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Un viaje a África lleno de municiones negativas hacia la caza de los animales " salvajes"

24/07/2017 04:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) demostró que actualmente, se extinguen dos especies de vertebrados por año y el 41% de los anfibios y el 26% de los mamíferos se hallan en situación de una posible extinción

África pierde más de la mitad de su fauna protegida. El planeta Tierra no se había enfrentado a una era de extinción masiva, -como la que estamos viendo ahora-, desde que los dinosaurios desaparecieron hace 66 millones de años.

Un reciente estudio de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) demostró que actualmente, se extinguen dos especies de vertebrados por año y que el 41% de todas las especies de anfibios y el 26% de todos los mamíferos se ven asediados por el fantasma de una posible extinción.

Esta escena de cataclismo global está generada por la pérdida de los hábitats, la excesiva explotación de recursos naturales, los organismos invasivos, la contaminación, la toxificación y el cambio climático. Y también por el hombre, los furtivos y los safaris. Todo lo anterior es responsabilidad nuestra.

Según el estudio publicado en la revista especializada PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences) que detalló que cerca del 50% de los animales que ha pisado alguna vez la Tierra están extintos. También concluyó que más del 30% de las especies de vertebrados está en proceso de disminución de sus poblaciones en tamaño y rango y que de los 177 mamíferos monitoreados para la investigación, todos han perdido cerca del 30% o más de sus hábitats naturales, una pérdida que asciende al 80% en cuatro de cada 10 especies. Los empujamos hacia la extinción.

Los mamíferos del sur y sudeste de Asia, donde todas las especies estudiadas han perdido más del 80% de sus rangos geográficos, son los más afectados. “Es un preludio a la desaparición de muchas más especies y al declive de los sistemas naturales que hacen posible la civilización”, se lamentan los estudiosos en el tema.

Además, las pérdidas de poblaciones nos privan de servicios naturales como la polinización de las abejas, el control de plagas por parte de depredadores, la purificación de humedales…, entre otros. También se pierden redes de animales, plantas y microorganismos que son parte de delicados balances en ecosistemas frágiles y cruciales para el medio ambiente. Y que pueden servir a la ciencia para la fabricación de remedios para la salud.

Una investigación publicada en Science Advances asegura que la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales (UICN) habría venido subestimando el real peligro de extinción que atraviesan una serie de especies animales alrededor del mundo. Para elaborar estrategias de conservación eficientes, los investigadores piden repetir las observaciones. La versión del 2014 de la Lista Roja de la UICN consigna 4.574 especies en peligro crítico. El 59% de los mamíferos de las reservas naturales ha desaparecido.

La fauna de las grandes reservas africanas las está extinguiendo a pesar de la teórica protección oficial. Desde 1970 hasta 2015, las reservas naturales africanas han perdido el 68% de sus grandes mamíferos, que incluye especies emblemáticas de ese continente como leones, búfalos, elefantes y muchas especies de antílopes. Ese es el resultado de un estudio que ha analizado el estado de 69 especies en 78 reservas naturales y que publica Biological Conservation.

"Nuestro estudio es el más completo que se ha realizado hasta la fecha en los parques africanos", explica Ian Craigie, zoólogo de la Universidad de Cambridge (Inglaterra) y uno de los autores del trabajo. El estudio, en el que también han participado expertos del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), alerta de que el ritmo de desaparición puede convertir en papel mojado los objetivos de la Convención de Diversidad Biológica firmada en 2002, y en la que 188 países se comprometieron a frenar la pérdida de especies para 2010.

Las “Reservas” son totalmente inservibles y parecen más bien cotos para las mafias africano-europeas.

El año pasado, un estudio en Kenia ya puso en el disparadero a los parques nacionales y demás reservas naturales de algunos países. En concreto, denunciaba que jirafas, elefantes, impalas y muchos otros mamíferos están desapareciendo fuera de las reservas y a menor ritmo, dentro. Entre 1977 y 1997, murió el 40% de los mamíferos que viven en ese país.

Actualmente, por la acción de depredadores, el cambio climático y las propias acciones destructivas, y también de caza, practicadas por el hombre, existen especies animales que se encuentran en peligro de extinción en la Tierra. Es por este motivo que se hace necesario proteger tanto a estas especies animales como a sus hábitats naturales para asegurar y preservar su supervivencia y la biodiversidad de su entorno y del planeta en general.

África es un continente con una riqueza natural increíble y una diversidad en flora y fauna irrepetible. Algunas de las más conocidas especies animales protegidas por encontrarse en peligro de extinción, se encuentran en esta zona del planeta. Asia está algo peor, pero eso no es un consuelo. El observar estos ejemplares de cerca, en su propio hábitat salvaje, se considera todo un lujo y privilegio. Es posible que, de no estar controlada su población y de no aplicar medidas de protección ante su amenaza, algunas de estas especies no existiría en este momento, por lo que disfrutar del espectáculo de verlas vivir en libertad en medio de la naturaleza es una experiencia irrepetible que muchos amantes de los animales persiguen.

Pero, ¿cuáles son las especies protegidas y más interesantes a la hora de decidir qué ver en África?. ¿Dónde habitan?. Seis de sus especies protegidas, calificadas como tal (en mayor o menor nivel de riesgo) según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ordenadas por su estado de conservación son:

-Los Gorilas de montaña, que están en peligro crítico. Esta es una de las especies de grandes simios de mayor corpulencia, pelaje y resistencia a bajas temperaturas. Existen dos poblaciones ubicadas en las montañas de Virunga en Uganda y la selva de Bwindi en Ruanda. Actualmente quedan menos de 700 ejemplares, repartidos en distintos grupos o familias. Se teme que terminará por extinguirse debido a otros factores como conflictos bélicos, la destrucción de las selvas de alta montaña donde viven o la caza furtiva.

-El Rinoceronte negro, es otro gran mamífero en peligro crítico de conservación. La caza ha sido uno de los principales factores determinantes a la hora de exponer a esta especie a un grave peligro de extinción. A pesar de su protección, que ha conseguido aumentar su población en los últimos años, la caza furtiva sigue siendo su mayor amenaza. Puede encontrarse en reservas y parques en Kenia, Tanzania, Namibia, Sudáfrica, Zambia y Zimbabwe. El maldito corte de su cuerno por furtivos es una maldición.

-El Chimpancé del este, está bien protegido. Esta subespecie del chimpancé común, que habita zonas del África Central, se encuentra también en peligro de extinción según la UICN. Al igual que en casi todas las especies, la destrucción del hábitat y la caza son sus grandes amenazas. No obstante, se pueden observar en reservas naturales bien protegidas y parques nacionales como son los Montes Rwenzori, Kibale y la Selva de Bwindi en Uganda.

-El Elefante africano, aunque no se encuentra en un grave peligro, la conservación de los elefantes africanos siempre se considera un trabajo peligroso y la especie sigue amenazada y vulnerable. Este es el mamífero terrestre más grande del planeta, muy perseguido y cazado para conseguir el preciado marfil de sus colmillos. Es por ello que tanto la caza, como el tráfico de marfil han quedado prohibidos (más de 10.000 euros de multa por cazar un elefante), aunque siguen llevándose a cabo de manera furtiva y clandestina, lo que sigue representado una seria amenaza a su supervivencia. Y una burla para la gente de a pie. Las principales poblaciones de estos paquidermos se ubican en Bostwana, Tanzania, Kenia, Zimbabwe o Mozambique.

-El Guepardo, es muy vulnerable. Este felino depredador también se encuentra en peligro y es muy vulnerable. Las dificultades que encuentra a la hora de apresar comida y la caza del hombre son los principales problemas a los que se enfrenta el guepardo, o chita, en cuanto a su supervivencia. Se encuentra principalmente en áreas del cono sur y el este africano, como Botswana, Namibia, Zambia y Zimbabwe, Tanzania o Kenia.

-El León sudafricano, es una de las subespecies de leones de mayor tamaño y corpulencia, con un pelaje más claro y la posibilidad (aunque poco común) de ser albinos. Se encuentran en zonas de Sudáfrica, Zimbabwe o Mozambique y, aunque no corren un grave peligro de extinción, sí que están considerados como ejemplares en riesgo y amenazados. Pero también guardados dentro de las posibilidades.

Sin duda, el poder disfrutar de la vista y de la presencia de estos animales es una de las mejores experiencias y atracciones de África. A pesar del grave peligro que corren algunas de estas especies, se espera que su protección en la actualidad y los próximos años sea eficaz y se mantenga para preservar estas joyas de la naturaleza.

El biólogo de la Universidad de California (EEUU) David Western, director del estudio, apuntaba a la caza ilegal, al empobrecimiento de la población local de las reservas y a la corrupción de muchos gobiernos, como los mayores responsables del declive, muchos de ellos capitalistas europeos que se sirven de los grandes cotos para vivir tranquilamente en Ibiza o en la Costa Azul.

Los autores del último estudio coinciden totalmente con David Western. De todas las reservas analizadas, las que más fauna han perdido son las que menos presupuesto y personal tienen para vigilar a cazadores furtivos. El trabajo incluye zonas protegidas de 15 países entre las que se encuentran las de más renombre, como el Parque Nacional Kruger de Suráfrica o el cráter del Ngorongoro, de Tanzania, uno de los mayores refugios de especies únicas en el mundo. Un 29% de las especies estudiadas están amenazadas, según la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN).

Los analistas de los datos de trabajos anteriores, así como recuentos de fauna de los propios parques, avalan estas observaciones. En algunos casos la información ha tenido que ser obtenida bajo condición de anonimato por miedo a represalias, explican los investigadores. Aunque los datos registran un declive general, determinadas regiones salen mejor paradas que otras y el fenómeno con mayor o menor intensidad subsiste.

Las reservas que más fauna han perdido son las de África Occidental, representada por países como Guinea Ecuatorial, Costa de Marfil y Senegal. Entre las especies en declive en estos países se encuentran el jabalí verrugoso, el búfalo cafre y el rinoceronte negro, además de muchos antílopes. También pierden grandes mamíferos los parques de África Oriental, donde el 58% han desaparecido. En este grupo se encuentran míticas reservas naturales como Masai Mara en Kenia, el parque del Serengueti, en Tanzania, o el Parque Nacional de Kibale, en Uganda.

La única región donde la población de grandes mamíferos ha crecido es el sur del continente, representado por reservas en países como Suráfrica, Namibia o Lesotho. En estos países las reservas están mejor subvencionadas y su existencia depende de la salud de sus poblaciones de leones, elefantes y otros animales que atraen a cientos de miles de turistas cada año.

Los safaris en lugares exóticos de África tienen un aliciente para los cazadores que se lo puedan permitir, millonarios de la lista Forbes, miembros de casas reales, políticos y comerciantes prósperos. En territorio africano se puede dar caza a grandes predadores como el león, la jirafa, el tigre… El viaje a África, bien acompañado supone un aliciente extra para los españoles que disponen de entre 36.240 y 72.497 euros —según las agencias de viajes consultadas, que abundan— para gastarse en un viaje de varias semanas y que tiene por objeto seguir el rastro, con ayuda de un guía de la región o un veterano cazador retirado, abatir al animal elegido y llevárselo como trofeo, bien disecado y enmarcado para la casa o el club, es un lujo caro. Hay que tener dinero, saber disparar y buena vista. Y afición aunque no todos los que van de safari la tienen. El safari es un ascenso en la escala social.

España es el mayor importador de trofeos de caza de leones de toda la Unión Europea (alrededor de medio millar en los últimos cinco años), según los datos del convenio Cites, superando ampliamente a Francia, Reino Unido e incluso Rusia. La muerte de Cecil el león insignia de Zimbabue ha vuelto a levantar la polémica que rodea cada cierto tiempo a los cazadores. Al principio se dijo que un hombre de nacionalidad española era el autor de lo que se ha transformado en una tragedia nacional. Pero el autor no era español sino norteamericano.

África el continente más rico se ve empobrecido día a día por la desidia y el egoísmo del hombre

Walter Palmer, oriundo de Minnesota (EE.UU.), en un comunicado aseguró que cazó al león Cecil ayudado de guías profesionales que le dijeron que contaba con todos los permisos. Fue acusado por grupos ecologistas de haber pagado 50.000 dólares para matar al mítico león.

Palmer lamentó en un comunicado la muerte del popular león y aseguró que no supo de su identidad hasta el final de la cacería.

Zimbabue, al igual que otros países africanos, está luchando para frenar la caza ilegal y la caza furtiva que amenaza a algunas especies en extinción.De acuerdo con la portavoz de la policía zimbabuense Charity Charamba, el autor se enfrenta a cargos de caza furtiva. "Hemos arrestado dos personas y ahora estamos buscando a Palmer en conexión con el mismo caso", dijo Charamba.

En Harare, Theo Bronkhorst, el cazador local acusado de ayudar a Palmer a matar al león Cecil, se declaró inocente de los cargos de asistir en una operación de caza furtiva. Bronkhorst pagó una fianza equivalente a 1.000 dólares y fue dejado en libertad, pendiente del inicio del juicio que estaba ya programado para antes.

"Me basé en la experiencia de mis guías profesionales locales para garantizar una caza legal", dijo en un comunicado. Palmer indicó que no ha sido contactado por las autoridades de Zimbabue ni de Estados Unidos pero se mostró dispuesto a "ayudarles en cualquier petición que puedan tener".

"Lamento profundamente que la práctica de una actividad que amo y que practico responsablemente y de forma legal haya acabado con la muerte de este león".

En el 2009 Palmer fue entrevistado por The New York Times sobre la caza de un alce, cuyo caso fue utilizado para aspirar a un libro de récords de cazadores con arco y flecha. Ya entonces era un cazador polémico que se encontraba en ese momento bajo observación de las autoridades, después de mentir sobre la ubicación de un oso negro que mató en en el estado de Wisconsin en el 2006. Se sospechaba que lo había hecho en una zona de protección de los animales.

Su consulta odontológica estuvo cerrada y su página web y su cuenta en Facebook fueron retiradas tras recibir numerosas críticas e insultos.

El animal, de 13 años, fue herido con una flecha para sedarlo y atraerlo fuera de la zona de protección del parque con una carnada, pero huyó.

Tras 40 horas de búsqueda Cecil fue encontrado por los cazadores, quienes le dispararon. Posteriormente le quitaron la piel y le cortaron la cabeza como trofeos de caza.

Al matar a Cecil no sólo se acaba con el líder de una manada conformada por tres hembras y sus descendientes, sino también con la mitad de su familia, porque su descendencia no sobrevivirá a la llegada de un nuevo macho.

Zimbabue es, junto a Sudáfrica, Botsuana, Namibia y Tanzania, uno de los destinos preferidos por las empresas de viajes que organizan safaris en África. Cada país del continente tiene su propia normativa, pero Kenia, que tiene totalmente prohibida la caza, y Sudáfrica, que cría específicamente a animales en cautiverio para soltarlos ante los cazadores -caza enlatada- (antes se llamaba poner al animal para abatirlo “como a FernandoVII”). Ambas maneras representan polos opuestos de los mismos estilos de matar.

"En los últimos 10 años, los viajes a África han disminuido notablemente porque son de los más caros", asegura el dueño de una empresa que organiza safaris por todo el mundo. "Ahora el destino que está en alza es Europa central, donde se pueden cazar especies similares a las españolas, pero de mayor tamaño".

Desde las diferentes empresas de viajes contactadas aseguran que el perfil del cliente tipo ha variado en los últimos años. Se ha pasado de un varón de 40 años de clase media a hombres que rondan los 50 y que tienen un elevado poder adquisitivo. Viajan en grupos pequeños, en ocasiones también van mujeres. Cualquiera no puede pagarse un viaje a Zimbabue.

Los safaris organizados desde España varían en función del número de días de alojamiento y los tipos de animales que se pretendan cazar, según las agencias que los organizan. Pero pueden ir de los 3.600 euros de una semana en África a los 54.200 que costaría estar 21 días. A ello hay que añadirle los vuelos. Los precios varían en gran medida en función de la tase de abate -coste que hay que abonar por animal abatido-. De este modo, un león oscila entre los 45.300 y los 72.497 euros con alojamiento incluido.

Después está la cuestión de introducir al animal disecado de vuelta a España. Ahí entra a actuar el convenio Cites, que regula el comercio de especies protegidas. Los cinco grandes, como se les conoce en el mundillo, son las piezas de más caché: el león, el elefante, el rinoceronte, el leopardo y el búfalo. "La caza es una actividad muy regulada. No se puede cazar un león y meterlo en España como si nada", aseguran desde la Federación Española de Caza.

Las empresas que organizan este tipo de viajes normalmente no incluyen las tasas que cada país cobra por sacar e introducir animales muertos en su territorio. "Y puede ser un buen pico", afirman desde una de las operadoras consultadas.

En el terreno, "siempre va un militar del ejército local con el grupo de cazadores extranjeros. Él da fe de qué se caza, de cómo se caza y dónde se caza", asegura un experto cazador que viaja asiduamente a Zimbabue. La Federación Española de Caza insiste en que "quien se trae un búfalo de África lo hace legalmente y pasa a través de la aduana". "Los que se saltan este tipo de controles son mafias y furtivos, nada que ver con nosotros", afirman.

En España hay alrededor de 1, 2 millones de cazadores con licencia. De ellos, 315.000 tienen la licencia tipo D -permite utilizar rifles con munición metálica- y unos 900.000 disponen del tipo E -permite emplear escopetas con munición de plástico y de menor alcance-. La federación recuerda que para poder sacarse cualquiera de los dos permisos de armas es necesario disponer de una licencia para cazar (expedida por las comunidades autónomas) o una para practicar tiro al plato.

En cuanto a las medidas que cada país toma para luchar contra la caza furtiva, Juan Gustavo Ramón, cazador responsable de una empresa que organiza safaris, asegura que "en España, el Soivre y el Seprona, realizan una muy impecable labor de control". "La gente tiene que tener en cuenta que los cazadores combatimos a los furtivos, preservamos la existencia de especies salvajes y controlamos el crecimiento de las mismas", asevera Ramón.

La otra cara de los safaris es igualmente costosa, tiene todos los ingredientes del safari antes descrito que mató al león Cecil, pero parece un película extravagante para mayores de doce años. Se titula “La gran aventura de África”,

Un chofer de jeep, un guía y un grupo de turistas de la tercera edad que huele a repelente de mosquitos y que cada cinco minutos suelta un gutural: ohhhhh... cada vez que el guía nos grita: ¡miren ahí! Entonces, todos nosotros, como focas amaestradas, giramos la cabeza al animal que se mueve con desgano y que nos mira a nosotros como se miran a los animales de zoológico.

Rápidamente, uno comienza a sentir que todo está más preparado que una mesa de cumpleaños. La comunicación por radio entre los diferentes jeeps es apenas una señal de que la tecnología, en este caso, ayuda muy bien a que nuestro recorrido sea más eficiente. Tiene cierta lógica: si uno ha pagado miles de dólares en el vuelo de avión, en el hotel y en el recorrido, no puede regresar a casa con las manos vacías.

¡Ahora vamos a ver el león!. ¡Ojalá lo encontremos!-, dice unía en la reserva Masai Mara, en la zona del parque Serengueti de Kenia. Los guías siempre exclaman, como si vivieran obligados a darle un aire de expectación a cualquier frase que sueltan.

El jeep acelera rápido por entre la sabana africana, hasta que al final de la llanura vemos a una decena de jeeps rodeando algo que se mueve, y respira. Ahí está el león, acostado, bostezando a pocos metros, mientras unos cincuenta turistas de todo el primer mundo disparan su cámara con ojo sanguinario. ¿Y podremos ver peleas entre animales?, - pregunta alguien que parece estar buscando fotos para armar su propio especial National Geographic.

Los japoneses en los safaris se reconocen rápido. Llevan guantes blancos, mascarilla y sombreros para el sol, al estilo Michael Jackson. Los gringos también, en su mayoría vienen vestidos estilo Daktari, y sueñan estar reviviendo los días en que Hemingway vivió en Kenia.

Por eso hay mucha gente que detesta los safaris porque rápidamente uno entiende que todo es mentira. Es mentira la sorpresa de nuestro encuentro con los Big Five, como le dicen al avistamiento de los principales animales del lugar. Es mentira la danza tribal que nos ofrecen en la noche, junto a una fogata, porque entre los bailarines vestidos al estilo swahili se reconoce a varios camareros del hotel en el que se alojan. Es mentira lo que sucede en los safaris porque hay tantos turistas, que nada puede fallar.

Los safaris, palabra que en swahili significa "viaje", partieron como jornadas de cacería de la realeza europea en tiempos de la colonia. Hoy, los rifles y las escopetas han sido reemplazados por lentes y zooms y focos de cámaras de todos los tamaños. A la realeza la consideran hoy a los más de un millón de visitantes tengan sangre azul o no, solo en Kenia en paquetes turísticos que prometen todo tipo de avistamientos. Los animales, sagaces para escapar de la pólvora, hoy engordan a buen ritmo en espera de cumplir su rutina diaria de dejarse inmortalizar por visitantes que han viajado una semana con todo incluido: incluidos ellos mismos.

Todo lo anterior, que en el Masai Mara de Kenia se descubre al primer día, en la reserva privada de Mala Mala, en Sudáfrica, se descubre al primer segundo. Cuando uno ingresa y ve los cables electrificados que la rodean entiende que, sobre todo se está entrando en un gran zoológico con animales que parecen sueltos, parecen libres y parecen disfrutar de lo que viven. Igual pasa a los visitantes: parece que hacen lo que quieren, parece que están libres disfrutando del viaje africano mirando animales.

Finalmente, esa termina siendo la gran miseria del safari. Al final de la jornada, te sientes el más bobo de los animales del planeta. Una especie silvestre que se conforma con tener buenas fotos, antes de volver a casa a seguir viviendo una vida enjaulada.


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