [ Ob. Cit. p. 79]

El que le hable a la mujer en nombre del Otro que no existe, así sea un discurso amoroso, se sitúa delante de un pelotón de fusilamiento simbólico, porque ella está prestándole servicio al significante amo, aun cuando no se lo haya planteado, desde el momento en que está aceptando en la relación amorosa o en la que sea, que ella es la aguja percutora del objeto de deseo que nos es dado de manera originaria, y que está unida a una comunidad que hace lo mismo cuando el Otro voló en pedazos, --como dice Miller, atrincherándose en el campo afectivo del objeto “a”, aunque padezca incurable insuficiencia de ser, aunque despierte en todas partes el desgano sexual, social y cultural, y aunque ame lo que representa La Habana para su amante difunto, una ciudad de muertos vivos “importantes”, que no se interesan como ella en los trágicos sucesos del hombre y de su vida; por lo cual se entiende que no puedan tener como vector del deseo objeto que lo colme o lo satisfaga, modelo este que surgió del malévolo invento del cambio epocal que diferencia la época contemporánea de la subjetividad moderna con la eclosión de la cuestión femenina, que con gran acierto Jacques Alain Miller descubrió “que se abre paso desde hace tiempo en las profundidades del gusto”, y al que sin duda “vela los ideales rigoristas de la moral victoriana” [ Ob.Cit. p. 84 ] ; pero como precauciones para no caer en los verdaderos estímulos de la sobrevida es que solo se adhieren a discursos que anuncian como finalidad refrenar el goce, y que de distintos modos sancionan las transgresiones, porque lo verdaderamente capitular de la vida de estos seres es su realidad de cuerpo fragmentado por ese Poder que estipula el deseo como carencia de objeto real, y que solo admite como dice la doctora Rita Canto Vergara citando a Deleuze y Guatari: “el resultado de la relación de las máquinas deseantes con el cuerpo sin órganos”—lo que yo llamo “muerto-vivo”--.[Rita Canto Vergara: “Filosofía y Psicopatología: Una aproximación crítica a los procesos enfermizos en la actualidad” p. 142 Universidad de Granada, 2015 ]

Fue un gran acierto de la doctora mexicana, eminentísima, ver esta relación como una paranoia, “un mecanismo de control, un acto de persecución que responde a lo insoportable de la relación al interior del proceso de producción entre máquinas deseantes y los cuerpos sin órganos.” [ Ob.Cit. p. 143 ]Interpretando a ese binomio de pensadores que son Deleuze y Guatari, yo entiendo el deseo como productor de realidades de una forma compatible con ellos, y me atrevería a decir que, cuando ellos dicen “de ahí se desprende lo real [porque] es el resultado de síntesis pasiva del deseo como autoproducción del inconsciente”[ R.C.V. Ob.Cit. p. 144 ], lo están considerando también como un magnetismo que produce la necesidad como derivada del deseo de actos conversacionales en que se noveliza o ameniza un poco la vía para acceder al trauma, tan grato hoy a pocas oyentes.

Para no salirnos de nuestro tópico de lo psicosomático, retomemos el hilo de nuestra investigación explicando cómo y por qué le sobrevino ese dolor abdominal a la figura femenina de la jefa de grupo en análisis, y que pensamos que fue debido a la confusión del deseo con la pulsión, pensando que el motor que mueve el deseo es la carencia en ser. Recordemos la definición tan hermosa como exacta que nos da Miller de la pulsión freudiana: “es esencialmente plástica, --nos dice—se transforma, se desplaza, es capaz de sustituciones inesperadas, de conexiones inéditas, está sujeta a metáforas y metonimias, y por eso se la puede descubrir presente, actuante, donde desde hace mucho tiempo los instintos y las necesidades están fuera de juego. Se la puede descubrir, precisamente, --y es lo que hace Freud—allí donde hay idealizaciones y sublimación, el lugar mismo de valores tanto éticos como estéticos.”[ “El Otro que no existe y sus comités de ética” p. 82, Jacques Alain Miller y Eric Laurent, Editorial Paidós. 1era Edición. Bs. As., 2005 ].

“Hay una multitud de trastornos orgánicos sobre los que se atribuye intervención de lo simbólico, y que aun cuando no se descarte la posibilidad de que posean sentido, no resultan fácilmente interpretables. Es prudente estudiar con detenimiento todas las posibilidades de que un trastorno orgánico, no interpretable al modo de una metáfora no carezca de sentido. El sentido del síntoma será finalmente el del deseo.”—nos dice Raúl Courel [“La Cuestión Psicosomática” p 81 ] Notemos que cuando se afirma que los casos psicosomáticos no se dejan reconocer como efectos de lenguaje, se pretende sostener que no son subjetivables—como nos dice el investigador argentino--[ p.81 ], esto es, que no involucran al sujeto; pero sin embargo, nosotros hemos encontrado una analogía con el fantasma que ronda a la paciente-jefa de grupo, donde podemos situar una dialéctica entre el privilegio que disfrutaba ella sola en su grupo de trabajadores de permitírsele la compra de una ración más de comida, y la acción alienante en la cual el sujeto permanecía atrapado en los significantes del Otro, porque hay entre ellos una equivalencia fantasmática –como invención del inconsciente--, entre la prohibición de comprar ese plato de más que ella se come, y que deseaban todos sus agentes tener ese privilegio, y la negación a reconocer la arbitrariedad de sus regaños, sumándose a la otra negación de ella a recibir el tesoro de ideas que le ofrecía precisamente aquel agente a quien ella despreciaba las lecciones de vida. Ese plus de alimentación se convierte, ipso facto, en un significante que representa al sujeto y por eso se establece la equivalencia mencionada con el producto de una identificación en el plano imaginario. Pero también ese “plus” se procesa al margen de cualquier orden de pensamientos articulados, igual que las admoniciones alocadas que ella repartía entre sus hombres. Mi final dictamen—que, por supuesto, no comuniqué a nadie—fue que dicha paciente salió para el hospital esa tarde con una colitis especial llamada “colon irritable”, y que fue expresión del trastorno provocado en el organismo por el significante.

Las fallas epistemo-somáticas se producen en el dualismo psico-físico mente-cuerpo, que desconoce el eslabón intermedio del inconsciente psíquico, donde el sujeto cree que el sistema de la lengua no juega ni determina ninguna función en los órganos del cuerpo, y por tanto también afirma que las intervenciones sobre el cuerpo enfermo todas son privativas del médico, no dándole ningún crédito al psicoanalista, que actúa sobre lo real del síntoma desde lo simbólico. A partir de que la persona empieza a practicar una reducción de la significación de otro hombre operada por el deseo, desencadena en su organismo disfunciones fisiológicas de las cuales son copartícipes o responsables la incorporación exclusiva del campo imaginario en el organismo biológico, pues lo psicosomático mantiene un poderoso arraigo en lo imaginario pues la función de la imagen conduce a una clara separación entre el cuerpo y el organismo. Finalmente su dolor en el bajo vientre lo interpreto como una protesta inconsciente de lo que ha convertido en desechos el cuerpo, no el organismo, pues el colon sigmoide, donde se localiza hipotéticamente el dolor, se ocupa de la parte final que empieza el intestino delgado: la absorción de los nutrientes, y es el que forma las heces fecales. Tal vez el dolor, en tanto respuesta fisiológica del inconsciente, se manifestó también en tanto vivencia de deseo paranoico, como afirma Rita Canto [ R. C. V. Ob. Cit. p 47 ], como respuesta a la equivocación del cuerpo que en esa actitud estaba manifestándose como voluntad que afirma el Poder, y al orden establecido, siendo ella una muer raigalmente enemiga de ambos.

Es menester hacer una breve exploración sociológica en la experiencia femenina del Amor

Raúl Morín Suárez, 5 Febrero 2021, 1:32 P.M


Sobre esta noticia

Autor:
Chaville (115 noticias)
Visitas:
361
Tipo:
Nota de prensa
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.